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Venden a Moon la embajada argentina en Montevideo

El líder de la secta pagó, a propuesta de Antonietti, US$ 2.700.000 por la sede.
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23 de diciembre de 1998  

El gobierno argentino vendió el tradicional edificio de la embajada argentina en la avenida Agraciada, de Montevideo, a la secta Moon y compró el inmueble de la representación diplomática de Corea, para residencia del jefe de misión.

La venta se concretó en 2.700.000 dólares y, la adquisición, en 1.850.000 de la misma moneda.

La operación fue propuesta por el embajador Andrés Antonietti, que expresó su deseo de invertir una buena parte de la diferencia en el acondicionamiento del edificio adquirido, tema sobre el que se expediría la Cancillería el mes próximo, después de una evaluación técnica.

El Palacio Berro, como se lo conocía, que hasta hace un lustro fue sede de las oficinas y residencia del jefe de misión, se hallaba en desuso desde que la anterior embajadora Alicia Martínez Ríos mudó las dependencias a un edificio céntrico y alquiló una casa en Carrasco para vivienda.

Martínez Ríos había expuesto que la casa se hallaba seriamente deteriorada y que hacerla cómodamente habitable sería muy oneroso.

Historia

El edificio está emplazado en el barrio de El Prado y tiene 130 años. Había sido construido, entre 1871 y 1874, por el ingeniero uruguayo Ignacio de Pedralbes para Aurelio Berro. Por aquel entonces integraba una serie de casas quintas donde veraneaban las principales familias montevideanas.

Berro la ocupó poco tiempo y después de un corto período en el que fue sede de la delegación francesa, en 1888 pasó a serlo de la embajada de la Argentina, destino que mantuvo hasta hace pocos años, cuando la embajadora Martínez Ríos dispuso el traslado de las oficinas a la céntrica calle Cuareim y de la residencia de los embajadores al barrio de Carrasco. La Argentina había adquirido la sede durante la gestión de Roque Sáenz Peña, como jefe de su legación.

En medios uruguayos se conoció que una empresa que organiza fiestas y reuniones se había interesado en la residencia, por lo cual Antonietti pidió a la Cancillería instrucciones para su venta; se le respondió que el precio testigo era de 2.200.000 dólares.

La empresa solicitó por un préstamo a una institución bancaria que, se asegura, pertenece a Moon, la que finalmente realizó la adquisición.

Estiman las fuentes consultadas que la operación formaría parte de una campaña de relaciones públicas para cambiar la opinión que se estaría generalizando en ese país sobre las actividades de la organización del reverendo Moon. Como se trata de un edificio de muy alto valor afectivo para los uruguayos por diferentes cuestiones, el hecho de que se le devuelva su antiguo esplendor y se lo destine para actividades culturales, como se dice que harán sus nuevos dueños, contribuiría al mejoramiento de su imagen.

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