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Llegó el momento para empezar a ayudar

Invitan a sumarse al Día del Pequeño Gran Gesto, una excusa para mejorar la vida de los demás y transformar la realidad
Cynthia Palacios
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6 de julio de 2009  

Es un día como cualquier otro y, a la vez, un día para empezar a cambiar el mundo que nos rodea. Es cuestión de sumarse con un pequeño gesto, una acción que dibuje una sonrisa en el otro.

Hace cuatro años, un grupo de amigos instituyó el 19 de julio como el Día del Pequeño Gran Gesto. Lanzaron la invitación y se conmovieron con la respuesta. Llamaban a hacer una actividad solidaria que mejore la vida de los demás.

Esos pequeños gestos se multiplicaron de una manera increíble. Las respuestas son tantas y algunas tan anónimas que se vuelven imposibles de medir.

La invitación nació como un homenaje después del fallecimiento de Enrique Götz, un hombre querido que dejó en sus amigos y familiares la misión de hacer algo para mejorar la vida de los otros. "Hagámoslo. Ese pequeño gesto hará que mañana el mundo sea un poquito mejor", les repetía. El 19 de julio era su cumpleaños. Sus palabras se convirtieron en el lema de esta cruzada de miles de transformadores anónimos.

Falta poco más de una semana y ya se sumaron más de 1400 voluntarios a esta campaña por un mundo mejor. Ya están presentes en 25 países.

"No recibimos dinero ni donaciones, sólo gestionamos dónde ayudar –cuenta Mara Subotovsky, una de las impulsoras–. Ayudamos a crear un vínculo entre el beneficiario y el donante y apuntamos a que esa relación perdure. El día es una excusa para que todos los días sean los días del pequeño gesto."

Uno de sus grandes orgullos es que el ministerio de Educación de la Nación tomaron la fecha para trabajar en las aulas. "Los chicos son multiplicadores increíbles. Trabajar con ellos es apostar a una sociedad distinta", agrega Débora Villecco, otra de las organizadoras.

La imaginación de las iniciativas solidarias las sorprende. "Es asombroso porque cada uno elige dentro de sus posibilidades y sus afinidades. Con esta invitación queda clarísimo que todos tenemos un costado solidario pero poder encontrarlo es impresionante: nuestro trabajo es ponerlos en contacto", dice Débora.

La mayoría de los que son ayudados se involucran tanto que son ellos mismos los que ayudan al año siguiente. "Poder ayudar los cambia de categoría, los revaloriza, les hace darse cuenta de que son capaces de transformar la realidad y tienen la capacidad de poner su granito que transforme el mundo", asegura Mara.

El año pasado se propusieron el gran desafío de llegar a todas las provincias. Y lo consiguieron.

Todos están invitados a sumarse y a compartir las propuestas en www.dibujaunasonrisa.org .

Hubo de todo. En Puerto Deseado, voluntarios de la Fundación Conociendo Nuestra Casa limpiaron las playas. El Colegium Musicum entregó dos becas a chicos de un hogar de Caballito y el Mozarteum Argentino otorgó becas para jóvenes que querían perfeccionarse. Se realizaron conciertos solidarios para recolectar alimentos, organizaron festivales para acercar el arte a los chicos que menos tienen, se donaron computadoras, libros, juguetes, ropa, medicamentos...

Otros gestos fueron menos tangibles. Algunos acompañaron a los abuelos de un geriátrico, un joven realizó un bastón para un abuelo que lo necesitaba, un escritor de novelas creó cuentos. Y otros muchos, muchos gestos fueron anónimos y silenciosos. Esa es la magia de esta propuesta: que cada uno puede encontrar cómo ayudar al otro con aquello que le haga bien.

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