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Hacer, sí; inaugurar, no

Pablo Tomino
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30 de julio de 2009  

Es propicio reiterarlo: si de política se trata, pocas cosas pueden resultar más valiosas para un gobierno que promover su eficiencia en la gestión. Mejores plazas, nuevos centros de salud y espacios públicos recuperados son parte de las "puestas en escena" que ningún funcionario quiere perderse. Mucho menos, claro, en un escenario preelectoral.

Esta verdad de Perogrullo, sin embargo, poco se ha materializado en el último tiempo entre las autoridades locales. La ciudad restringió o suspendió algunos "estrenos" por cuestiones meramente estratégicas. ¿La razón? Evitar una exposición pública conflictiva ante una oposición ciudadana, en algunos casos espontánea y, en otros, deliberada, quizás con intención política.

Desde hace un tiempo se advierte una resistencia vecinal a algunas obras en la vía pública, en las que el gobierno no dio marcha atrás, pese a las críticas. Esto presentó a Mauricio Macri escenarios adversos. Uno de ellos es la remodelación de la calle Báez, en Las Cañitas. La remozada vía gastronómica iba a inaugurarse después de las últimas elecciones. Pero eso no ocurrió. Sigue en suspenso. Lo detuvo la explícita oposición de no pocos vecinos. Entre otras cosas, protestan porque la nivelación de las veredas en tres cuadras de Báez transformó la zona en casi peatonal, cosa que el gobierno niega, y se complicó el tránsito.

Hay más: la construcción de un suntuoso arco en el Barrio Chino, en Belgrano, previsto por una ley de 2006, es otra de las obras controvertidas. Allí, los vecinos se quejan porque la estructura instalada tiene 11 metros de alto (ocupa el ancho de la calle Arribeños) y no quieren que la arteria principal se convierta en peatonal. Otra vez el gobierno desmintió que ello fuera a pasar. Lo insólito fue que Macri inauguró la obra a principios de este mes, pero ¡a puertas cerradas, en un despacho oficial! Sí, leyó bien: cortó una cinta frente a un monitor de TV que mostraba la imagen de la obra. "Fue por la seguridad de las autoridades chinas. Sabíamos que había vecinos que estaban en desacuerdo. Debimos hacerlo así", se excusó Marcos Peña, secretario de Gobierno. ¿O al que se pretende cuidar es a Macri del enojo ciudadano?

Claro que, de clamores populares de este rango, como el rechazo de la comunidad judía a la designación de Jorge Palacios al frente de la policía porteña, se nutre la oposición. Una oposición, en muchas ocasiones, con ánimo engañoso, que no muestra pruebas de sus denuncias, lo que las convierte en infundadas. Así, los reiterados arrebatos mediáticos de legisladores enfrentados con Macri hunden sus raíces en la espuria especulación política, algo que promete "acompañar" a esta gestión hasta 2011.

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