No todo lo que reluce es oro

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26 de enero de 2010  

LONDRES.-El museo Victoria and Albert de Londres expone desde el sábado un centenar de falsificaciones de obras de arte confiscadas por la policía en varios casos famosos, como el del prolífico Shaun Greenhalgh, que durante 17 años creó cientos de réplicas valoradas en millones de libras.

"No es una exposición de lindas obras artísticas", explicó Vernon Rapley, responsable de la Unidad de Artes y Antigüedades de Scotland Yard, que patrocina El arte del crimen, obras falsas, obras falsificadas y la ley, una muestra de pesquisas policiales de este arte tan antiguo como el propio arte.

"Es más bien una exploración de cómo investigamos, cuáles son las preocupaciones actuales, qué le decimos a la gente que debe saber para protegerse de comprar falsificaciones en el futuro", agregó.

El caso de Greenhalgh, un británico condenado en 2007 a casi cinco años de cárcel tras haber vendido falsificaciones por 850.000 libras, ocupa la mitad de las tres salas dedicadas a estas obras, que, si fueran auténticas, podrían valer hasta 4 millones.

En una de ellas se recreó el cobertizo situado en el jardín de su casa, donde con herramientas y materiales rudimentarios este hombre sin formación previa falsificó desde vasijas romanas hasta cuadros del pintor inglés L. S. Lowry, pasando por esculturas, joyas y otras antigüedades.

"Greenhalgh fue probablemente el falsificador de arte más diverso del que hayamos oído hablar jamás. Creó objetos de tantos estilos y de tantos períodos que no pudo ser detectado rápidamente", agregó Rapley.

Hasta el 7 de febrero el público podrá descubrir la réplica de un busto de mármol de una princesa egipcia de la época Amara, que Greenhalgh vendió por 440.000 libras al Museo de Bolton (noroeste de Inglaterra), su ciudad natal, donde fue vista por miles de personas.

Junto a ella también se puede ver el supuesto relieve asirio de un soldado guiando a un caballo que tenía un error ortográfico, por el que el falsificador, que trabajaba en colaboración con sus octogenarios padres, fue finalmente desenmascarado.

El caso, considerado como el mayor fraude de este tipo en Gran Bretaña, mostró la falta de comunicación entre los museos, el mercado del arte y la policía, que en la actualidad trabajan conjuntamente con la supervisión de la Unidad de Artes y Antigüedades, formada por cuatro detectives.

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