Antonio Cafiero: soy leyenda

Es el máximo símbolo viviente del peronismo. A los 87 años, dice que para ser peronista hay que aceptar la historia incorporando lo nuevo. Critica a Kirchner, se enoja con Solá y sostiene que Macri y De Narváez son peronistas de ocasión
(0)
2 de agosto de 2009  

Antonio Cafiero se acaba de mudar de su histórica casa de San Isidro a otra más pequeña. Es mediodía de un día feriado. Atiende Mirtha. Dice que "el señor" espera para tomar un café en el bar Victoria, a siete cuadras. Y allí está, como el hombre que está solo y espera. Buen mozo, como siempre, con el pelo blanco prolijo, pantalón de corderoy, campera de cuero, camisa al tono. Esa es la metáfora de Antonio Cafiero: un señor de San Isidro con gustos populares. Fanático de Boca Juniors, frecuentador de asados con políticos y sindicalistas en tinglados improvisados, tanguero de ley. Con una familia compuesta por diez hijos, cuarenta nietos y siete biznietos.

La casa nueva es más sencilla, y llama la atención, en la entrada, una gran mesa, que ocupa el lugar más importante y que se ha convertido en el escritorio del ex gobernador de Buenos Aires. Las paredes no ahorran recuerdos de la política: escudos peronistas, condecoraciones como embajador... En fin, todos los símbolos de una larga trayectoria. Y por ahí perdido, un paraguas con los colores azul y amarillo. Sobre su escritorio, una notebook y carpetas sobre más carpetas que no parecen mantener un orden lógico. En medio de la charla, Antonio pide permiso para fumarse un cigarrito negro. A lo largo de una hora y media habrá encendido tres.

A los 87 años, Cafiero es de los peronistas que más camino han recorrido. Ha sido elegido gobernador, diputado, senador. Ha sido perseguido y ha estado preso. Ha frecuentado el poder y la oposición, y ha transitado todos los peronismos posibles. Como dicen los ingleses, es un senior de la política. Cuando encabezó la renovación, practicó un peronismo de las buenas formas. Agregó, a la cultura plebeya, la cultura universitaria, que parecía patrimonio de los radicales, los conservadores y la izquierda. Como nadie tiene el famoso "peronómetro", este dirigente ya con actitud de sabio tiene millas suficientes como para opinar con tranquilidad.

-Usted, que ha recorrido todos los peronismos, que estuvo siempre cerca del poder, ¿me podría dar una definición acerca de qué es ser peronista? ¿Qué significa hoy ser peronista?

-La identidad de un peronista se define porque se considera heredero de una historia, con sus aciertos y sus errores, con sus remordimientos y con sus glorias. Es peronista aquel que reconoce la historia de Perón y de Eva. Tiene que comenzar a aceptar la historia como es y el testimonio de los hombres que murieron o estuvieron encarcelados y perseguidos por ser peronistas. También hoy debe aceptar las sinuosidades de la época.

-De acuerdo con esta definición de peronismo, ¿en qué se parecen Perón, Menem y Kirchner?

-El peronismo, a diferencia del marxismo y del neoliberalismo, ha sabido cabalgar la historia. No es un movimiento ideológico. Acepta el proceso evolutivo; no rechaza lo nuevo.

-Empiece por Menem...

-Si el peronismo supo "cabalgar la historia", toda cabalgata por terrenos arduos y difíciles tiene sus peligros. Durante los años 90, cuando la idea de la importancia del Estado es derrotada intelectualmente por el neoliberalismo, es cuando aparece Menem. En su afán por querer modernizar el peronismo no tuvo la suficiente inteligencia para darse cuenta de que a esa cabalgata le faltaba un marco de valores. Y así dejó sin marco ético ni de control a las empresas privatizadas. Entonces, en vez de cabalgar la historia con montura propia fuimos cabalgados por una historia que no nos pertenecía. Además, le impuso a todo el proceso una alta cuota de frivolidad. Porque una cosa es sostener la unión de los argentinos y otra cosa es abrazarse con el almirante Rojas.

