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El particular estilo de las mujeres del poder

Los cambios de vestuario de Cristina Kirchner, Michelle Obama, Carla Bruni, Angela Merkel y Michelle Bachelet, entre otras, siempre dan que hablar
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27 de octubre de 2009  • 12:11

Muy posiblemente como nunca antes, las mujeres ocupan hoy lugares de gran visibilidad en la política. El dato se hace evidente en este rincón del planeta, con Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet a los mandos de los países más australes del mundo.

En Europa tampoco es menor el peso femenino en las altas esferas. Ahí está la alemana Angela Merkel para demostrarlo y no menos puede decirse de la primera ministra ucraniana Yulia Tymoshenko.

Muy cerca del exclusivo calor del poder, y sin dejar de marcar elegante presencia, están también la cada vez más omnipresente primera dama de los Estados Unidos, Michelle Obama, la de Francia, Carla Bruni, y la de España, Sonsoles Espinoza. A este grupo pertenecen también las primeras damas de Camerún y Japón, aunque de un modo más peculiar.

Todas ellas, además, se destacan por su estilismo, e incluso a su pesar, o no, según se piense en la vanidad como una cualidad femenina, marcan tendencias, imponen nombres y consiguen lo que toda mujer ansía cuando estrena un vestido en una fiesta: que se hable de ellas.

Las más australes

Cristina Kirchner, se sabe, impuso el estilo al que los popes de la aguja y el hilo llaman, no se sabe si como dato positivo o todo lo contrario, "colorido". Están los que lo consideran demasiado juvenil para su edad, pero es verdad que ella no esconde ser una fashion victim , dato que las crónicas de sus viajes al exterior se han encargado de inmortalizar.

Faltas de puntualidad en cumbres planetarias que se han debido a cambios de ropa -ha llegado a usar tres y hasta cuatro vestidos en un mismo día- y su devoción por los bolsos Louis Vuitton son suficiente ejemplo. Tampoco es un misterio que la diseñadora Susana Ortiz es otra de las debilidades presidenciales, como parece serlo el excesivo celo -recargado es la palabra más usada para describirlo- que le achacan a la hora de maquillarse. ¿Una marca de estilo? Mangas tres cuarto a toda hora y lugar.

En cambio, poco es lo que puede decirse de su colega trasandina. Michelle Bachelet ha adoptado desde el inicio de su mandato un estilo despojado y discreto, casi nunca se sale del conjunto de saco y falda. Aunque si de marcar tendencia se trata, está el episodio que hace un par de años vivió una ex componente de su Gabinete, la entonces ministra de Planificación y Cooperación chilena, Clarisa Hardy.

Presentada para un acto en la que se firmaba un convenio de su área, la ministra sorprendió, y se sorprendió, al lucir un mocasín negro y otro rosado, una apuesta arriesgada aunque involuntaria, ya que como ella explicó "salí muy temprano de mi casa, estaba oscuro, y no quise despertar a nadie de mi familia", por lo que sin ver tomó lo primero que encontró en el armario. Muchos hacen lo mismo, y encima con la luz encendida.

La Dama de Hierro y la campesina

En rigor, ni la Merkel es una sucedánea de la británica Tatcher -una precursora en eso de mezclar poder y moda-, ni la Tymoshenko se gana el pan con el duro trabajo campestre.

La primera ministra alemana elige máxima rigurosidad teutona. Traje estilo Chanel, aunque, eso sí, con un matiz: la chaqueta lleva grandes botones, producto de la sugerencia de su costurera de alta gama de cabecera, Bettina Schoenbach.

No menos teutona fue su presencia durante una velada de gala en la ópera de Oslo de 2008, donde sorprendió con un pronunciado escote, también bajo el influjo de Schoenbach.

Como en política los símbolos son todo, una copartidaria intentó pegar su imagen a la de su jefa en la Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU). Vera Lengsfeld apareció en un cartel callejero de las recientes elecciones de su país junto a una imagen de Merkel tomada en aquella oportunidad noruega. Lengsfeld luce allí un vestido similar a la canciller, un collar similar, casi un corte de cabello similar y, sí, un generoso escote similar. Intención refrendada por el slogan al pie: "Tenemos más que ofrecer".

Si cabe alguna duda de que la líder germana consigue interesar por su estilo, al punto que el diseñador Wolfrang Joop basó en ella la colección primavera-otoño de 2006, basta recordar dos cuestiones. Una es la Barbie Merkel -traje chaqueta negro y camisa fucsia- que en su honor y por única vez, la compañía Mattel presentó a principios de este año en la feria del juguete en Nuremberg.

Algo más de revuelo, por no decir bastante más, causó en mayo pasado la firma de ropa interior Bruno Banari con un anuncio publicitario de grandes dimensiones ubicado en el centro de Berlín. Un dibujo realista de Merkel aparece allí luciendo corpiño y bombacha, acompañada en segundo plano por varios integrantes de su Gabinete. El slogan, "Lo damos todo con tal de impulsar la demanda", alude a una campaña gubernamental pero también a una publicitaria de la empresa, que promete 5 euros de rebaja a quienes entreguen toda su ropa interior a cambio de comprar prendas nuevas de esa marca, o sea una especie de Plan Canje del vestuario íntimo.

