Hughes, una fascinación sin tiempo

Juana Libedinsky
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9 de agosto de 2009  

LONDRES.- Pocos días antes de que sorprendentemente falleciera, por total coincidencia ésta ciudad ya se anticipaba a los homenajes al director, guionista y productor de cine John Hughes. Ocurrió en una de esas salas de cine-arte que, en general, sólo proyectan films en blanco y negro, preferentemente en algún idioma de Europa del Este y, ocasionalmente, sin subtitular.

Hughes tiene distintos tipos de seguidores: los que lo asocian con "Mi pobre angelito" o las películas de Chevy Chase y los que lo asocian con los guiones sobre la secundaria. Este último es un mundo dividido en clanes, dónde los chicos populares atormentan a los que llaman "mutantes", donde las chicas suspiran por chicos que suspiran por otras chicas mucho más bonitas, y donde los patitos feos eventualmente se convierten en cisnes. Junto con buena parte de sus amigas que crecieron en los ´80, esta redactora puede citar las mejores frases de "La chica de rosa", "El club de los cinco" o "Se busca novio" y (aunque tiene un tono más despreocupado respecto a la angustia existencial de los últimos años de escuela), "Experto en diversión".

En el cine británico, la proyección fue de "La chica de rosa", y resultó un "happening". El público llegó vestido con el look más desaforado de los ´80. Todos conversaban entre sí, "ponche" estilo secundaria americana en mano. Antes de entrar había que confesar a perfectos extraños quién había sido el amor secreto de la adolescencia, la peor humillación. Y al terminar hubo un karaoke para rememorar a los gritos las canciones de los Phychedelic Furs y OMD que marcaron las escenas clave. Durante la proyección, se tiraba pochoclo al aire en los besos en la pantalla y se vociferaba apasionadamente cuando sufría alguno de los chicos impopulares.

¿Quiénes eran todos éstos mutantes en la sala? Debajo de los sacos de lino con hombreras o los grandes moños de tul rosas estaban presentes, evidentemente, algunos de los comentadores sociales más relevantes del momento, como probaron las notas que salieron después en los medios.

La fascinación que ejerce Hughes hacia las personalidades de la "cultura alta" que uno supondría deberían despreciar sus productos, tiene antecedes. Ya hay varios libros que analizan su obra, e incluso una compilación de ensayos en la cual escritores contemporáneos confiesan la secreta influencia que él tuvo sobre su trabajo. Tras su muerte, el Los Angeles Times lo llamó el "JD Salinger de nuestra generación". Posiblemente su corpus sobre adolescentes no sea exactamente "El guardián del centeno", pero qué buenos momentos sigue haciendo pasar.

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