-Ahora siga con los Kirchner. Da la sensación de que son más de Evita que de Perón; más intransigentes, menos dialoguistas.

-Perón, no menos de quince veces, les ofreció a sus adversarios históricos la conciliación y la reconciliación. Esto me lo dijo en Madrid. El seguía creyendo en la necesidad de un pacto histórico entre el radicalismo y el peronismo. No era partidario de exacerbar las heridas.

-Pero Antonio..., no contesta sobre los Kirchner.

-Algunas cosas que ha hecho el gobierno de Kirchner están perfectamente en línea con el pensamiento histórico que ha tenido el peronismo. Cuando él trata la deuda externa con Lavagna, o cuando Cristina incorpora a su discurso la redistribución de la riqueza -si bien no ha hecho demasiado por ella-, estamos ante un discurso peronista. Pero lo que separa a los Kirchner de Perón es el estilo: el maltrato, el destrato. Perón hubiese reunido a todos los políticos alrededor de una mesa, habría dialogado con todos. El trato de los Kirchner no ha sido feliz.

-¿De dónde viene este estilo de maltrato?

-Puede ser psicológico, puede ser un defecto propio de la psicología del gobernante.

-Chávez dijo que es peronista. ¿Usted que piensa?

-Su socialismo bolivariano tiene reminiscencias del Perón de la primera etapa. Estoy seguro de que si Perón viviera no sería chavista. Perón pensaba en la reconciliación, Chávez no. Todo en su medida y armoniosamente y La comunidad organizada no forman parte del discurso de Chávez.

-Usted tuvo el raro privilegio de convocar a una elección interna y la perdió (ante Carlos Menem, en 1988). ¿Por qué cree que ocurrió eso? Cuénteme los detalles.

-En mi confrontación con Menem yo tenía un objetivo superior, que lo sigo manteniendo, y es que el peronismo debe buscar su propia unidad. ¿Cómo se logra? ¿Nombrando "a dedo" a un candidato o a través de elecciones internas? Si todavía tengo este grado de reconocimiento es porque fui fiel a una promesa. No al dedo.

Esta es la primera vez después de tantos años que reconoce que "la falta de ambición de poder" le jugó en contra en la interna contra Menem. Es un día feriado. Alrededor todo es silencio. La única actividad de la casa transcurre en la cocina, donde Mirtha arma unas fuentes con berenjenas rellenas. Cafiero no perdió la costumbre de rodearse de su familia: los domingos reúne a todos. Si el día está lindo, hay asado; si no, se hacen pastas.

Desde hace más de catorce años, Mirtha Pérez y Hugo Vallejos son sus colaboradores a sol y a sombra. Atienden el teléfono, le organizan la agenda, las comidas, los turnos con los médicos y los encuentros con los políticos.

La política es su vida. Por eso, Cafiero no anda con vueltas a la hora de hablar de los máximos referentes actuales.

-¿Qué opina de Scioli, que es hoy el jefe del Partido Justicialista?

-Es un excelente gestor y puede ser un hombre del futuro en el peronismo. Pero en este momento tiene que superar el haber perdido las elecciones. La semana pasada me llamó para conversar y yo le entregué un documento donde le propongo crear una comisión de acción política para reorganizar el partido, integrada por los gobernadores, representantes sindicales, parlamentarios y figuras como Duhalde. Sin representantes del Gobierno.

-¿Cuál sería el rol de Duhalde?

-Hace mucho que no converso con Duhalde. El cumplió una etapa muy riesgosa. Duhalde cometió un gran error: no debió haber renunciado a la presidencia. El debió haber terminado su mandato.

-¿Y las muertes de Kosteki y Santillán?