Más alejada de la polémica, por cierto, pero no del glamour, está Yulia Tymoshenko, nuevamente primer ministro de Ucrania. Antes de llegar al poder por primera vez, consiguió forjar una muy exitosa carrera como empresaria, pero a la hora de descender a la arena política cambió su look de agresiva ejecutiva morocha. Así, fue una de las líderes de la revolución naranja de 2004 pero esta vez con el cabello oxigenado y una larga trenza enroscada a modo de diadema, un homenaje, una mención al tradicional peinado de las campesinas ucranianas de mediados del siglo pasado.

También destacó con su vestimenta, en la que dejó de lado el estricto traje sastre empresarial para lucir entallados vestidos con guiños a los de su país, profusos en encajes y mangas abuchonadas.

Miss First Lady

Es verdad que no es un concurso, pero hoy por hoy el sitial de la Primera Dama con más glamour tiene una dura batalla. Las candidatas de Francia y Estados Unidos son las favoritas, pero no hay que descartar a la de España.

Carla Bruni de Sarkozy, no es nueva en esto. Suma una trayectoria como cantante y modelo, y, aunque nacida en Italia, el charme galo la identifica.

Y si toda esposa presidencial tiene el sino de Jacqueline Kennedy sobre sí, debe decirse que la Bruni consigue nota alta con referencias explícitas a Jackie, como cuando acompañó a su marido a visitar a la reina de Inglaterra enfundada en un abrigo recto gris de Dior, sombrero y guantes. Eso sí, una de sus marcas de estilo son las chatitas ¿La explicación? Hay que dirigir la mirada a los 168 centímetros que mide su marido -casi 10 menos que ella-, y a quien sus colaboradores acostumbran a prepararle encuentros públicos con gente más baja que él.

Profunda huella, por su parte, está dejando Michelle Obama. Si no, que le pregunten a los diseñadores de quien elige sus prendas. Jason Wu, por ejemplo, saltó a la fama, cuando lo tocó la varita mágica en forma de esposa del presidente norteamericano. El must fue el vestido blanco que Michelle lució en el baile de la toma de posesión de su marido.

No menos contenta había estado el día anterior, en la ceremonia de asunción, la cubanoamericana Isabel Toledo, que firmó el vestido dorado de la flamante primera dama.

Narciso Rodríguez (vestido rojo y negro en la noche de las elecciones), Donna Ricco (vestido en blanco y negro) y Maria Pinto (vestido fucsia), por su parte, ya han quedado inmortalizados, además, por ser sus diseños los que visten los tres modelos de Michelle Obama en formato de muñeca que acaban de salir .

La chilena María Cornejo también forma parte del selecto club de los elegidos por la mano que maneja las riendas domésticas de la Casa Blanca.

En este selecto grupo debe sumarse a la esposa del presidente español José Luis Rodríguez Zapatero. Para muestra, basta citar al diario londinense The Guardian , que se anima a nominar a Sonsoles Espinosa, seguidora de la línea de su compatriota Elena Benarroch, como la nueva Carla Bruni, nada menos. Después de citar su buen estar en cosas de trapos, cita: "Quizá lo más importante, es que entiende que incluso cuando las circunstancias son restrictivas en lo que refiere a los códigos de vestimenta, sabe que un buen corte de pelo o una pieza de joyería puede hablar por uno".

Final con sorpresa

En el último grupo, pero no por ser menos, hay otros dos enfoques. El que viene desde Japón, lo trae la primera dama, Miyuki Hatoyama. Hatoyama, otrora actriz y famosa en su país por sus libros de cocina, destacó por afirmar que es una gran viajera... del cosmos. En efecto, sorprendió al contar que viajó a Venus ("un lugar muy bonito, muy verde", describió) en "un ovni de forma triangular". No se sabe si esta experiencia espacial ha influido en su estilo de vestir, sí se sabe que lo ha hecho su suegra, heredera de la fábrica de neumáticos Bridgstone, de quien dijo haber aprendido a hacerse "un lugar en este mundo gracias a sus consejos; antes tenía más bien el estilo jeans ".

En lo que respecto a la primera dama de Camerún, no parece ser la discreción y el segundo plano lo que la motivan. Chantal Biya, esposa de Paul Biya, impacta ya desde su aleonada melena. Dior y Hermes son algunas de las marcas europeas que frecuenta en un ejercicio de sincretismo estilista del que podrá decirse cualquier cosa, pero no que pasa desapercibido.

Pero, atención, un último y nada superfluo dato. Todas y cada una de las citadas podrían llegar a perder centímetros en la prensa del corazón y la aguja si cierta actriz decide finalmente volcarse a la arena política y, en algún tiempo, aspirar a la presidencia de los Estados Unidos, como ha dejado caer alguna íntima amiga suya.

Tal vez la conozcan, responde al nombre de Angelina Jolie...

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