Lía Cimaglia Espinosa fue una pianista ejemplar

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2 de noviembre de 1998  

A los 92 años murió, en la madrugada de ayer, la pianista, compositora y pedagoga Lía Cimaglia Espinosa, figura relevante de la cultura nacional.

Había nacido el 30 de agosto de 1906 y desde muy pequeña tuvo natural inclinación por el piano, estudio que encaró con Alberto Williams, fundador del benémerito conservatorio que lleva su nombre.

También recibió educación musical de los maestros Celestino Piaggio y Jorge de Lalewicz, quien la contó entre sus discípulas dilectas.

Su primera aparición pública fue en 1920, con un recital en el que la niña de catorce años incluyó la Fantasía cromática y Fuga, de Bach; la Sonata Nº 2, de Beethoven; una rapsodia, de Liszt, y varias obras de Chopin.

Su presentación profesional fue en un recital para la Asociación Wagneriana de Buenos Aires. Años más tarde, por medio de una beca, viajó a París y pudo perfeccionarse con los pianistas Ives Nat, Alfred Cortot e Isidoro Phillipp.

Fue allí donde obtuvo un éxito resonante al presentarse en la sala Pleyel, con la versión integral de los preludios de Debussy, autor por el que sintió profunda afinidad.

Fue protagonista de importantes acontecimientos musicales desde su presentación en el Colón, donde actuó por primera vez, en 1938, como solista de un concierto dirigido por Juan José Castro.

Como recuerda Waldemar Axel Roldán en su "Diccionario de música y músicos", fue la pianista argentina quien dio a conocer al público local obras tan fundamentales como los conciertos Nº 2, de Rachmaninov, con dirección de Fitelberg; el Nº 1, de Brahms, dirigido por Fritz Busch, en 1942; "Rapsodia portuguesa", de Ernesto Halffter, en 1944; el de Francis Poulenc, dirigido por Albert Wolff, en 1953; el de Benjamin Britten y el de Rodolfo Arizaga, este último presentado con la dirección del admirado maestro Roberto Kinsky.

Compositora y profesora

Toda la vida de Lía Cimaglia Espinosa estuvo dedicada con pasión a la música, no solamente en su carácter de pianista, sino también como compositora y pedagoga.

En su catálogo se destacan canciones sobre textos de Gabriela Mistral, quien en una oportunidad, después de escuchar un par de ellas, dijo: "La música que Lía Cimaglia ha dado a mis canciones de cuna las interpreta sobrepasándolas en sus virtudes de ternura y de maternidad. Pocas veces he escuchado una música aplicarse, ceñirse y envolverse al texto poético con tan gran fidelidad".

Se destacan asimismo composiciones para piano, como la "Suite Argentina"; tres preludios en homenaje a Debussy; la suite "Recuerdos de mi tierra", un poema para violín y piano, una leyenda para violoncelo y una égloga religiosa para coro, voz solista y órgano, así como más de cuarenta canciones para voz y piano, terreno en el que no estuvieron ausentes poemas de su cuñado, el escritor Juan Oscar Ponferrada. Su música y su manera de tocar el piano reflejaron siempre sus cualidades de persona elegante y de modales refinados. Su coquetería era llamativa, y aun participando en reuniones de sus más íntimos amigos y familiares hacía gala de un cuidadoso arreglo personal.

Y esa pulcritud y cuidado en los detalles de su figura surgían también en su conversación, en la forma de desarrollar un recital frente al piano. Siempre fue llamativo observar la capacidad de Lía Cimaglia para transmitir una sensación de pleno dominio neurológico y de calma espiritual, ya haya sido frente a una sala colmada o ante un círculo reducido de amigos.

Lía disfrutaba de la compañía de la gente. Su concierto de despedida, ofrecido en 1994 en el Círculo Italiano, con obras de su autoría, fue una muestra cabal de que ella anunciaba su retiro como concertista, pero no de su inveterada costubre de compartir veladas interminables hablando de música y de músicos.

Tampoco claudicaría en su amor por entregar su experiencioa a los más jóvenes. Esa refinada elegancia para penetrar en el alma de la música nacional, en sus giros y en su atmósfera trataba de inculcarla en sus clases, en el Conservatorio Nacional o como docente del Williams.

Lía Cimaglia fue una personalidad entrañable, de aquellas cuya ausencia provoca una sensación de doloroso y eterno vacío. Los restos de la intérprete fueron velados en su domicilio de Tacuarí 736, y serán sepultados hoy, a las 13, en el Cementerio Jardín de Paz.

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