Un gran sueño

Hace 25 años, la expedición Atlantis demostró el poder de la voluntad. Alfredo Barragán, su impulsor, asegura que es necesario reafirmar el lema de sus integrantes: "Que el hombre sepa que el hombre puede"
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16 de agosto de 2009  

Tenía tres deseos. Tres deseos que eran uno: quería ser, algún día, un señor de barba que fume en pipa y cruce el mar.

Era un chiquito de cuatro años que había sido deslumbrado por la historia de Kon-Tiki , el libro que contaba cómo el noruego Thor Heyerdahl se le había atrevido al océano Pacífico con su balsa de madera. Y ya sabía que quería ser un señor de barba que fumara pipa y cruzara el mar.

Lo disparaba con voz aguda y clara cada vez que un adulto intentaba esos diálogos que los adultos intentan con los niños: "¿Qué vas a ser cuando seas grande?". "Un señor de barba que fume en pipa y cruce el mar".

A fuerza de empecinamiento, los tres deseos le fueron concedidos.

Alfredo Barragán es hoy un hombre de 60 años. Hace 44 que fuma en pipa, 36 que usa barba y 25 que cruzó el mar.

La expedición se llamó Atlantis y fue la epopeya de cinco argentinos (Alfredo Barragán, Jorge Iriberri, Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y Félix Arrieta) que la mañana del 22 de mayo de 1984 partieron del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en las islas Canarias, haciendo equilibrio sobre una balsa de 13,6 metros de eslora por 5,8 metros de manga, construida con troncos, sin timón y sólo con una vela, para volver a aparecer 52 días después (3200 millas náuticas, unos 5000 kilómetros) en el puerto de La Guaira, Venezuela.

El objetivo, una idea original del porfiado Barragán: probar que 3500 años antes de Cristóbal Colón navegantes africanos pudieron haber llegado a las costas de América conducidos por las corrientes marinas.

Veinticinco años después, el Capitán, como lo llaman los que lo quieren, o el Petiso de Dolores, como le dicen quienes lo adoran, se encuentra con LNR en un café con ventanales desmesurados por los que entra, desmesurada también, la imagen del Obelisco porteño. El mismo Obelisco que vio, durante un par de destemplados días de lluvia de 1984, cómo los argentinos desfilaban azorados frente a ese amasijo de maderas, sogas y bambú con el que este señor de barba que fuma en pipa se había lanzado al mar. La gesta había tomado relevancia mundial y sus cinco integrantes habían pasado de harapientos aventureros ignorados por todos a ilustres representantes del tesón patrio. La insólita balsa Atlantis se había expuesto a los pies del Obelisco para que, como rezaba el lema de sus integrantes, "el hombre sepa que el hombre puede".

-¿Se anima a describir lo que fue Atlantis con una palabra?

-(Piensa) Es un sueño... de toda la vida.

-Un sueño cumplido.

-Sigue siendo un sueño, nos sigue sorprendiendo, es mucho más grande que nosotros... Atlantis es perfecta, es una obra maestra, fruto de un amor infinito de los que la hicieron, que, en una actitud de artistas, elaboraron la expedición más bonita que se pueda soñar.

-¿Cuál fue el momento de mayor plenitud de la expedición?

-Cuando partió la balsa. También fue el momento más difícil. Porque yo sabía que si ponía la balsa en el agua llegaba a América. Si yo tiraba una silla en Africa llegaba a América. Pero para llegar a poner la balsa en el agua tuvieron que pasar cuatro años. Cuatro años de trabajo.

-¿Qué críticas tenían en ese momento?

-Nos decían que era imposible. Que estábamos locos. Que nos íbamos a ahogar. Que la balsa era precaria. Que iba a chupar agua. Que se iban a pudrir las cuerdas. Que se iba a hundir. De todo, sin fundamentos.

-Y usted...

-Yo estaba convencido. Para mí, Atlantis era evidente. Era clara. Y no porque yo fuera un iluminado. Yo era un informado. Y el resto no. La mayoría eran presos del escepticismo y pensaban: algún curro tienen; o quieren salir en los diarios. Otros pocos, en un acto de fe, nos creían. Entonces me di cuenta de que Atlantis no era un desafío al mar. Era un desafío al hombre, que desafiaba al escepticismo.

