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Ultimo tango en el Buenos Aires de 1910

Ernesto Schoo
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13 de marzo de 2010  

Los festejos del Centenario, en 1910, tienen su correlato en los espectáculos. En el Pabellón de las Rosas, en Palermo, "niñas y jóvenes distinguidos de la mejor sociedad" representan, el 1° de enero de ese año, "cuadros vivos" sobre la Revolución de Mayo. Al día siguiente, la Municipalidad prohíbe la "reminiscencia histórica" El Parque, de Vicente Martínez Cuitiño y José González Castillo, sobre la revolución que en 1890 hizo caer al presidente Juárez Celman. Las autoridades entienden que es una apología del levantamiento armado, en momentos de tensión ciudadana.

La prensa porteña dedica escandalizadas notas -en La Razón y en El Diario - al teatro nacional, del que abominan, y al tango y sus cultores: hablan pestes de los gustos del público y el de sus propios colegas. A comienzos del 10, se inaugura el restaurante con cabaret Armenonville, en la avenida Alvear y Tagle, que será uno de los más famosos lugares de tango. El ritmo de origen arrabalero y prostibulario comienza a seducir también a las clases altas, y sus primeras orquestas y cantantes van desde los cafetines suburbanos hasta los salones encumbrados. Diez años después, el tango obtendrá su patente de nobleza en París.

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Entre los visitantes ilustres que la celebración convoca, están los españoles Santiago Rusiñol y Ramón del Valle-Inclán, nada menos. El catalán Rusiñol -novelista, periodista y sensible paisajista- pondera a Florencio Parravicini, "artista que no puede compararse con ninguno". El 16 de mayo, el Apolo estrena la revista "literaria, satírica y musical" El Centenario , de Camilo Vidal y el maestro Cheli, con gran éxito. Los tangos reflejan el interés de la época: "La Infanta", de Vicente Greco (homenaje a la infanta Isabel de Borbón, enviada especial de su sobrino Alfonso XIII), e "Independencia", del pianista Alfredo Bevilacqua.

El 18 de julio se estrena en el Apolo el drama en tres actos y en verso 1810 , de Martín Coronado, con aplausos para el actor Salvador Rosich y abucheos a la muy modesta producción. Los historiadores -entre ellos, Beatriz Seibel, de cuya Historia del teatro argentino extraemos los datos de esta nota- coinciden en que hubo tantos espléndidos espectáculos en la calle (desfiles, sobre todo, y presencia de personalidades famosas), que los del escenario no atrajeron demasiado. Además, cundía el pánico por el paso del cometa Halley, que, según el astrónomo francés Flammarion, reduciría a cenizas el planeta: en más de un piringundín boquense se invitó a bailar, en la noche del 18 de mayo, "el último tango".

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