Se fue un militante de la excelencia

La Camerata Bariloche se quedó sin su líder
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7 de marzo de 2010  

Anteayer, cuando se avecinaba la noche, escueta, corta e inapelable, llegó desde Montevideo la noticia que daba cuenta del fallecimiento de Fernando Hasaj, a los 52 años. Y la tristeza se instaló invulnerable. Es que más allá de los dolores y las congojas que toda muerte provoca, en este caso, para mayor desconsuelo, se agregaban esa edad absurda, sus valores musicales y, sobre todo, la calidad humana de Fernando, un violinista estupendo, un director consumado, un artista cabal, un docente reconocido y un ser humano maravilloso.

Fue de tal intensidad su vida musical que una mera y extremadamente acotada enumeración de su trayectoria da lugar a una larga lista de hechos notables. Se formó en su Uruguay natal y después en Italia y en Buenos Aires. Fue concertino de la Orquesta Sinfónica del Sodre y de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Como solista, actuó con las principales orquestas de América latina. Entre muchos más, fue invitado a participar en el Festival Internacional de Gramado y en el XX Festival de Invierno de Campos do Jordão, ambos en Brasil, en el Festival de Otoño de Madrid, en el Festival de Música Contemporánea de Louisville y en el Festival Internacional de Blonay-Saint Légier, Suiza. Fue miembro fundador del Cuarteto de Cuerdas Buenos Aires, uno de los ensambles de cámara más destacados de las últimas décadas, y también ofreció innumerables recitales de cámara.

Concertino y director

Con todo, lo que le dio una trascendencia diferente y un reconocimiento generalizado fue su trabajo como concertino y director musical de la Camerata Bariloche, tarea que se extendió a lo largo de sus últimos diecisiete años y que le permitió mostrarse ya no como un violinista prodigioso, sino como un músico completo.

En 1993, fue convocado para dirigir los destinos de la Camerata, por la sabia decisión de quienes habían observado que el camino recorrido hasta ese entonces tenía un final cierto y cercano. A su juego lo llamaron: Fernando le cambió el perfil a la agrupación de cámara más gloriosa de la historia argentina y la llevó a frecuentar obras y estéticas hasta ese momento ajenas. Sin dejar de lado los repertorios barrocos y clásicos por los que habían transitado, el horizonte se amplió hacia obras románticas y contemporáneas que, bajo su manto y dirección, eran interpretadas siempre en un altísimo nivel artístico. Tal vez, el testimonio más relevante de este sendero que Hasaj realizó con la Camerata Bariloche sea el compacto Nostalgia , con obras de Takemitsu, Stravinsky, Schönberg y De Falla.

En septiembre de 2007, en Bariloche, la Camerata celebró su cuadragésimo cumpleaños. Fernando tocó, dirigió y fue, además, solista en dos conciertos. En el segundo de ellos, en la Biblioteca Sarmiento, el lugar que había visto el nacimiento del conjunto, Hasaj, aún con insistentes accesos de tos, llevó adelante un recital de profundos contenidos emocionales y simbólicos. Después de esta presentación, la enfermedad lo mantuvo alejado de los escenarios durante más de un año. A pura voluntad, en marzo de 2009, retornó a la actividad, en un concierto de lujo que la Camerata ofreció en el Auditorio de Radio Nacional. Y después, esporádicamente, encontró algunos momentos de mejoría como para permitirse llevar adelante las que habrían de ser sus últimas actuaciones.

La tan temida y no por eso menos aguardada mala nueva llegó hace dos días. Con Fernando Hasaj se va un músico excepcional, un artista que, con vocación de militante, persiguió a la excelencia como un obsesivo modo de vida. Y no es cierto aquel adagio que insiste en que nadie es irreemplazable. Por una suma de calidades personales y artísticas, el lugar de Fernando quedará vacante. Habrá otros, claro que sí, pero, decididamente, ninguno como él.

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