Campeones anónimos

Detrás de las disciplinas convencionales, los atletas con capacidades diferentes también conocen la consagración olímpica
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2 de febrero de 2010  

Dante Tosi tiene 70 años, pero parece de muchos menos, no sólo por su físico, que semeja el de un hombre de unos 50 o 55, sino por su memoria, que rápidamente trae fechas, recuerdos y anécdotas; la de un hombre que comenzó a forjar el camino del deporte paralímpico en la Argentina. Un movimiento poco conocido, que envuelve a diez federaciones y que tiene un elevado nivel competitivo, con atletas que pueden dedicarse de lleno a la actividad con sponsors y becas, y otros que se destacan en ligas en el exterior.

Afectado por una de las grandes epidemias de poliomielitis, sus piernas quedaron paralizadas y tuvo que aprender a moverse con muletas. Nada fue sencillo; ante el desconocimiento y el miedo de sus padres, fue abandonado en el Hospital de Niños. Pasaron los años de rehabilitación en soledad, hasta que Adolfo Mogilevsky, un kinesiólogo y preparador físico que trabajaba en el Servicio Nacional de Rehabilitación, lo vio moverse en su silla de ruedas con velocidad y agilidad, y le vio aptitudes para jugar al básquetbol. "Mogilevsky me explicó hasta cómo se jugaba, porque yo no tenía idea de qué se trataba. Cuando empecé a hacer deporte, me di cuenta de que para esto servía, que tenía que aprovecharlo", relata Dante, que se adjudicó el bronce en 25m espalda en Roma 1960, y cuatro años después, de Tokio, obtuvo plata en básquetbol y bronce en 50m espalda.

Mogilevsky, que tiene 93 años y una extensa carrera como preparador físico -incluso trabajó en el seleccionado nacional de fútbol-, fue el hombre que, motivado por aprender la forma correcta de rehabilitar y entrenar a las personas con capacidades diferentes, buscó en Inglaterra los entrenamientos de aquellos que tenían mayor experiencia al respecto. Le enviaron 12 pasajes para él y un grupo de deportistas, incluido Tosi, para participar de un torneo, en Londres. Ese viaje, en 1957, con un barco prestado por la Armada Argentina que llevaba carne de exportación al continente europeo, fue el primer paso de nuestro país dentro del deporte paralímpico.

El nadador Guillermo Marro, que ganó tres medallas (bronce en Sydney 2000 y Pekín 2008, y plata en Atenas 2004, todas en 100m espalda), es quizás el fiel reflejo del momento del deporte paralímpico. Tiene una dislocación de cadera, un problema óseo que no le permite mover las piernas. "La gente no veía el deporte nuestro como de alto rendimiento, pero ahora sí. Yo me entrené muchas veces con José Meolans en la pileta de River, y a pesar de que los tiempos son muy diferentes, trabajamos con la misma cantidad de pasadas", dijo Marro, que tiene 26 años y se prepara para el Mundial de Holanda, en Eindhoven, del 15 al 21 de agosto. Como medallista olímpico, Marro recibe una beca de unos 4000 pesos de la Secretaría de Deporte.

El movimiento está en pleno crecimiento, pero no está exento de las dificultades que existen en el deporte amateur en nuestro país. Susana Masciotra, vocal del Comité Paralímpico Argentino y secretaria de la Federación Argentina de Deportes sobre Sillas de Ruedas (Fadesir), reconoce que desde la Secretaría de Deporte hay buena predisposición, pero que no es suficiente. "Este año vamos a tener el mismo presupuesto que el anterior (en Fadesir). La Secretaría no llega a cubrir todos los gastos, y muchas veces recurrimos a rifas o ponemos plata de nuestro bolsillo", dijo Masciotra, que ganó cuatro medallas (oro en Tel Aviv 68 en slalom -velocidad sobre silla de ruedas- y plata en básquetbol femenino, bronce en Toronto 76 y plata en Arnhem 80, las dos en natación por equipos), y aún hoy compite, en esgrima.

Aunque la Argentina no es una potencia mundial, consiguió muchas medallas en los primeros Juegos, creados por el polaco Ludwig Guttman, un neurólogo que buscó alternativas para rehabilitar a sus pacientes, que comenzaron en Roma 60. Las epidemias de polio que hubo en nuestro país durante las décadas del 40 y 50, que dejaron una gran cantidad de personas discapacitadas, derivaron en el acercamiento al deporte.

Silvia Cochetti es la argentina que más medallas ganó en la historia. En Tokio 64 y Tel Aviv 68 arrasó con todo lo que tuvo por delante. Incluso marcó un récord olímpico, en bala, en Tel Aviv. "Siempre me atrapó el deporte, y creo que lo más importante es que con algunos logros se llegó a cambiar, aunque sea un poco, la conciencia de las personas", dice Cochetti, de 63 años, que obtuvo doce medallas en atletismo (lanzamiento de clava, bala, posta 4x40m y pentatlón), básquetbol femenino y natación (50m pecho, espalda y libre).

Con los años, esa camada gloriosa dejó el deporte, los niveles se equipararon y la competencia fue cada vez mayor. Hoy, para acceder a los Juegos, se debe cumplir con las marcas requeridas u obtener primeros puestos en campeonatos sudamericanos o parapanamericanos.

Alejandro Maldonado, número 3 del ranking mundial de maratonistas, reconoce la evolución. "El deporte paralímpico transpira la camiseta en serio; acá no hay discapacidad que valga; en Londres 2012, la Argentina va a dar la sorpresa con una camada importante", dijo el marplatense, que se entrena en triple turno para una exigente gira por Europa, con el presupuesto y los objetivos aprobados por la Secretaría.

A los 39 años, Silvio Gutermajer es jugador de básquetbol sobre sillas de ruedas de Juventud, de Balandera, España. Hace siete años que, a través de Fabián Castilla, otro argentino que ya estaba jugando en Europa, actúa en la Liga Española. "Soy contador público, pero con la crisis de 2001 me quedé sin trabajo y salí a vender pastillas de menta a la calle. En 2003 me llamaron de un equipo de Vigo, porque necesitaban un jugador alto, de mi puntaje [pues en el básquetbol se adjudican puntos a cada jugador, según sus facultades físicas, para equiparar los niveles de los equipos] y no lo dudé. Me pagaban unos 600 euros, con casa y comida", dijo Gutermajer. En España, muchos encuentros de básquetbol sobre silla de ruedas son televisados, y entre 300 a 500 personas van a verlos. Además de Gutermajer, hay otros argentinos compitiendo en el exterior: Cristian Gómez, en Vital Amfiv, de Vigo, y Adolfo Berdún, y Maximiliano Ruggeri, en Sassari, de Italia. La mayoría fueron vistos por dirigentes que se acercaron a los Juegos Olímpicos o Mundiales en busca de talentos.

"Todo esto va a seguir creciendo. Yo estoy contento porque aporté mi grano de arena", cuenta Tosi, antes de ir a entrenarse con el equipo argentino de esgrima; al otro día irá al Tigre para correr en kayak, actividad que empezó a practicar el año pasado y que se encarga de difundir a todos los «rengos» que conoce, como él mismo llama a las personas con capacidades distintas. Como aquel viaje a Londres en los 50, este deportista vuelve a ser un precursor. Otra vez, sus pasos dejarán huella en el deporte paralímpico.

  • Habrá dos respresentantes en Vancouver

    Por primera vez, la Argentina contará con participación en los Juegos Paralímpicos de Invierno. A Vancouver, este mes, acudirán Leonardo Martínez y Jean Maggi, ambos en esquí alpino en silla de ruedas, luego de recibir invitaciones especiales.
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