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Moriatis: el rey de la alegría

A los 29 años, con un Ford, se consagró campeón en una definición apasionante en el Gálvez; "No me gusta probar, sólo correr", sostiene quien no se considera un profesional
Roberto Berasategui
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21 de diciembre de 2009  

Son tiempos en los que el marketing deportivo domina la escena, en los que el profesionalismo de los pilotos modificó viejos rituales que alimentaban el folklore popular. Cuando la preparación y la dedicación exclusiva se convierten en pilares insustituibles en el automovilismo de los tiempos modernos, la figura de Emanuel Moriatis irrumpe con total desparpajo. Simpático, divertido, con su indisimulable apego a las salidas nocturnas, el joven piloto de 29 años pareciera pertenecer a aquellos pilotos que competían en las décadas dominadas por los representantes del bon vivant.

Sin presiones, desmitificando los "dramas" de los abandonos, de las exigencias de los patrocinadores y los designios del manual de excusas, Moriatis se transformó en el mejor piloto de la temporada del Turismo Carretera y se llevó con total justicia el título que parecía que no podía escapar de las manos de José María López. Por supuesto que el protagonismo que tuvo Pechito en 2009 fue meritorio, pero Moriatis terminó siendo el más ganador del año, con tres victorias, y avanzó desde el cuarto puesto en el que había quedado en la primera vuelta para triunfar otra vez.

Superó a Norberto Fontana con paciencia, pero también con gran categoría. Aguantó al arrecifeño (el roce lo dejó afuera) en el Curvón Salotto, donde la respiración se contiene por los 210 km/h de velocidad a la salida del viraje, y medía a Jonatan Castellano para ejecutar su salto a la punta, hasta que la mancha de aceite (ver aparte) cambió el destino de Pechito, pero no pudo torcer el rumbo de Moriatis. Con sapiencia, supo controlar su auto en medio del desgobierno para marchar rumbo al triunfo y a la corona.

"No me gusta probar. Tampoco las clasificaciones. Sólo quiero correr. Nada más. Te digo más. Cuando salí con el auto de los boxes y marchaba por la vuelta previa, pensaba qué lindo es estar arriba del auto de carreras y disfrutar de todo esto. De la gente, la hinchada de Ford, de los colegas, que me saludaban y me deseaban suerte", confesaba "Manu", mientras el equipo Lincoln Sport Group celebraba en el box.

Y es así. A nadie, dentro del ambiente del Turismo Carretera, le disgustaba ver a Moriatis campeón. Algo que López, pese a llevarse los laureles y ser considerado el mejor de todos, no pudo lograr: meterse en el corazón de la popular categoría. "Puede ser que mis colegas querían verme campeón porque hace siete años que estoy en el TC y porque saben cómo me tomo esto. Pechito es el mejor, y estoy orgulloso de haber ganado este título, con él como rival", sostuvo Moriatis, que empezó en el deporte motor cuando le robaba el cuatriciclo a su hermana, a escondidas de sus padres (intercalaba la velocidad con la práctica de boxeo), para luego pasar a la categoría Citroën, al exigente Turismo Nacional y, luego, el popular TC.

Superó aquel terrible accidente en Rafaela, en 2004, cuando su acompañante, Walter Jakowczuk, quedó al borde de la muerte y Moriatis adelantaba: "Si mi amigo no sale de ésta, abandono el automovilismo". Su acompañante se recuperó y le ordenó que siguiera en las pistas. Logró su primera victoria en Nueve de Julio, el día siguiente al que estuvo al borde de la muerte por una pérdida de monóxido de carbono en su trailer.

Moriatis entró con lo justo a la Copa de Oro. Justamente con la victoria en Buenos Aires. Y es el nuevo campeón del TC. En las antípodas de lo que impone el profesionalismo, a los 29 años ("Encaminado, gracias a mi novia, Aldana, ya no salgo en la semana previa a las carreras"), recibió la aprobación popular. No es poco, en absoluto.

  • La alegría de Cuervo, su guía en el TC

    El escribano Hugo Cuervo es el responsable del Lincoln Sport Group, el equipo que se coronó ayer por primera vez campeón en el Turismo Carretera. "Después de tantos años de perder títulos, en la última fecha, esta vez se nos dio a nosotros. La suerte ayuda, pero no define. Emanuel supo sortear el inconveniente del aceite. Ahora tenemos que arreglar para continuar juntos en 2010", dijo.
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