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Homenaje

La identidad argentina interpretada por los diseñadores del Bicentenario
Gabriela Cicero
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25 de marzo de 2010  

Pasado de Moda 1810-2010 seguramente no quedará en el olvido. En el Rosedal, miles de personas revivieron la moda de otras décadas, en un encuentro multidisciplinario para festejar el Bicentenario, el viernes último.

El megaescenario reunió la mejor tecnología con pantallas que proyectaron en grande a los 32 músicos de la orquesta Hypnofon que sonorizaron cada desfile, o los pasos de danza del Ballet Contemporáneo del Teatro General San Martín, dirigidos por Mauricio Wainrot.

Fueron doce diseñadores los que dieron clase de historia. Cada uno reinterpretó una época, que no se inició a partir de 1810, sino cien años después, y tampoco fue al pie de la letra. Algunos respetaron las tipologías, los colores y los estilismos que imperaban. Otros plasmaron en las prendas la ideología de esos tiempos, como una obra de arte, sus impresiones.

Comenzó Laura Valenzuela, con la belle époque. La diseñadora se lució con vestidos lánguidos y bordados, con algunos destellos y plumas muy sutiles. Así comenzaron los aplausos de la noche.

La siguiente fue Cecilia Gadea, que no abandonó su calado láser, pero bajó el talle a la cadera y subió la falda por debajo de la rodilla, una osadía en esos tiempos, los de Coco Chanel y Madame Vionnet. Mientras tanto, narraba Teté Coustarot que las argentinas eran consideradas unas de las más elegantes del mundo. Ya disfrutaban del tango y del charleston.

Los Carnavales de Mayo los representó Mónica Socolovsky, creadora de Sathya. Sus modelos brillaron en el escenario con bordados, lentejuelas, vinchas y flecos, muchos flecos, que acompañaban los movimientos de una mujer con un espíritu más rebelde.

A su turno, Marcelo Senra con los años 30, marcado por el surrealismo, que específicamente en la moda se manifestaba en la ropa de Elsa Schiaparelli. El diseñador salteño puso en escena vestidos largos, con un hombro descubierto, transparencias en capa sobre capa, adornados por buches.

De los años 40 y la crisis por la Segunda Guerra Mundial se ocupó Vicki Otero, con una sastrería negra, austera y de muy buen corte. Puso abotonadura militar y marcó los hombros en tapados, chaquetas, bien acompañados por faldas con un poco de vuelo. El largo, a la rodilla.

Y finalmente llegaron los años 50, con el New Look de Christian Dior. La cintura de avispa marcada para una pollera a todo volumen. El turno fue para Pablo Ramírez, que después de mostrar increíbles vuelos en negro coronó su última pasada con una Evita de blanco inmaculado, con la banda presidencial. Y Teté repetía las palabras de Dior: "A la única reina que vestí es a Eva Perón".

Más tarde, llegó la minifalda, con el pop Di Tella. La geometría que interpretó Kostüme. Los setenta los coloreó Nadine Zlotogora, con tejidos artesanales, crochet, patchwork, a todo color.

Vero Ivaldi revivió la vuelta a la democracia. Hombros marcados, englobados, y Charly García sinfónico. Mariana Dappiano propuso rock and roll. En 1989 caía el Muro de Berlín, en tanto el Parakultural, Cemento y otros locales nocturnos marcaban tendencia en la Argentina. Pourcel interpretó el camino de los excesos al minimalismo. Y Hermanos Estebecorena retrató de traje y corbata al nuevo empresario de la crisis post 2001, con una buena cuota de humor: el traje, que cada vez quedaba más chico.

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