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Zamba Quipildor, un embajador del folklore

Escenarios: el cantante estará el 7 de diciembre en el Queen Elizabeth Hall de Londres y el 18, en Pampa y Figueroa Alcorta.
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22 de noviembre de 1998  

Está de regreso tras un largo silencio de escenarios y discos.

Zamba Quipildor -la voz de la "Misa Criolla", de Ariel Ramírez- vuelve sin alharacas para recorrer este sosegado tramo de su vida artística.

Zamba cantará el 7 de diciembre en el Queen Elizabeth Hall, de Londres, adonde llega con auspicio de la Secretaría de Cultura de la Nación.

Allí entonará zambas, chacareras, bagualas, chayas, huaynos -más la "Canción del árbol del olvido", de Ginastera-Valdez- junto al excelente sexteto instrumental Nan, integrado por músicos de la talla de Carlos Moscardini y del compositor Diego Clemente.

Hace apenas un mes nuestro músico recibió -junto con Los Chalchaleros y la secretaria de Cultura Beatriz Gutiérrez Walker- el premio Martín de Güemes, máximo galardón salteño, por su trayectoria artística y su aporte a la cultura del país.

Zamba cantará la "Misa Criolla" junto a un gran coro de trescientas voces, el 18 de diciembre al pie del Monumento a Güemes. El auspicio es, en este caso, de la Casa de Salta.

Y como coronación de este regreso, en estos días aparecerá, tras 17 años de silencio discográfico (¡!) el CD "Paciencia de piedra" -certera alegoría irónica a tan larga espera- presentado por el sello Sun Records.

Precisamente Zamba Quipildor irrumpía por última vez en sendos registros fonográficos en 1981; uno de ellos el de la "Misa por la Paz y la Justicia", que Ariel Ramírez compuso pensando en su voz de tenor.

Zamba sufre desde hace años un ostracismo involuntario en su país.

Este tardío disco es una muestra.

La otra es su exclusión lisa y llama del Festival de Cosquín, desde comienzos del actual gobierno (que él mismo apoyó incansablemente). Y le consta que el flaco favor se lo debe al secular y sempiterno maestro de ceremonias. Un señor que supo reducir el espectro festivalero al ritmo monotemático de la chacarera, para que haya palmas y mucho ruido junto a patrióticas banderitas argentinas.

Gregorio Nacianceno Quipildor (bautizado Zamba por un compañero de rutas artísticas que había comprobado que más del noventa por ciento de su repertorio se movía al compás de ese ritmo folklórico) no imaginaba en su infancia de Coronel Moldes (Salta) -había nacido en Ingenio La Esperanza (Jujuy)- que durante 19 años sería el solista preferido de la "Misa Criolla".

Zamba recuerda esa infancia.

"Estaba con mi viejo en el duro trabajo del campo, hachando leña, plantando tabaco, cosechando maíz. Y de noche escuchábamos el programa "Tractores Hanomag", de Radio El Mundo, en el que actuaban Eduardo Falú, Ariel Ramírez, Los Chalchaleros, Los Hermanos Abalos. Eso despertó mi inquietud de cantar..."

-Y viniste a Buenos Aires...

-No. Tardé bastante. Yo llegué a fines de 1969. Tenía 27 años. Ya estaban en pleno auge Mercedes Sosa, Horacio Guarany, Los Cantores del Alba y, como supondrás, yo no podía competir con ellos. Pero en seguida un contacto con Julia Elena Dávalos me permitió cantar en el Festival Internacional de Piriápolis. Me dieron el primer premio del festival. Lo había ganado por cantar la baguala "La muerte de Pedro el campesino"; y me llevé también el premio revelación y el premio Piriápolis. Eso me abrió las puertas. Y viajé de inmediato por Rusia y Alemania. En 1972 me había hecho una escapada a Leningrado, donde compartí escenario con Duke Ellington. Y a mediados de los años setenta estuve en Sevilla junto a Alberto Cortez.

-¿Cómo llegó la "Misa..."?

-En Cosquín, justamente, donde participé de veintitrés festivales. Allí me escuchó Ariel en 1974 y me propuso ser solista. Cumplí 19 años con Ariel. Fue algo muy hermoso. Visité al menos treinta grandes países; canté en los mejores teatros del mundo (Carnegie Hall, Lincoln Center, Man Auditorium de Tel Aviv, Bolshoi de Moscú, De la Zarzuela en Madrid). Estuve cinco veces en el Teatro Colón. Mucha gente se emocionó al escucharme cantar.

-Ahora volviste con la "Misa..."

-Sí. Estuvimos los tres tenores: Gerardo López, yo y Javier Rodríguez. El concierto se grabó en la iglesia de Nuestra Señora de los Buenos Aires y recorrerá el mundo. Se piensa en una gira europea para 1999. Será cuestión de que se repartan bien nuestros papeles. Para sacarle el mejor partido emocional a la "Misa Criolla".

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