Menem instituyó el día del niño nonato

Será el 25 de marzo, en coincidencia con la fiesta católica de la Anunciación de la Virgen; se lo había anticipado al Papa.
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9 de diciembre de 1998  

En el día de la celebración de la Inmaculada Concepción de la Virgen, el presidente Carlos Menem firmó ayer el decreto por el cual se instituye el 25 de marzo de cada año como el Día del Niño por Nacer.

Menem había manifestado su intención de crear esta fecha especial durante su encuentro con el papa Juan Pablo II, en noviembre último.

El decreto 1406/98, que lleva las firmas del Presidente y del canciller Guido Di Tella, señala en su punto principal que "el nacimiento más celebrado en el mundo por cristianos y no cristianos es el del Niño Jesús".

Por eso la fecha propuesta por el Ejecutivo nacional para recordar a los niños que aún no nacieron tiene su razón: la Iglesia Católica conmemora el 25 de marzo la anunciación a la Virgen María de que estaba engendrando al Niño Jesús.

Además, ese día es el aniversario de la encíclica papal Evangelium Vitae, en la que el Papa rechazó enfáticamente la práctica del aborto.

"Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo, podrán jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito por ser contrario a la ley de Dios", afirma la encíclica.

Mediante el decreto se "refirma el compromiso de este gobierno con las causas de la humanidad, así como lo ha hecho en los foros internacionales de El Cairo, en 1994, Copenhague y Pekín, en 1995, y Estambul, en 1996", según sostiene el texto.

"Tomando en cuenta que habitualmente se designa un día en el calendario para conmemorar los hechos más relevantes del género humano, se considera apropiado y necesario dedicar un día en el ámbito nacional al niño por nacer", asegura el decreto en una de las tres carillas que ocupa su fundamentación.

En contra del aborto

Tal fecha tiene por objeto "invitar a la reflexión sobre el importante papel que representa la mujer embarazada en el destino de la humanidad y el valor de la vida humana que porta en su seno".

La Iglesia Católica es la institución que, a través de dos milenios, mantuvo de manera frontal una férrea oposición a la interrupción voluntaria del embarazo.

El catolicismo concibe la vida desde el momento de la concepción, por lo que se opone en forma definitiva al aborto.

La difusión de la decisión presidencial fue coincidente con tres casos de aborto que llamaron poderosamente la atención. Uno de ellos fue el reclamo de la defensora del Pueblo, Alicia Oliveira, por la mora judicial en aprobar un aborto terapéutico; el otro (ver recuadro) se vincula con un caso de violación a una joven débil mental, y el tercero -difundido por La Nación en su edición de ayer- alude a la autorización judicial de una interrupción de embarazo en una niña de diez años.

La firma del decreto coincide también con la campaña antiabortista que el Gobierno desarrolla en todos los foros internacionales.

De acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud, el año último murieron cuatro millones de mujeres en los países en vías de desarrollo por causa de problemas relacionados con el embarazo, dentro de los cuales se inscribe la interrupción de la gestación.

Un gesto que espera respuesta

La frase se dijo ayer en la embajada argentina en Roma: "Con este gesto, el presidente Carlos Menem se pone por delante de la Santa Sede. Hasta ahora, el papado nunca había sugerido algo de este tipo a un país".

La decisión presidencial de instituir el 25 de marzo como Día del Niño por Nacer reconoce como antecedente, en lo conceptual, las reiteradas expresiones del presidente Menem en contra del aborto. Y en lo político, la promesa realizada en la visita que efectuó al Vaticano el 13 de noviembre último.

En esa ocasión, la coincidencia del presidente y del Papa en contra de las prácticas abortivas le valió a Menem un reconocimiento bajo la forma del premio Sendero para la Paz 1999, con el que el Vaticano reconoce liderazgos internacionales.

La propuesta tuvo su derrotero. Menem expuso al papa Juan Pablo II la idea de establecer la celebración del Día del Nonato. Eso fue durante la mañana. Y, al mediodía, avanzó en la idea durante el almuerzo que mantuvo con el cardenal Antonio Sotano, secretario de Estado vaticano y, en los hechos, algo así como el asistente político número uno del Papa.

Esa promesa se convirtió en el texto que hoy el gobierno argentino formalmente comunicará al Vaticano. Y del que, como corresponde, espera una respuesta para los próximos días. "Sin ser demasiado audaces, habrá al menos una expresión de satisfacción por parte del papado", se dijo en la sede diplomática.

En los hechos, eso se convertirá en una expresión por parte de la máxima autoridad de la Iglesia Católica, si bien en los fundamentos de la decisión presidencial se sostiene que el derecho a la vida "no es una cuestión de ideología ni de religión, sino una emanación de la naturaleza humana".

En los fundamentos se afirma que, para todos los hombres, la comunidad internacional ha destacado al niño como un sujeto digno de una especial consideración, y el hecho de que la vida, el mayor de los dones, tiene un valor inviolable y una dignidad irrepetible.

Lo que el argumento presidencial parece soslayar en su exposición es que, más allá de las convicciones personales que puedan compartirse, el momento exacto en que comienza la vida tiene más de una respuesta en la comunidad, lo que, naturalmente, abre la puerta para la expresión de esas posiciones. En ese punto, la argumentación oficial recuerda que, para la Constitución y para la legislación penal y civil del país, la vida comienza en el momento de producirse la concepción.

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