Alfredo Barragán tiene hoy el rostro que seguramente imaginaba cuando tenía cuatro años y leía las aventuras de Kon-Tiki. Y no le hacen falta ni la pipa ni la gorra para parecer un capitán de cuento. Tiene una cara protagónica, de pómulos y frente ajados como huella indeleble después de tanto sol y aire de mar. Sus ojos turquesa los clava fijos en el interlocutor cuando habla. Los usa para convencer. Habla con firmeza, con tono campechano y palabras llenas de intención. Suele preguntarse y responderse él mismo, actuando diálogos con cierta teatralidad.

No hay errores de coordenadas ni naufragio posible en lo que el Capitán quiere transmitir.

-Hay cosas que no me gusta verme hacer. Las cosas que a todos nos deberían dar vergüenza. Todo lo que sea inmoral, egoísta, violento, intolerante. Las cosas que tenemos los humanos, que las tengo. Cuando me encuentro en eso no me gusto. Tengo en claro que no hay nada material que me seduzca. Y si tengo que elegir entre algo que produce dinero y algo que produce satisfacción espiritual, hago lo último. Por eso me resulta fácil rechazar los sponsors para las expediciones. Antes de la balsa me ofrecieron 240 mil dólares para poner un logo en el bolsillo de las remeras de los cinco que viajamos. Y en este mismo café les dije: "No, no voy a hacer publicidad. Voy a llevar la Bandera argentina como único emblema..." Porque me juego la vida y el prestigio. Después me ofrecieron ser la cara de la campaña mundial de la marca de lentes de contacto que uso, y nos llamaron para ser las caras de una marca top de relojes por un año. También dijimos que no. Porque si yo acepto es como estar vendiendo Atlantis... y Atlantis no se vende. Es mi mamá, es mi novia.

-¿Se embarcó en deudas por Atlantis?

-Hemos tenido deudas que terminamos de pagar hace tres años. Estuve durante 22 años con hipotecas y pagando intereses de deudas de Atlantis; no acepté acuerdos comerciales por una cuestión de honestidad, de coherencia; de respeto a los que apoyaron una balsa pura y de respeto a mí mismo. Si algo tengo en claro es que si no hay un interés económico las cosas son más bonitas.

-¿Cuál es el mensaje vigente de Atlantis?

-Atlantis habla de animarse a soñar, de atreverse a entrar en la cancha, de esforzarse. De que el que nunca abandona siempre llega...

Barragán sigue hablando. Habla de mares, de montañas y de cielos. De la persona que él mismo construyó. Ese hombre de barba que fuma en pipa y que quiere seguir, una y otra vez, cruzando el mar.

Hoy en Dolores

Para conmemorar los 25 años de la expedición Atlantis, hoy, a las 11, se realizará un acto en la plaza Castelli de Dolores. Allí se inaugurará un monumento a la balsa y la construcción del Museo de la Aventura, un proyecto impulsado por el Centro de Actividades Deportivas de Exploración e Investigación (Cadei), presidido por Barragán, y que ya cuenta con el apoyo del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y del Ministerio de Infraestructura bonaerense. El emprendimiento contará con la balsa original de la Expedición Atlantis como elemento fundacional. "Se licitaría este año y se construiría el próximo", cuenta el capitán. En el acto se homenajeará a los integrantes de la expedición y se hará una caminata hasta el galpón municipal en el que la balsa descansa de su aventura.

"El museo no es sólo Atlantis -se entusiasma Barragán-. Incluirá el resto de las expediciones de Cadei: la navegación del Caribe en la embarcación más pequeña (algo que jamás se había hecho), el cruce de la Cordillera en globo, las diversas expediciones al Aconcagua, la del Kilimanjaro, en Africa; otras de buceo en seis mares de la Tierra (incluso en el mar de Weddell, en la Antártida) y la única navegación completa del río Colorado."

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