-Para mí, no eran un motivo para su renuncia a la presidencia. Fue un accidente. Sin embargo, ahí flaqueó. Es una de esas personalidades que nivelan para abajo. No buscan en la cercanía de ellos hombres mejores o más brillantes que ellos.

-¿Qué me puede decir de su amigo Felipe Solá?

-Cuando me enteré de que aspiraba a ser el jefe del peronismo lo llamé, almorzamos y le di todo mi apoyo. Esto fue un domingo. El jueves apareció firmando un pacto con Macri y De Narváez, y yo me enojé. Porque no me gustó que se aliara a este peronismo de cooptación. Es una alianza contra natura. Ni Macri ni De Narváez pueden identificarse como peronistas. Son peronistas de ocasión.

-En este escenario político quedaron Reutemann, Macri y Cobos. ¿Cómo lo ve al Lole?

-Tiene una muy buena imagen. Pero a ver... ¿quién lo va a elegir? No debería intervenir en la vida del partido. Reutemann debería preservarse. Va a tener que competir. Tiene que ser elegido por una interna.

-¿Y a Cobos?

-Va a ser el competidor del candidato que surja del peronismo. A mí, en lo personal, me entristece pensar que Cobos puede llegar a ser presidente de la Nación. Su gestión como vicepresidente es la falta de ética más flagrante que conozco.

-Cuando se habla de derecha y de izquierda parecen categorías europeas. Los norteamericanos, con los demócratas y los republicanos, son más abarcadores.

-Cuando a Perón le preguntaban si era de derecha o de izquierda, él contestaba: "Según las circunstancias".

En 1994, Antonio Cafiero perdió a Ana Goitía, su compañera de toda la vida. Más allá de que tiene a Any, su novia arquitecta, mucho más joven que él, se le nota que añora la época de convivencia con una mujer. Cuenta que está con algunos problemitas de salud que le molestan, pero nada grave. Que apenas desayuna le dan ganas de descansar, y acaba de consultar a un médico nuevo que le aconsejó que cambie su alimentación, que coma más cereales, pero la idea no parece convencerlo mucho. Este Antonio, que por momentos parece cansado, no deja de ser un seductor. Camina todos los días unos 15 minutos. Y se ocupa mucho de su aspecto físico. Se pone gotas para los ojos. Le gusta gustar.

A los 87 años, Cafiero sigue con proyectos. El más urgente es armar el encuentro de legisladores de América y el sur de Asia, y no perder su contacto con los dirigentes peronistas que lo suelen consultar. Su pasión por la política no conoce altibajos. Tampoco su eterno reconocimiento de Perón como máximo líder, como palabra santa.

-¿A qué se refiere la lealtad peronista? En los Estados Unidos la lealtad no está bien vista. Esto que para el peronismo es un valor, allí evoca a la mafia. La lealtad es una complicidad en el delito.

-La lealtad peronista es la consecuencia de la identidad peronista. Ser leal significa reconocer tanto a Eva como a Perón, sin distinciones. Ser leal es aceptar la historia del peronismo en su totalidad: no "montoneros o sindicalistas". Ambos. La lealtad hoy es superar las divisiones internas y luchar por la unidad del peronismo. Incorporar la democracia a la vida del partido.

Cronología - Trayectoria

Antonio Francisco Cafiero nació en Buenos Aires el 12 de septiembre de 1922. Es doctor en Ciencias Económicas recibido en la Universidad de Buenos Aires. Desde el 17 de octubre de 1945 hasta ahora, nunca abandonó el peronismo. En 1962 fue nombrado secretario político y coordinador del Movimiento Nacional Justicialista. Fue ministro de Comercio Exterior de la Nación entre 1952 y 1955, e interventor en la provincia de Mendoza. En 1983, con la restauración democrática, lideró el movimiento Unidad, Solidaridad y Organización. Fue precandidato presidencial. Creó el Frente Renovador. Fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1987 y, más tarde, senador nacional. Ahora preside la Conferencia de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Copppal), con el apoyo de los partidos más importantes de Asia.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios