Tensa reunión entre Bergoglio y Macri por el matrimonio gay

El cardenal le recriminó no haber apelado el permiso legal al enlace; Scioli toma distancia
Ángeles Castro
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25 de noviembre de 2009  

Una tensa reunión mantuvieron ayer el jefe de gobierno, Mauricio Macri, y el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, respecto del apoyo que el mandatario brindó al matrimonio homosexual, al no apelar una sentencia judicial que habilitó el casamiento de la pareja de homosexuales Alex Freyre y José María Di Bello, por realizarse el martes próximo.

Fuentes cercanas a Macri y a Bergoglio coincidieron en que, lejos de conciliar posiciones (la intención que motivó el encuentro), no hubo acercamiento, ya que ambos mantuvieron posturas irreconciliables. También señalaron los voceros que resulta incierto el futuro de la relación entre el gobierno porteño y la Iglesia.

Por su parte, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, se expresó en contra del casamiento gay: "El primer instinto que me genera la definición de matrimonio es vincularlo con la familia, con la unión hombre-mujer", dijo y aclaró que, no obstante, no desconoce "una realidad en la vida de muchas personas del mismo sexo donde se dan situaciones de convivencia, de un fuerte vínculo sentimental", las que -dijo- tienen "todo" su respeto.

La audiencia con Bergoglio había sido solicitada por Macri. El cardenal lo recibió en su despacho del 2° piso de la curia. El jefe de gobierno llegó a pie desde el Palacio Municipal. Se reunieron a solas por 20 minutos.

En la reunión, no hicieron más que decirse cara a cara lo que ya habían expresado públicamente. Macri ratificó que respalda la autorización que la jueza en lo contencioso administrativo Gabriela Seijas otorgó a Freyre y Di Bello para casarse, por "respeto a las libertades individuales", y Bergoglio lo criticó por "haber faltado gravemente a su deber de gobernante y custodio de la ley", al no apelar el fallo.

"La Constitución y los códigos nacionales no pueden ser modificados por un juez de primera instancia. Corresponde al mandatario del Poder Ejecutivo tomar todas las medidas para que haya certeza de la legalidad del acto que, en este caso, no la hay, y de allí surge la obligación de apelar", sostuvo ayer el Arzobispado mediante un comunicado.

Fuentes allegadas al cardenal Bergoglio relataron que "nunca" habían visto al arzobispo tan "furioso" como en los días posteriores a que Macri hiciera pública su decisión de no apelar el fallo que declaró inconstitucionales los artículos del Código Civil que regulan el matrimonio. Según esas fuentes, a Bergoglio no sólo lo molestó el fondo de la cuestión, sino no haber sido advertido sobre la posición que el gobierno porteño iba a adoptar.

LA NACION pudo saber que el jefe de gobierno sí había anticipado su decisión a dos militantes de Pro de fuertes lazos con la Iglesia: el ex legislador y hoy auditor porteño Santiago de Estrada y la diputada local Victoria Morales Gorleri.

Precisamente, además del enfrentamiento con el Arzobispado, la decisión de Macri provocó un profundo malestar dentro de las filas de Pro más católicas y conservadoras.

"Yo soy católico, pero en este caso me corresponde representar a toda la ciudadanía y le expresé [al cardenal Bergoglio] que esto tenía que ver con una convicción personal en la defensa de las libertades individuales", dijo ayer Macri al término de su reunión con Bergoglio.

Mientras tanto, anoche, los contrayentes evaluaban pedir a Macri que fuera padrino del enlace del martes próximo. Voceros del jefe de gobierno dijeron que el líder de Pro no tenía pensado aún asistir a la ceremonia.

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