Una chica de 15 años se destaca en la universidad

Daniela González estudia en Morón y es hija de un sargento de la policía.
Jorge Rouillon
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7 de abril de 2000  

Daniela González tiene sólo 15 años y está en segundo año de la carrera de Ciencias Químicas en la Universidad de Morón.

En diciembre aprobó todas las materias de primer año, seis en total, con un promedio de 8,70. En una semana, por ejemplo, rindió los exámenes finales de biología general e inglés técnico, ambos con 10, y física, con 9.

Esta chica empezó a leer sola antes de los tres años y tiene una facilidad extraordinaria para aprender, pero no todo le resultó fácil. Se esfuerza para llevar sus estudios al día.

Cada mañana sale temprano de su casa, a las 7, para llegar en 45 minutos a Morón, donde asiste a clase de 8 a 13. Daniela vive con sus padres y su hermana, Gabriela, en una casa sencilla, sobre una calle de tierra, en una zona modesta de Merlo. Enfrente pueden verse un caballo pastando, un auto abandonado y la chatarra que junta un vecino sin empleo.

"Acá queda lejos para todo. Parece que estuviéramos en otro país. Estamos olvidados de la mano de Dios", dice su mamá, Adriana Albanese de González. A la familia le cuesta mucho mantener los estudios de las hijas. "Somos gente pobre -admite Adriana-. El sueldo no alcanza."

El padre, Daniel González, de 42 años, está en la casa durante la charla con La Nación . A partir de las 10 de la mañana tiene el día franco. Pero antes estuvo 25 horas de servicio. Es sargento ayudante de la policía de la provincia de Buenos Aires y hace horas extras en la puerta de un banco.

La primera palabra: Alf

A los tres años Daniela ya leía y escribía, sin que nadie le hubiera enseñado. Un día le dijo a su mamá: "Mirá lo que escribí". La primera palabra que escribió era Alf y no la copió: la había retenido en la memoria por haberla visto en la televisión.

A los seis años entró en el colegio parroquial Nuestra Señora de Itatí, del obispado de Morón. Al segundo día de estar en primer grado, la maestra le dijo a su mamá: "Está totalmente alfabetizada".

Cuando tenía ocho años, un examen reveló que tenía una edad mental equivalente a catorce años. Empezó a ir a algunos talleres y, en cuarto grado, en la Escuela Técnica Nº 2 de Merlo, la admitieron en el curso de química inorgánica como oyente.

Desde los siete años, un profesor de Merlo, Carlos Antelo, le dio clases, y nunca le cobró nada. "Hace 42 años que doy clases particulares de nivel universitario y secundario, he tenido más de 8000 alumnos, y en sólo dos oportunidades he dado con un niño de esta capacidad", certificó.

Pero a los padres les costó muchísimo lograr que se aceptara que su hija planteaba un caso especial. Finalmente, salió una resolución oficial que le permitía avanzar. En un mes rindió libre 5º, 6º y 7º grados, en exámenes a los que asistieron la directora de la escuela y la inspectora.

Entró en primer año. Pero tardaba en llegar el certificado de 7º grado e igual le hicieron rendir todas las materias de primer año. Luego hizo libre tercer año. En 4º y 5º no se adelantó, porque encontró compañeros con los que se sentía cómoda y quiso seguir con ellos en la Escuela Media Nº 16, de Merlo. Con ellos compartió el viaje de estudios a Bariloche.

Daniela sonríe y tiene buen humor. Practica voley. Viste vaqueros y pullover. ¿Le gusta algún músico? Ricky Martin, contesta, mientras su hermana, de 12 años y "cociente normal brillante", hace un gesto de disgusto. Ella prefiere a Luis Miguel.

Un modelo de verdad

Pero para Daniela los modelos no son los cantantes o los deportistas. Tiene como modelo a la investigadora Eugenia Sacerdote de Lustig, de 89 años, a quien quiso conocer y quiere mucho. "Que tengas un futuro brillante, porque lo mereces. Yo te veo futuro Nobel", le escribió esta médica ejemplar, con quien se habla con frecuencia. Daniela también quiere dedicarse a la investigación.

Su mamá destaca que si su hija salió así, no fue porque la estimularan especialmente. Ella es maestra y llegó a tercer año de derecho, y su marido tiene el secundario completo.

Pero confiesa: "Hay cosas que no voy a aprender nunca". Daniela sonríe: "Yo te voy a enseñar".

Lo que la mamá valora es que su hija nunca le faltó el respeto a nadie, es cariñosa, humilde. A sus padres les importa que sea una buena persona. Una vez escribió lo que quería hacer cuando fuera grande: una fundación con un gran edificio para ayudar "con mi marido" a chicos discapacitados.

¿Por qué va a una universidad paga? No podría hacer dos horas y media cada día para ir a la UBA, dice la mamá, que no olvida su corta edad.

El año último, la Universidad de Morón le dio una beca completa. Ahora le correspondería una media beca por mérito, y Daniela espera que nuevamente se la completen.

Sólo de viaje tiene $ 5,40 por día. Y hay que agregarle cuadernos, libros, fotocopias. Tiene un subsidio municipal de $ 200, pero sólo por seis meses. "No todos los libros se pueden llevar a la casa. Y a veces hay un solo ejemplar en la biblioteca", dice Daniela.

Ella sueña con hacer un posgrado en España. En el futuro quiere seguir Medicina; se da cuenta de que se trata de vidas humanas y de que todavía le falta una mayor madurez. Pero para todo hacen falta recursos, y sabe que sus padres no los tienen.

Ella lo expresa así: "Necesito una ayuda permanente para poder terminar de estudiar mi carrera tranquila".

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