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La despedida a Gonzalo Heguy

Familiares, amigos, colegas y todo un pueblo compartieron el dolor y la tristeza en el sepelio del jugador.
Carlos Beer
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8 de abril de 2000  

INTENDENTE ALVEAR.- Casi entrando en Intendente Alvear, sobre la mano derecha y siguiendo un camino de tierra, queda el cementerio de la ciudad. En un campo lindero, cinco caballos, cuatro zainos y una tordilla, disfrutan de un mediodía de sol. Ignoran que frente a ellos pasa la caravana con el cortejo fúnebre de los restos de Gonzalo Heguy. En esa fila de casi un centenar de autos dándole el último adiós al destacado jugador -fallecido anteayer, a los 35 años, en un accidente automovilístico-, va buena parte de la familia del polo argentino.

Inmediatamente posterior al coche que lleva el féretro, juntos en un auto descienden sus tres hermanos Bautista, Horacio y Marcos; su madre, Nora, y su esposa, Jesús. Sus caras son la síntesis misma del dolor. Marcos divisa a este cronista, se acerca, hay un apretón de manos y un abrazo tan fugaz como emotivo. Ninguno de los dos pronuncia palabra. No hace falta hacerlo.

Ya dentro del cementerio, se pueden ver jugadores de toda clase y de todas las épocas. Hay grandes figuras de otros tiempos, como los casos de Juan Carlos y Alfredo Harriott y Daniel González. Hay varios polistas contemporáneos a Gonzalo, como Mariano Aguerre, Marcos Di Paola, José Rivas, Marcelo Frayssinet, Silvestre Garrós, Martín Zubía, Rubén Sola, Erasmo Gotti, José Ignacio Araya, Héctor Guerrero y Francisco Bensadón.

También hay algunos algo mayores que Gonzalo, como Alfonso Pieres, Luis Lalor, Juan Badiola y Juan Martín Zavaleta. Y dirigentes como Juan Carlos Echeverz, Manuel Campos Carlés (ex presidente de la Asociación Argentina de Polo) y José María Azumendi (presidente de la Asociación Argentina de Criadores de Caballos de Polo). Y además hay gente de este deporte, quizá no tan famosa, pero siempre importante, como los socios de los clubes Los Indios, Chapaleufú y Coronel Suárez, de los cuales Gonzalo era socio.

Obviamente, la familia -sus hermanos, sus primos- siguieron con profundo pesar cada paso de la ceremonia de despedida del ex Nº 2 de Indios Chapaleufú. Bautista y Marcos fueron de los primeros en retirarse, sosteniendo con sus hombros los brazos de una desconsolada mamá Nora. De los tres primos, Ignacio, seguramente tocado en su interior sin querer acercarse donde estaba el grueso de la gente, miraba desde algunos metros. Todo Intendente Alvear, todo el polo, lloraba esta trágica muerte.

Las palabras de Alberto Pedro Heguy, su tío, tal vez sirvan como descripción y homenaje de lo que fue Gonzalo Heguy: "Gonzalo era en la vida como era en la cancha: un torbellino. Le ponía mucha garra a todo lo que quería concretar. Su carácter fuerte se notaba en la cancha, pero fuera de ella era un muchacho muy sensible y generoso".

Y dejó otra frase más cercana al aspecto deportivo que puede permitirse una comparación con lo que pasaba fuera de la cancha: "Tal vez el juego de Gonzalo no brilló ante los ojos de la gente, que siempre destacó los goles de Bautista, la calidad de Marcos y la imagen de Horacito, pero Gonzalo brillaba y tenía luz propia y jugaba para todo el equipo".

Y según coincidieron todas las voces en Intendente Alvear, así era Gonzalo Heguy hombre: una persona que tenía luz propia y que jugaba para todos.

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