Beyoncé en Buenos Aires: la identidad de una diva

La cantante se presentó en el Hipódromo de San Isidro, en su primera visita a nuestro país; crónica y fotos.
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13 de febrero de 2010  • 09:40

Se abrió el telón y un haz de luz marcaba su silueta orgullosamente curvilínea. En un power-walking con la fuerza de un camión a 180 km/h, Beyoncé emergió de la bruma para cantar su primer hit solista "Crazy In Love". Desde ahí quedó claro que la ex Destiny´s Child, símbolo sexual y diva máxima de la música pop urbana, subió en modo Sasha Fierce, el incandescente alter-ego que plantea I Am..., el disco que la trajo por primera vez a la Argentina.

Es la hembra feroz, destinada a incendiar la pista con el R&B salvaje y futurista, que fue alternando el protagonismo con la otra cara: la baladista dulce y bien intencionada. Es la misma Beyoncé, pero más enfocada a la acrobacia vocal que le demandarán "Ave Maria", "Broken Hearted Girl" y su balada feminista "If I Were a Boy". En esta última levantó un fragmento del rabioso hit de Alanis Morissette "You Oughta Know", que anunció cuál de las dos caras prevalecería: "Diva" la tuvo brillando en la oscuridad con un vestuario luminoso, (casi) rapeando y sobre su estatus de estrella global. En "Radio" se proyectó el video de una Beyoncé de no más de 7 años cantando en el living familiar y se confirmó lo sospechable: hasta en tamaño miniatura, ¡siempre fue una diva!

El show, que llegará a Chile el domingo, está potenciado por incontables efectos visuales, con proyecciones y luces que intervienen en cada pasaje. Pero por cada truco tecnológico, el espectáculo posee un elemento orgánico old-school que le da la fuerza sanguínea que tiene su cóctel musical negro: R&B, funk, soul y hip hop. Hay ocho bailarines, una banda completamente femenina con percusionista, sección de vientos, dos bateristas, dos tecladistas, guitarrista y bajista, más las exuberantes coristas XL, The Mammas. Todos tendrán su ratito de protagonismo, en los momentos que B corre tras bambalinas a transformarse con los diseños del célebre Thierry Mugler, vestuarista, asesor artístico y médula estética del show.

Pero entre tantos ingredientes el sabor definitivo lo pone Beyoncé, sobre todo cuando no se concentra en dividirse en alter-egos. En más de una ocasión pasó a un segundo escenario, más pequeño, entre las filas vip. Allí se puso casi cara a cara con el público, y desplegó su belleza a prueba de lupas y su talento más allá de los trucos y las múltiples personalidades. Sonaron "Baby Boy", "Upgrade U " y "Check On It", en su mayor parte con diez puntos en canto y baile. También hizo "Irreplaceable" con partes de su floja traducción al español y se olvidó la mayoría de la letra, un gesto simpático entre tanta precisión y virtuosismo interpretativo. "Gracias por ayudarme con mi español", dijo entre risas, mientras flameaba la bandera Argentina en las pantallas. No faltó el festejado medley de Destiny’s Child, con pedacitos de "Bootylicious", "Bug A Boo", "Jumpin´ Jumpin´, y "Say My Name".

La cita fue en el Hipódromo de San Isidro, y la disposición elegida para el escenario, las plateas y el campo se vivió como un desacierto para los que pagaron el precio mínimo, de 150 pesos, que vieron el escenario con dificultad. El resto, a pesar del valor de las entradas (¡superiores a las de Madonna en sus shows en River!), definitivamente hizo un buen trato.

Hacia el final un divertido montaje de versiones YouTube anticipó el hitazo "Single Ladies ", que Beyoncé bailó cómo si estuviera dando una clase magistral de coreografía. El cierre fue con su balada "Halo". La dedicó a Michael Jackson y al recientemente fallecido diseñador Alexander McQueen, luego de descender al vallado y tocar las manos de casi todos los fans de la primera fila. Pero el concierto no terminó hasta que le cantó el feliz cumpleaños a cada cumpleañero presente. Para el momento en el que se despidió diciendo "I am... yours" ("Soy suya"), ya había demostrado que más no se le puede pedir.

Por Gabriel Orqueda

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