Rodrigo en su primer round

Adriana Franco
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8 de abril de 2000  

El jueves, por la noche, un mito comenzó a tomar forma pública. En el primero de una serie de ocho conciertos, Rodrigo aprovechó el éxito que tiene hoy en Capital para homenajear a quienes le habilitaron el camino, esos pioneros del cuarteto cordobés, revelando una historia de la que, dice, aquí no teníamos ni idea.

En el Luna Park repleto, cerca de siete mil personas gritaban y aullaban a la espera del Potro. Y él no se hizo esperar, en la primera de una serie de curiosas postales, un presentador de traje y corbata, cual fiesta de pueblo, anunció que el momento había llegado y Rodrigo apareció desde el fondo del estadio, al mejor estilo boxeador, vestido como tal -incluidos los guantes, la bata y los pantaloncitos- y rodeado de los grandotes acompañantes de rigor.

Dispuesto a dar pelea, el cantante cordobés, se instaló en el simulacro de ring armado en el escenario y comenzó a cantar, no siempre bien, pero sí con mucho carisma, las canciones que el estadio entero coreó con él, y bailó, y saltó. Un público heterogéneo como pocas veces: parejas ya maduritas frecuentadoras de salones de baile y muchas jóvenes con looks que iban del bailantero-tropical al rockero pasando por unas cuantas niñas bien. Todo en esa noche fue un canto a lo kitsch, un triunfo de la cultura más popular. Un animador de bailanta entretenía a la gente mientras el cantante recuperaba el aliento, al mismo tiempo que una muchacha rubia vestida con shorts y top atravesaba el escenario con el cartel que anunciaba el tema siguiente y el primero pedía que las "solteritas", levanten los brazos. En esta gran sopa, también se anunciaban modernidades: el Potro tiene su página en Internet, en la que convoca a todos. El show comenzó, como el último de sus discos, "Cuarteto Característico Rodrigo a 2000", con "Yerba mala", al que siguió en orden "Cómo le digo". El cordobés, que esta vez no tenía su cabeza con ningún color desopilante -apenas un tinte violáceo-, sorteaba los problemas de sonido -eterno castigo del Luna Park- y una poco disimulable disfonía, con todo su carisma y el coro permanente del público, además de los guiños que ya tiene con la gente (el repetido "¿te quedó?" y varios más. Hasta se animó, con poca suerte, a ponerle sabor a tango a su tema "Fuego y pasión" con una pareja de baile bien for-export haciendo firuletes en escena.

Luna, sucursal cordobesa

A la hora de poner en marcha el mito, Rodrigo se tomó un descanso y fue Pipo Cipolatti, de saco brillante e inamovible jopo, el encargado de presentar a los embajadores de Córdoba. Para esto, el ring se convirtió en un tablado de pueblo, y Cipolatti anunció lo que vendría, prometiendo con su característico humor, un concurso de baile, cuyo primer premio sería un Wincofon y el segundo, diez gallinas. Viaje en el tiempo.

Entonces se presentaron aquellos que el cantante homenajea en su último disco y a los que presentaron como fundadores del cuarteto, esa fusión de músicas que floreció en la provincia mediterránea. Miembros del Cuarteto Leo -"acá no lo saben, pero tienen editados 64 long plays", el cantante Carlos "Puebla" Rolán y otros que, durante poco más de media hora, animaron la fiesta en la que se había convertido el Luna, con parejas bailando en los pasillos y el resto siguiendo el ritmo con pies y brazos en alto.

Esto es también parte de una batalla que, entre bambalinas, parece librarse entre este conquistador de la capital y La Mona Jiménez, el más idolatrado por los cordobeses. Y, aunque no hubo ninguna mención concreta, sí una alusión cuando Rodrigo dijo: "Soy el segundo cordobés más famoso... el primero es De la Rúa".

Si algo faltaba para que la fiesta tuviera el toque definitivamente pueblerino, era un niño en escena. Y estuvo, claro, el hijo del cantante. Mientras terminaba el set de los invitados cordobeses, apareció allí, bailando como si fuera en el living de su casa, festejado por su padre y por todo el estadio. Y se quedó, tan rubiecito, haciendo los pasitos entre los músicos, mientras papá Rodrigo se acercaba al final de la primera noche con "Soy cordobés".

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