Varias parejas y un bastonero para bailar al ritmo del pericón

La danza nacional, variante del cielito, tiene sus orígenes en la música desarrollada por los árabes en España
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26 de septiembre de 2009  

El pericón fue, en sus comienzos, variante del cielito, al igual que la media caña. Muchas veces aparecen vinculadas con los nombres de "pericón de media caña" y de "cielito apericonado". La primera desarrolló de antiguo vida propia; la segunda dio, con el correr de los años, la modalidad que retuvo el nombre de pericón.

Ambos son bailes de varias parejas dirigidas por un bastonero, llamado "perico" o "pericón", de donde la expresión "cielo apericonado" significaba "cielo con bastonero", esto es, con más de dos parejas o con muchas, como es el caso del pericón, que también se llamó "baile de cuatro", por necesitar cuatro parejas partícipes como mínimo, acaso porque con menos no se puede hacer la cadena, o bien porque la primitiva coreografía constaba sólo de cuatro figuras: demanda o espejo, postrera o alegre, cadena y cielo. A cada una de ellas corresponden movimientos que se ejecutan a la voz de "¡aura!", que da el cantor o "bastonero". Había que elegirlo con sumo cuidado, ya que de su habilidad dependía todo el baile, dada la complejidad de las figuras. La primera descripción coreográfica se publicó en 1876 y correspondía a la proyección musical de una poesía titulada "El baile", de los hermanos Alcides e Isidoro de María, uruguayos.

En 1817, los soldados de San Martín llevaron el pericón a Chile, junto con el cielito, la sajuriana y el cuándo y allí alcanzó gran difusión. José Zapiola, el famoso memorialista, recuerda que, allende los Andes, en la misma ocasión se escucharon por vez primera esa danza y nuestro Himno. Arraigó fuerte en los salones chilenos, y en 1825 se la cita como parte del repertorio habitual. Sarmiento, en Recuerdos de provincia, cuenta haber bailado pericones con su maestro, el padre José de Oro, en San Luis, en 1826.

Paulatinamente aparecieron nuevas figuras: el "molinete", la "corona", "armas al hombro" y el "pabellón", que es la más conocida; las parejas, tomadas del brazo, forman un círculo y, con las manos libres, extienden un pañuelo por encima de las cabezas intercalando los colores azul y blanco de la Bandera, según anotó Alberto Palomeque, quien la había visto en Tacuarembó. Ese juego de pañuelos, para siempre, hizo del pericón nuestra danza nacional.

Hay estudiosos convencidos de que la música desarrollada por los árabes en España es la fuente del pericón y de otras danzas afines. Ritmos y melodías de la escuela andalusí, como las zambras, en América se habrían transformado en la zamba, el gato, el escondido, el pericón, la milonga y la chacarera en la Argentina y el Uruguay, la cueca y la tonada en Chile y Cuyo, las llaneras en Colombia y Venezuela, el jarabe en México, y la guajira y el danzón en Cuba.

El pericón tuvo su momento y luego decayó: los hermanos Podestá lo exhuman e insertan en las truculentas aventuras circenses de Juan Moreira. Esa obra era, al principio, mera pantomima hasta que un hotelero francés sugiere a José Podestá acompañar la acción con palabras. En efecto, en 1886, en el estreno en Chivilcoy se incluyó un gato con relaciones en la escena de la pulpería. Tres años más tarde, la representación fue montada en Montevideo. En esa ciudad, y por indicación del poeta Elías Regules, el pericón sustituyó al gato. La música había sido recogida en la campaña uruguaya por Gerardo Grasso, quien la publicó (en 1887) como "El nacional", antecedente inmediato de la designación de "pericón nacional". Pero la gran popularidad la adquirió la versión "por María", compuesta por Antonio Podestá, hermano de José. En 1900, ese actor y compositor estrenó en el teatro de la Zarzuela (después, Argentino) un "boceto lírico nacional" en un acto, con texto escrito por él y titulado Por María .

En la arena del circo se prolonga la vida del pericón hasta bien entrados los años veinte. En esta segunda etapa, aumenta desmesuradamente el número de figuras; aparecen el "balanceo", las "calles", el "espejito", la "demanda", el "vals", la "rueda grande", las "dos ruedas para la canasta", las "relaciones" y el "puente de pañuelos". En la versión de salón, que data de 1906, a la del pabellón nacional se le añadió el que una de las bailarinas agitara un pañuelo amarillo para representar al sol.

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