Contra la obviedad

Raquel San Martín
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21 de noviembre de 2009  

Perspectiva sociológica

Por Randall Collins

Universidad Nacional de Quilmes

TRAD.: Lelia Gándara

237 Páginas

$ 65

A veces, la mayor renovación consiste en volver a los clásicos. Esa idea sostiene toda la "sociología no obvia" que postula el estadounidense Randall Collins, en un intento de evitar "la cortina de humo de conceptos y definiciones" y encontrar respuestas renovadas a preguntas básicas del pensamiento social.

Émile Durkheim, Max Weber y Karl Marx son las columnas vertebrales de sus análisis, en un texto claro sin citas bibliográficas, que no abandona nunca el tono didáctico, razona junto con el lector y no lo deja solo en el proceso. Sus postulados no son siempre novedosos, pero están presentados de manera persuasiva. El principio de "sociología no obvia" que recorre el libro afirma que la racionalidad no es el principal pilar de la vida social. "Lo que mantiene unida a la sociedad humana no son acuerdos racionales, sino procesos emocionales más profundos que producen lazos de confianza", escribe Collins. Sigue a Durkheim para afirmar que esos lazos se originan y se mantienen gracias a "rituales sociales" que, con el ejemplo de la religión, pueden detectarse en el ejercicio del poder político, la familia y el delito.

En aras de la sencillez, las reflexiones sobre el poder se traducen en el análisis de "cómo lograr que la gente haga algo" y la conclusión de Collins es sugestiva: "El arte de conservar el poder consiste en hacer que lo que uno hace se vea lo más misterioso e impresionante posible [...]. Los políticos son, ante todo, traficantes de incertidumbre y ésa es la esencia de su poder". En la misma línea, el delito entiende el crimen y el castigo como rituales cuyo objeto principal es la sociedad, no el delincuente, y que contribuyen a aumentar la cohesión social. Los vínculos familiares, finalmente, constituyen para Collins relaciones de propiedad erótica, generacional y doméstica, que han ido modificando su jerarquía relativa con el paso de los siglos, hasta desembocar en el actual "mercado matrimonial abierto".

El último ensayo juega a pensar el diseño de una computadora que "actúe como un verdadero ser humano". Es decir que aprenda, tenga nuevas ideas, pueda crear, hacer bromas y reírse de las de otros. El autor describe qué capacidades debería tener y cómo las incorporaría en su sistema, para concluir que es la red social en la que está inmersa esa hipotética computadora la que determina sus potencialidades. Puede argumentarse que los procesos sociales se abordan en el texto con pocos matices etnográficos, pero no parece ser algo que a Collins le importe evitar. En realidad, la "sociología no obvia" no se opone tanto a la generalización como al naturalizado sentido común de las ciencias sociales.

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