Tradición y modernidad en estado puro

Bastardos sin gloria , nuevo film de Quentin Tarantino, es un festival de guiños, referencias y homenajes
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3 de septiembre de 2009  

Bastardos sin gloria (Inglorious Basterds, Estados Unidos-Alemania-Francia/2009). Guión y dirección: Quentin Tarantino. Con Brad Pitt, Mélanie Laurent, Eli Roth, Christoph Waltz, Michael Fassbender, Diane Kruger, Daniel Brühl, Mike Myers, Julie Dreyfus, Rod Taylor, Til Schweiger, Gedeon Burkhard y Jacky Ido. Fotografía: Robert Richardson. Edición: Sally Menke. Diseño de producción: David Wasco. Presentada por UIP. Duración: 153 minutos. Apta para mayores de 16 años.

Nuestra opinión: muy buena

El director de Perros de la calle, Tiempos violentos y Kill Bill narra en varios capítulos el sangriento accionar de una docena de soldados judíos liderados por el teniente Aldo Raine (Brad Pitt), que combaten a los nazis con tanto sadismo que, emulando a los apaches, terminan cortándole el cuero cabelludo a cada una de sus víctimas. Este batallón de elite se unirá luego a una joven de la resistencia francesa dueña de una sala (Mélanie Laurent) y a una estrella del cine alemán convertida en espía de los aliados (Diane Kruger) para organizar un atentado contra los jerarcas del Tercer Reich (Hitler, Goebbels y Göring incluidos) durante la première en París de un film de propaganda.

Para no pocos espectadores, esta apuesta revisionista de Quentin Tarantino podrá resultar bastante irrespetuosa (algunos columnistas hablaron de un director amoral) porque se mete nada menos que con el Holocausto y se anima a reescribir la historia con absoluto desparpajo y muy poca corrección política. Pero, al mismo tiempo, debe reconocérsele al realizador -uno de los más personales y talentosos del Hollywood contemporáneo- que emprende su titánica empresa a través de una película tan desbordante y ambiciosa como fascinante y audaz, en la que apela para esta suerte de venganza personal al medio que más ama y mejor conoce: el propio cine.

Esta fantasía surrealista y caprichosa de tono épico y espíritu tragicómico, este cuento de hadas macabro y operístico, alterna notables secuencias (incluida la del desenlace) con otros pasajes en que los diálogos -todos con el sello ingenioso de Tarantino- se estiran demasiado (la escena inicial es un diálogo de casi 25 minutos). La violencia extrema y el humor negro están presentes en fuertes dosis, y entre los múltiples intérpretes de diversos orígenes y registros se destaca la extraordinaria aparición del austríaco Christoph Waltz (consagrado como mejor actor en el reciente Festival de Cannes), en el papel del despiadado coronel Landa, que enfrenta a los "bastardos sin gloria" del título y se luce hablando en inglés, alemán, francés e italiano: un malvado a la altura de las grandes películas de la historia del cine.

Icono de la cultura pop, profeta para legiones de cinéfilos y melómanos durante las dos últimas décadas, Tarantino regala un festival de guiños, referencias y homenajes para sus incondicionales seguidores. No tiene demasiado sentido enumerarlos todos (desde los spaghetti-westerns de su admirado Sergio Leone hasta el género bélico en la línea de Los doce del patíbulo , pasando por el cine de Leni Riefensthal), pero sí vale indicar que en su apuesta musical queda resumida su amplitud de gustos y criterios: desde varias composiciones que Ennio Morricone concibió para otros films hasta un anacronismo como el tema "Putting Out Fire", de David Bowie. Tradición y modernidad en estado puro. La mejor forma de acercarse a ese enigma llamado Quentin Tarantino.

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