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"Mirtha Legrand no entiende la televisión"

Análisis: Romay analizó la última etapa televisiva de la estrella y cuestionó la estrategia de los nuevos dueños del ex Canal 9.
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10 de enero de 1999  

Quizá porque ahora sus inversiones afectivas y económicas están en las tablas, para Alejandro Romay el medio televisivo parece no estar asociado a buenos recuerdos. "Agradezco a Dios que me haya apartado de la televisión" dice el ex zar como quien se ha sacado un peso de encima. Tanto es así que su nuevo entusiasmo por el teatro le hace disparar "la televisión está muerta", una frase impensable dos años atrás.

"Es un medio muy exigente y hoy la inversión tiene que ser muy importante para hacer un buen producto -explica el empresario-. La desgracia de la televisión es que no tiene tiempo para la reflexión. No hay tiempo para la crítica. Se termina de grabar y ya sale al aire y eso realmente agota porque todo se te escapa de las manos. Querés hacer una obra importante, un Dostoievski, un Miller, un O´Neill y no hay tiempo para los ensayos. Lo que sale no es la expresión pura de un libro de esa envergadura."

-Pero Ud. en televisión ha hecho mucho entretenimiento.

-Sí, sin ir a lo más profundo. Pero el entretenimiento es como que no te deja nada. Además, se ha ido cayendo y la gente se va cansando, entonces la apelación tiene que ser más fuerte. Uno dice el primer día "jo..." y provoca una risa. Después dice "jo..." y no se ríe nadie. Entonces, el tercer día ya se le antoja decir una mala palabra y entonces la gente se ríe. Como la gente se ríe, cinco programas de la mañana a la noche dicen "pel...". Entonces la gente ya no se ríe más. Se van bajando los peldaños hasta niveles insoportables. Hoy el encendido de la televisión, que solía estar en el 60 por ciento de la audiencia, está en el 50. El 25 por ciento de la audiencia le pertenece al cable y el otro 25, se la dividen entre cinco canales.

-Mirtha Legrand dijo en su último programa que en la televisión ya no había moral. ¿Ud. cree que por eso no tiene lugar en la TV?

-¿Quiere que le sea sincero?

-Sí.

-La señora Mirtha Legrand, a quien admiro profundamente por su vocación, por su inteligencia y por su claridad, no entiende la televisión. De ahí nuestras constantes discusiones, que terminaban porque yo siempre me rendía y le decía: "Mirtha vení porque te necesito". Y ella venía. Formábamos los dos una fuerza que parecería que era opositora y, en realidad, los dos amábamos el espectáculo. Pero Mirtha no entiende que televisión tiene que tener resultado favorable entre ingresos y egresos. Distinto es cuando el resultado es negativo, cuando ya no se facturan los ochocientos, novecientos mil dólares por mes, que era lo que ella facturaba. Mirtha llegó a facturar un millón ochocientos mil dólares.

-¿Y en el último tiempo?

-No llegaba a los doscientos mil.

-Mirtha Legrand terminó con el comienzo de Azul TV. ¿Ud. fue invitado a la fiesta de lanzamiento?

-Sí, pero me parece que no es bueno que mi imagen esté en ese lugar. Le agradecí a los directivos del canal la invitación, pero ellos tienen que, de alguna forma, borrar mi imagen y formar otra que sea de atracción para la gente, una imagen querida. Creo que yo lo fui con cierta modestia, con ciertas limitaciones. Pero fui creíble.

-¿Le molestan las bromas a su costa, como las que se hicieron en esa fiesta?

-A mí no me molesta. Estoy de vuelta de todas las cosas. Esas actitudes tienen que ver con el resentimiento y con la envidia. Analicemos la situación, se presenta el nuevo canal, están las nuevas autoridades, esa persona que hizo el chiste es parte del circo y sube al escenario. Entonces, se friega en el patrón que se fue para quedar bien con el patrón que viene. Pero resulta que ese patrón me llamó al día siguiente y me dijo: "Che, ese estúpido de amigo tuyo estuvo diciendo barbaridades ayer en la presentación. No sé si rajarlo hoy o rajarlo mañana".

-¿Fue Carlos Avila, el nuevo presidente del canal, quien lo llamó?

-No lo puedo decir.

-¿No le resulta raro que Canal 9 ya no se llame así?

-Yo mismo estoy sorprendido. Todos los canales del mundo tienen siglas, no tienen colores. El número ya es un accidente porque el 9 para quienes tienen cable, sale en el 8. Creo que ellos tenían el mejor logo del mundo, aquellas manos de ese chico hermoso de ojos azules que recibía una paloma que venía como un regalo del cielo. Ese logo fue la cosa más hermosa. Pudo no gustarles el corazón de la gente, ese triángulo que era la templanza, la organicidad y el equilibrio, pero que no fue como la paloma o la palabra Libertad que inmediatamente suscitó la atención y la estima de la gente porque el canal también respondió a esos principios. Para ser puntual en la respuesta, no conozco ningún canal que lleve un color porque la televisión está integrada por tres colores: el verde, el rojo y el azul. Integrados, no separados. ¿Cómo se puede hacer una imagen televisiva con el color azul? Es absurdo.

-¿Le pagaron todo lo adeudado por la venta de Canal 9?

-No. Eso se vendió un 60 por ciento en efectivo y un 40 por ciento a un año. Todo lo demás se alquiló porque lo que yo vendí, en el fondo, fue la señal, no vendí el canal.

-¿Estamos hablando de las instalaciones de Dorrego?

-Exacto. Las instalaciones no se vendieron

-¿Siguen siendo suyas?

-Claro. Me pagan un alquiler.

-¿Pero es un contrato de leasing o de alquiler?

-Es un contrato a ocho años con opción de compra.

- ¿Qué pasó con el 40 por ciento faltante?

- Estamos discutiendo algunos aspectos contables, algunos créditos y otros débitos que tenían los balances. Estamos tratando de ponernos de acuerdo. Hay buena voluntad de las dos partes.

-¿La fecha de pago está vencida?

-Sí, fue el 7 de diciembre.

-¿Ud. les dio una prórroga?

-Hasta el 15 de febrero.

-Si no la hacen efectiva, ¿a Ud. le corresponden acciones del canal?

-Tengo un fondo de garantía donde está la deuda acompañada por el ciento por ciento de las acciones. Así que si no cobro me quedaré con todo, pero no me haría cargo del canal, inmediatamente lo pondría en venta. Me he sacado esa espada de Damocles de encima. Ya no quiero más televisión. Amo el espectáculo en serio, donde no hay que despedir todos los días a un director o enojarse con un productor. No quiero más esa vida. En la TV, o te quedas al frente pilotando el barco, o te quedas en los Estados Unidos en un directorio desde donde impartes órdenes que nadie entiende, que es como funciona la televisión ahora.

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