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María Arcuri, la boticaria de La Estrella

Desde 1969 trabaja en la farmacia más antigua de la ciudad, que aún conserva sus estanterías de nogal, cristales de Murano y frescos sobre la salud y la enfermedad
Maia Jastreblansky
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5 de septiembre de 2009  • 10:09

Cumplió las bodas de oro, pero nunca contrajo matrimonio. Se trata de los 50 años que María Arcuri cumplió con las recetas magistrales, en su mayoría al frente de la farmacia La Estrella, la primera botica de la ciudad de Buenos Aires, fundada en 1834.

"No pongas la edad", es lo primero que pide la farmacéutica. La cifra sonroja a esta mujer, cuya coquetería asoma en cada uno de sus movimientos.

Es que Arcuri, como la llaman en La Estrella, creció rodeada de artículos de perfumería, cosméticos y remedios para mantener la juventud. Su abuelo trabajó en un laboratorio y su padre tenía una farmacia. Al terminar el colegio, no tenía dudas de que la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires era su destino.

Luego de trabajar unos años, a su vida llegó La Estrella, a la que entró como auxiliar en 1969. Tras demostrar su gran eficiencia, fue nombrada directora técnica de la farmacia, un trabajo que realiza hasta el día de hoy.



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Actualmente, el local, además de ser un comercio en plena actividad, forma parte del Museo de la Ciudad, en el Casco Histórico de Buenos Aires.

La fachada se mantiene intacta y en la esquina de Defensa y Alsina, donde está ubicada, parece que el tiempo se hubiera detenido. Estanterías de nogal, cristales de Murano, marquesinas de hierro forjado y frescos alegóricos a la salud y la enfermedad se conservan en esta botica desde su creación.

La Estrella fue reconocida por la dirigencia política de fines del siglo XIX gracias a la fabricación de píldoras para la tos, jarabes para la indigestión y la hesperidina, "un tónico parecido a los aperitivos que se venden ahora", define Arcuri.

"Se hacían muchas fórmulas magistrales, preparadas especialmente para cada cliente según la receta que traía del médico. Ya los conocíamos y se fabricaban aquí mismo los comprimidos", recuerda Arcuri. Melancólica señala que muchas de las farmacias de hoy "parecen supermercados".

"Ahora piden mucho lo homeopático. Nosotros lo preparamos desde siempre pero la gente desconfiaba. Se ve que está de moda", reflexiona.

Quienes trabajan en el local tienen un trato de enorme respeto hacia la boticaria. "Es un orgullo para nosotros que esté acá", dice uno de los farmacéuticos.

Arcuri está jubilada hace muchos años. Sin embargo no quiere dejar de ponerse el delantal de La Estrella e ir a trabajar. "No pongas la edad. Poné que cumplí las bodas de oro, me dio una medalla el Colegio de Farmacéuticos", repite esta mujer incansable, y se peina para salir en cámara.

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