"El poder atrae a los pensadores y los usa, pero después los tira"

Para la periodista y escritora, no es inconveniente comprometerse, pero sí perder la independencia
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30 de septiembre de 2009  

"La historia demuestra que los intelectuales que se han acercado mucho al poder y que han querido influir desde allí terminan siendo usados y fagocitados", dice la escritora y periodista Cristina Mucci. Lo hace al repasar el papel de los intelectuales en la historia argentina, desde Mariano Moreno hasta Carta Abierta y Aurora, las dos usinas que, en la actualidad y desde posiciones antagónicas, se alinean a favor y en contra del kirchnerismo.

Conductora de Los siete locos desde hace 22 años, Mucci acaba de publicar Leopoldo Lugones: los escritores y el poder, libro en el que se mete de lleno en la delicada relación entre escritores y política.

Mucci, que es abogada, recibió cinco veces el premio Martín Fierro por su programa. También obtuvo otros importantes premios, como el Konex y el Broadcasting, además de distinciones de la Academia Argentina de Letras, el Grupo Interamericano de Editores y la Feria del Libro de Buenos Aires.

"Lo que yo veo hoy, más que debate entre intelectuales, son odios profundos. El cruce intelectual en la Argentina nunca fue amable: siempre hubo descalificaciones. A Borges, se lo descalificó por antiperonista; a Marechal, por peronista; a Cortázar, porque vivía en París; a Manuel Puig, por homosexual; a Victoria Ocampo, por elitista. Nunca nada vino bien. Pero hoy esas peleas ya se han hecho feroces, y parecen irreconciliables", dice.

–Usted habla de peleas feroces, pero ¿no se supone que un intelectual debe ser capaz de tramitar mejor las diferencias?

–Sí, pero la Argentina es un país muy dividido, con poca tolerancia para el que piensa distinto, y eso también incluye a sus intelectuales. Ultimamente, se han generado odios muy fuertes de intelectuales afines al kirchnerismo hacia Beatriz Sarlo, por sus posiciones críticas, cuando, en realidad, sus opiniones podrían ser una oportunidad para abrir un saludable debate con el grupo Carta Abierta. En cuanto a la pelea, que no es debate, entre Carta Abierta y Aurora, creo que allí hablan dos sectores democráticos con visiones diferentes, y que la Argentina debe incluirlos a ambos. Nosotros, como país, somos Aurora y Carta Abierta. Excluyendo a sectores golpistas, que también los hay, y hay que estar alerta, ¿por qué no puede haber ideas alternativas, dentro de la democracia, sin encono?

–¿Son peleas entre divos?

–Se manejan como divos. Pero, además, como hoy los escritores no son masivos ni mediáticos, esos cruces quedan en rencillas muy reducidas. ¿Cuánto vende un escritor argentino? En los años 60 o 70, los libros de Manuel Puig, Julio Cortázar y Ernesto Sabato eran best sellers. Hoy, es muy difícil que un autor nacional llegue a best seller. Entonces, en este microclima, cada uno habla con los que están cerca de sus ideas, y nada más.

–¿Los odios no curados son una herencia de los 70?

–No, es una herencia mucho más antigua. La divisoria de aguas entre civilización y barbarie, esencialmente, se mantuvo. El debate nunca fue amable en la Argentina, pero es cierto que este encono creciente que vemos hoy, así de feroz, empezó al final de la dictadura.

–Me acuerdo de cuando Aldo Rico decía que la duda era la jactancia de los intelectuales...

–Mempo Giardinelli dice que después del gobierno de Arturo Frondizi se comienza a desconfiar de la figura del intelectual. Frondizi era un intelectual y su gobierno había abierto muchas expectativas. Sin embargo, al haber traicionado su discurso de campaña al poco tiempo de asumir, generó distanciamiento y desconfianza. Abelardo Castillo dice que hoy un escritor no se pregunta para qué sirve la literatura por miedo a la respuesta. En los 70, aún se podía soñar con que la literatura podía cambiar el mundo. Hoy, mejor ni preguntar…

–Pero ¿para qué sirve, según usted?

–Los libros y las ideas nos hacen personas más amplias; nos abren mundos nuevos, nos modifican. Claro que hay intelectuales importantísimos (y no sólo Lugones; también Heidegger, por ejemplo) que han apoyado o nutrido con sus ideas a sistemas autoritarios. Entonces, ¿los libros nos hacen mejores o no? Yo creo que, a pesar de estos ejemplos, la respuesta sigue siendo afirmativa.

–¿Hay intelectuales de derecha en la Argentina actual? ¿Está mal visto serlo?

–Creo que hay intelectuales de derecha, aunque es cierto que ninguno se reconoce como tal. Lo que me parece peligroso es diluir las diferencias de visiones, que existen, diciendo que no existen. Parecería que todos pensáramos lo mismo sobre la educación, por ejemplo, y no es cierto. Aguinis, desde el grupo Aurora, sostiene que la universidad pública debería ser arancelada. Y Horacio Sanguinetti, del mismo grupo, sostiene que debe ser gratuita. Pero Aguinis no se reconoce de derecha. Es más: dice que es de izquierda. Probablemente habría que redefinir qué son hoy la izquierda y la derecha.

–¿Qué deberían hacer los intelectuales para no quedar atrapados por el poder?

–Deberían tener el compromiso suficiente para involucrarse en política, pero preservando la distancia para no ser usados y deglutidos por el poder de turno. Porque el intelectual sirve para dar sustento a determinados posicionamientos o políticas, pero como demuestra la historia de Lugones, a la hora de ejercer el poder concreto no son convocados. Más aún: molestan. El poder desconfía de ellos y los termina eyectando. Su rol siempre debe ser independiente y crítico: claro que habría que ver si, de ese modo, el poder los quiere escuchar...

El personaje

CRISTINA MUCCI

Escritora y periodista

  • Edad : 60 años
  • Comienzos: hizo reseñas de libros y fue editora de la página cultural de La Razón en tiempos de Jacobo Timerman.
  • Libros propios : Voces de la cultura argentina (1997), La señora Lynch (2000), Divina Beatrice (2002), La gran burguesa (2003).
  • 22 años : es la edad de su programa Los siete locos, un clásico de la televisión cultural, dedicado a la difusión del libro y la lectura.
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