El peso de una deuda asfixiante

Luis Cortina
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14 de enero de 1999  

Brasil es un paciente al que los chequeos de presión, electrocardiogramas y hasta los análisis de orina le dan todos bien. Pero el problema es que tiene una boa constrictor en la garganta: su enorme deuda interna, de alrededor de US$ 300.000 millones a una tasa del 29-30% anual real en dólares, que asfixia sus cuentas fiscales como en un círculo vicioso.

Ningún analista cree que la devaluación de ayer sea la última medida que el presidente Cardoso y su ministro Malan tomarán en los próximos días, pero las dudas se limitan a apenas un par de alternativas.

De hecho, nadie está convencido de que el nuevo techo de 1,32 real por dólar no sea perforado en el futuro. Una devaluación más profunda permitiría licuar los fuertes pasivos del gobierno en reales. Pero es un juego que nadie sabe dónde termina.

No son pocos los que ven en un horizonte cercano una reestructuración compulsiva de aquella deuda, en una recreación del Plan Bonex conocido por los argentinos o un esquema similar al Brady, que consolidó la deuda externa de varios países hace años. El problema es que los pasivos del gobierno son activos por cobrar en la cartera de muchos bancos. Se calcula que alrededor del 50% de esas carteras está constituido por títulos públicos. Sería para no olvidar la cara del director financiero de cualquiera de esas entidades el día que le digan que lo que él pensaba recuperar en 30 días ahora lo haría en, por ejemplo, 10 años. Finalmente, no es totalmente descartable un gran operativo de ajuste, apoyado con las leyes aprobadas ayer por el Congreso.

Para la Argentina, el escenario "menos" doloroso es la recesión. Es esperable una suba en las tasas de interés y algunos problemas para los exportadores. "Pero no es tan dramático, frente al descalabro que implica otra opción."

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