Goar Mestre y sus historias con déjà-vu

La avidez del poder por los medios no tiene ideología
Pablo Sirvén
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27 de septiembre de 2009  

-¡Este reglamento ha sido hecho nada más que para controlarnos a nosotros!...-, estalla Goar Mestre, el dueño del más poderoso holding de comunicación de Cuba (el Circuito CMQ, integrado por siete estaciones de TV y nueve de radio, más treinta empresas de los más diversos rubros) ante el primer ministro cubano Andrés Rivero Agüero y el intendente de La Habana, Justo Luis del Pozo. La escena transcurre en la capital de Cuba. Corre el mes de septiembre de 1957.

-Sólo quiero decirles una cosa: no tengo suficiente valor para unirme a las fuerzas de Fidel Castro en Sierra Maestra?- arremete Mestre, quien ya había enviado su ayuda a las huestes guerrilleras, en la creencia de que se trataba de un grupo idealista que los liberaría del corrupto y déspota dictador cubano Fulgencio Batista.

-Pero, ¡muchacho! -se espanta Del Pozo-, ¿te has vuelto loco?

Goar Mestre se encima aún más encolerizado:

-...pero me sobra valor para decirle al general Batista que no acepto esta ley porque es una agresión gratuita contra nosotros y sólo intenta amordazarnos. Díganle que, si ésa es su intención, puede quedarse con CMQ. Es más, le pueden decir, mejor todavía, que se la meta en el culo. Pero, eso sí, sin mí.

* * *

¿Qué tenía irritado a Goar Mestre que no medía riesgos y se le animaba tanto a la tiranía castrense que gobernaba su país en ese momento? Un sorpresivo reglamento de radiodifusión que el gobierno había dado a conocer el 5 de septiembre de 1957 y al que, en ese momento, se le dio en llamar "Ley retrato" porque parecía estar exclusivamente confeccionado para esmerilar la "posición dominante" en aquel momento del Grupo Mestre, en Cuba.

-A partir de este momento -advierte Mestre a sus atribulados interlocutores- no pongo los pies más en CMQ. No firmo un solo cheque o memorándum más. Mañana mismo me voy del país a movilizar la opinión pública internacional y a contar todo lo que aquí no se puede decir de este régimen. Y no volveré hasta que ese reglamento infame no sea derogado.

Mestre lo consigue al cabo de un tiempo: la "Ley Retrato" es derogada en febrero de 1958. Y en la madrugada del 1º de enero de 1959 uno de sus más potentes medios, Radio Reloj, saluda la caída de Batista y el triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro y sus barbudos.

Pero, las vueltas de la vida, poco más de un año y medio después, el 12 de septiembre de 1960, el Circuito CMQ y Radio Reloj son intervenidos por esos muchachos que tanto ilusionaban a Mestre. El funcionario a cargo, Gregorio Ortega, promete que dichos medios ya no estarán más "al servicio de la mentira" y que, a partir de ese momento, se ofrecerán noticias con sentido objetivo.

Unos días más tarde, el 5 de octubre, todo el patrimonio del Grupo Mestre es confiscado. El 2 de mayo de 1961, el diario cubano Prensa Libre califica a Goar Mestre de "esbirro yanqui batistiano". Los audaces jóvenes que habían bajado de la Sierra Maestra no venían a reimplantar la democracia, sino a quedarse para siempre.

Privado de su país y de sus empresas, no obstante Mestre insistiría con grandes negocios de comunicación, pero ya a escala continental. Su familia y él habían salido de Cuba rumbo al exilio a fines de marzo de 1960. Asociado con CBS y Time Life explorará el naciente mercado televisivo en Venezuela, Perú y también en la Argentina, donde se afincará para siempre (ya que su esposa, Alicia Martín, había nacido aquí).

No será una buena idea. Catorce años más tarde, durante los cuales primero fundó y rápidamente puso en primer lugar del rating a Canal 13 con estimable calidad, experimentará un dramático déj à vu (aunque con la consistencia real de la historia que se repite): la emisora (y su productora cautiva, Proartel) son estatizados (al igual que los canales 11 y 9) por el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Han pasado 35 años desde entonces.

* * *

Al agradecer, el lunes último, en nombre de Telenoche , el premio Goar Mestre, que FundTV les otorgó a sus producciones especiales, el periodista Mario Markic, perteneciente a ese staff , evocó las vicisitudes sufridas por aquel empresario cuando fue despojado de Canal 13 y Proartel. La alusión no fue casual: si el oficialismo logra imponer el plazo de un año para que los grandes holdings de comunicación se desprendan de varios de sus medios, el Grupo Clarín podría verse obligado a malvender Canal 13.

La comparación puede resultar, o no, pertinente -afortunadamente el clima de mortífera violencia social que había entonces no existe ahora-, pero en tren de asociaciones libres aquellos primeros tironeos sufridos por Mestre en su Cuba natal primero por parte de una dictadura derechista (Batista), después por una dictadura izquierdista (Castro) y, por último, el despojo de sus empresas, en la Argentina, efectuado por un gobierno democrático que había empezado siendo de izquierda el 25 de mayo de 1973 (Cámpora) y que luego viró hacia la derecha, asolado, además, por bandas terroristas de ambos extremos (Isabel Perón), al menos, demuestran que en materia de avidez algunos gobiernos se parecen entre sí, por más que profesen ideologías aparentemente tan contrastadas.

Es que siempre se está, en estas latitudes, a tiro de un sorpresivo zarpazo.

Pero los pecados, en estas lides, no están exclusivamente concentrados en los gobiernos. Habrá que acudir, una vez más, a Goar Mestre, en una de las múltiples citas que este periodista recogió de su propia boca a lo largo de varios años para escribir su biografía ( El rey de la TV , Clarín Aguilar, Buenos Aires, 1996), esta vez en busca de una valiosa autocrítica de ciertos comportamientos privados: "En plan de suposición me pregunto qué habría pasado con los Mestre en Cuba si Castro no hubiese llegado al poder en 1959. Tal vez hubiésemos terminado de todos modos con graves problemas por el excesivo control de la industria de la radio y la TV que llegamos a tener y que, en cierto momento, tuvo forma de monopolio: el 92 por ciento de las señales televisivas que se veían en Cuba estaban directa o indirectamente generadas por nosotros. No creo que eso fuese bueno y yo mismo, con el correr del tiempo, me convertí en un ferviente enemigo de cualquier clase de monopolio privado o estatal. La vertiginosa carrera por la competencia que libramos nos llevó a esa posición y ni tiempo tuvimos de corregirnos. La CMQ sola tenía mucho más influencia que el resto de los medios juntos. Creo que con el tiempo esa situación se hubiese vuelto insostenible y alguien en lugar de Castro también habría intentado echarnos".

Goar Mestre murió en Buenos Aires, hace quince años, pero su historia y sus palabras mantienen plena vigencia.

psirven@lanacion.com.ar

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