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El Mundial de motociclismo en Buenos Aires

Biaggi: "El año que viene voy a vencer a Doohan"
Daniel Meissner
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23 de octubre de 1998  

No es imposible vencer a Michael Doohan. Yo, particularmente, necesito un poco más de tiempo y de suerte. Fue mi primera temporada en 500cc y estuve muy cerca". Massimiliano Max Biaggi, el dueño de la frase, se quedó a la espera de otra pregunta. Se tiene confianza este excéntrico italiano que pasado mañana, en el autódromo de Buenos Aires, tratará de asegurarse el subcampeonato de la máxima categoría del motociclismo mundial.

Después de todo, él había soñado con ser jugador de fútbol y gritar goles en la primera de Roma, el equipo que le ganó el corazón desde muy chico. Las circunstancias lo fueron metiendo en otro mundo. Más precisamente cuando, en 1988, con su motoneta de repartir pizzas, fue invitado por un amigo a girar en el circuito de Vallelunga. Ya nunca más se despegaría de los circuitos.

Tres años después, el Circus lo tenía entre sus protagonistas. Ganó cuatro títulos en 250cc y se fue a la categoría del medio litro con la firme intención de demostrarle a Doohan quien era el mejor de todos. Con una Honda sensiblemente inferior (pertenece al equipo privado de Kanemoto, mientras que la del australiano es oficial) estuvo a punto de lograrlo.

En Cataluña, un stop & go no respetado y una bandera negra posterior (también ignorada) lo dejaron sin posibilidades. Después, se canceló la carrera de Brasil y Doohan se llevó la corona.

Sobre estas decisivas circunstancias, Biaggi quiso hablar especialmente: "En Cataluña me penalizaron por no respetar unas banderas amarillas. Quizás hubo mala fe allí. En Barcelona, dentro y fuera de la pista, ¡todas las banderas que se agitan son amarillas y rojas! A 310 km/h no es fácil ver que a uno lo están penalizando".

También se ocupó de la suspensión de Brasil: "Al no correrse en Jacarepaguá, el calendario perdió una fecha y no había carrera de reserva. Entonces, Doohan es campeón sin que yo pueda defenderme. Fue un golpe bajo que demostró la poca organización de nuestro torneo".

Se lo nota bastante disgustado a Biaggi. Aunque atendiendo a su proverbial extravagancia, juegue con su gorra roja, colocándosela una y otra vez de varias formas buscando llamar la atención con algo más que con sus palabras. Se le quedó atragantado un torneo que pudo haber definido por estas tierras si la FIM no suspendía la competencia de Jacarepaguá. O si la suerte le hubiese guiñado un ojo en algún momento clave, en lugar de darle la espalda. O si hubiese visto aquellas banderas amarillas en Barcelona. O si...

"Ya está. Doohan es el campeón y lo logró en buena ley. Por ser mi primer año en la categoría mayor, estoy muy conforme. Voy a definir el subcampeonato con Alex (Crivillé), que también tiene una moto oficial y eso no es poco. El año que viene será más difícil para Doohan", dice. Piensa. Sonríe. Y arriesga: "En realidad, le voy a ganar a Doohan". Lo da como un hecho consumado. Entonces, el disgusto desaparece de su rostro. Es que, para darse ánimo, Biaggi ya prefiere vivir el 99.

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