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Escapada con vista a las sierras

La hostería Ave María, que cumplirá diez años, se distingue por un gran campo de 40 hectáreas arboladas y atención cinco estrellas
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19 de julio de 2009  

A 360 km de Buenos Aires y a 10 minutos de Tandil, la hostería Ave María de Tandil, en octubre próximo, cumplirá diez años de la mano de Asunti Pereyra Iraola de Zubiaurre. Se trata de un lugar bellísimo para descansar, atendido por sus dueños: un arbolado parque de 40 hectáreas es el marco de una casa blanquinegra de estilo normando, con ocho confortables habitaciones con baño privado y todos los detalles.

Las habitaciones parecen sacadas de cuentos de hadas, con todas las comodidades y los amenities seleccionados especialmente por Asunti. En dos de ellas -llamadas Alberto y Albertina en honor a sus hermanos-, el hogar de leña permanece encendido para combatir el frío del invierno.

La estancia fue adquirida a Mercedes Santamarina en 1962 y en 1998 abrió al turismo, con mucha dedicación. Tal vez por eso se logra la atención de un hotel cinco estrellas en una casa de campo de cortinas y sábanas bordadas a mano.

Muy cerca, Tandil es una ciudad rodeada de cerros bajitos donde se puede caminar, escalar, andar a caballo y comer bien. Posee una tradición gastronómica y lechera que se remonta a la primera escuela de educación agraria creada en 1920, llamada Ramón Santamarina, que aún funciona.

Volviendo a Ave María, caminar por la avenida de las araucarias milenarias o por los senderos separados por hileras de rosas de la huerta orgánica, con sus verduras de invierno y las hierbas que luego perfuman los platos, es adentrarse en la historia de un paraje mágico de cerros azulados, canteras con historia y fiambres espectaculares.

Los ñoquis del 29...

La misma chef, Karina Molleker, desde los comienzos está detrás de las ollas. Cocina para un comedor ampliado recientemente para los huéspedes y para aquellos que sólo van a probar sus manjares. La atención está a cargo de Lucas, Graciela, María José, Marisol, Micaela, Martín y Juan Carlos; varios de ellos acompañan la propuesta desde su nacimiento.

Todos hacen dulces en ollas de hierro con las frutas que cosechan a pocos metros; ensaladas y conservas, con las verduras de la huerta; carnes, con los animales que se crían en la zona.

Uno de los clásicos de Karina son los ñoquis soufflé gratinados con crema y queso: nadie puede irse de Ave María sin probarlos, previo paso por una tabla de fiambres y quesos de la región. Para luego hacer una cabalgata por la vieja cantera, un circuito en bicicleta a medida guiado por el profesor de gimnasia Guillermo Gutiérrez o leer un libro frente a la chimenea del living cuyos leños nunca dejan de crepitar.

A la vista, desde cualquier ventana de Ave María asoman las antiguas sierras azuladas. Al recorrerlas, los pies se hunden en cientos de retamas y arvejillas..., o cruzan arroyos.

También se puede ir sólo a tomar el té: no faltan los scons, los tostados, los brownies, las magdalenas, alguna torta y el inolvidable budín de mandarina.

Llegar a Ave María después de diez años y comprobar que todo sigue igual y aun mejor es una experiencia recomendable para cualquier viajero: encontrará el placer del verdadero descanso, arrullado por el canto de los pájaros.

El Valle del Picapedrero

Una manera de conocer la historia de Tandil es realizando un trekking didáctico por el Valle del Picapedrero, al sudoeste de la ciudad, en las sierras de Tandilla.

La caminata transcurre por senderos que suben y rodean el cerro La Aurora, descubriendo frentes de canteras (cavas), pircas y aun los restos de viviendas que lucen en armonía con el medio, cubiertos de líquenes, musgos, helechos y algunos arbustos y árboles introducidos por los picapedreros que se adaptaron y diseminaron.

"Los corrales de piedra, las pircas, los caminos hacia las cumbres, los postes de piedras, los montículos de escallas, las rocas de borde dentado a pinchote, las ruinas de antiguas casas de piedra, los frentes abandonados y actuales conviven y forman parte de nuestro paisaje serrano. Pero devienen, sus raíces ignotas se hunden con distinta profundidad en el pasado y nos invitan a conocerlas y respetarlas", cuenta durante el trayecto la profesora Ana María Meineri, licenciada en Geografía. Ella es una de las encargadas de guiar las caminatas didácticas.

¿Pero cuándo llegaron los picapedreros? Con la gran inmigración del siglo XIX aumenta la demanda de piedra para las obras de infraestructura y viviendas. Así comienza, con antiguas técnicas, la explotación artesanal de rocas en Tandil.

Datos útiles

Cómo llegar

  • Hostería Ave María (la dirección es Circuito Turístico, paraje La Porteña, (02293) 422843, www.avemariatandil.com.ar ). Tarifas: $ 860 la habitación doble para 2 personas con media pensión, desayuno y almuerzo o cena. Están incluidas las cabalgatas, los paseos en carro y las bicicletas. Se puede almorzar o tomar el té sin estar alojado.
  • Paseos

  • En el cerro La Aurora (Valle del Picapedrero) se puede realizar caminatas guiadas con avistamiento de pájaros e identificación de plantas autóctonas, deportes como rappel, escalada y tirolesa. Informes: pmaiaru@guiasdetandil.com.ar , ameineri@hotmail.com
  • Dónde comer

  • Epoca de Quesos. Se puede comprar para llevar o comer allí, con sifón de vidrio y vino en jarra pingüino sobre mantel de hule, para degustar la abundante tabla tandilense. San Martín esquina 14 de julio, (02293-448750). Picadas. www.epocadequesos.com.ar
  • Parrilla Al Ver Veras, en Alem y Garibaldi; Traum, cocina de autor, en Fuerte Independencia 26; El Hornero, en la calle Alem 661, con cocina peruana en manos de Luigi; cocina vasca en Sukalde, pescados y mariscos, Sarmiento 1079, y el Comedor Tradicional La Cuadra, Constitución 302, esquina 14 de Julio.
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