Memorias de un gran éxito

Ernesto Schoo
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2 de enero de 1999  

La edición de esta columna publicada el sábado 14 de noviembre con el título de "Una flor para Paul Misraki", donde se evocaba al compositor francés y su colaboración en la comedia musical argentina de más éxito, "Si Eva se hubiese vestido" (1944), tuvo una resonancia que no esperaba. Cartas y llamadas telefónicas de lectores, y hasta el reconocimiento de algunas personas por la calle, y dos testimonios especialmente conmovedores. Uno, el de Ben Molar, que colaboró en la parte musical del espectáculo.

Otro, el del doctor Julio Alberto Gallo, hijo del empresario del Astral, don Francisco Gallo, cuyo nombre, a causa de una omisión involuntaria -por la cual se piden disculpas-, no se mencionó en la nota aludida. "No hubiera abundado -dice- el señalar que mi padre, Francisco Gallo, junto con el señor Rayneri, produjeron la obra asumiendo el "riesgo grande de presentar un musical autóctono", el cual, no obstante, se transformó en uno de los mayores éxitos de los muchos que produjeron".

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Y acompaña una fotocopia del programa de la representación número 122, del sábado 9 de septiembre. En la tapa, en colores, una imagen idealizada del frente del Astral en medio de una avenida Corrientes nocturna, constelada de letreros luminosos, poblada de gente y de multitud de automóviles, y al fondo, aguja de plata, el Obelisco. En el interior, primero las fotografías de las figuras titulares del elenco, Compañía Argentina Gloria Guzmán-Enrique Serrano, con Juan Carlos Thorry y Blackie (sendas fotos), y Emilia Helda, Carlos Castro, Susana Vargas, Amalia Bernabé y Elvira Remet. Orquesta de 28 profesores. Dirección: Antonio Cunill Cabanellas (nada menos), con la colaboración de Mercedes H. Quintana (en la coreografía). La página tres se abre con una palabra en mayúsculas, "Exito", y sigue: de la comedia musical en 5 escenarios "Si Eva se hubiese vestido...", original de Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari, música de Paul Misraki. Luego, el reparto, donde además de los nombrados figuraban los actores Alfredo Jordán, Julián Bourges, Tomás Hartich y Hugo Míguez.

Algunas curiosidades del elenco secundario: entre las "mujeres" figura una incipiente Diana Maggi; hay un Gustavo Garzón entre los "amigos" (imposible que sea el actual); entre los "veraneantes", Jorge Jaumandreu (hermano de Paco, el modista) y Ricardo Castro Ríos. Apuntador es José Leygualda, y Ricardo Leygualda el régisseur. Maestro director de orquesta: Bert Rosé. Decorados del arquitecto Ricardo Conord (marido de Mecha Quintana y escenógrafo oficial de los estudios cinematográficos Lumiton). Y una advertencia final: "Los vestidos que luce la señora Gloria Guzmán son de Fridl Loos, Henriette y Vengerot. Los de la señora Blackie, de Héctor Ferngó". Aclaro que Eduardo Lerchundi, a quien nombré como diseñador del vestuario, fue quien dibujó los modelos para la revista El Hogar.

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En la contratapa figura aquella legendaria disposición municipal: "Uso de los sombreros (Art. 1869, 70 y 71 del D.M.). Queda prohibido en las plateas, tertulias altas y demás secciones en común del teatro, la permanencia de personas de ambos sexos con sombrero puesto, una vez empezado el acto". En cuanto a los precios de las localidades, la platea costaba (incluido el impuesto de la ley 12.704) cuatro pesos, tres el superpullman, dos el pullman y venticinco los palcos bajos o balcón con cuatro entradas. Cabe recordar que el más humilde empleado público cobraba por mes ciento cuarenta y siete pesos con veinte centavos (doy fe). Sin duda, el teatro resultaba en aquella época más accesible a un espectador de medianos ingresos que hoy. Todo era comparativamente más barato y perduraba el mito de la Argentina "granero del mundo", de abundancia y derroche legendarios. La realidad lo desmentía, pero ¿quién se preocupaba entonces de la realidad?

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