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Divertida narración de cuentos tradicionales

Los fabulosos Grimm , la nueva propuesta de Gustavo Monje y Giselle Pessaq, es para saborear de principio a fin
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27 de marzo de 2010  

Los fabulosos Grimm. Espectáculo musical para niños, de Gustavo Monje y Giselle Pessaq. Intérpretes: Gustavo Monje y Giselle Pessaq. Asistente en escena, Gabriela Lorenzo. Voz en off, Enrique Pinti. Presentador de radioteatro, Mariano Chiesa. Diseño y realización de vestuario, Alberto Mauri. Realización de títeres, Leticia Cirillo. Diseño de escenografía e iluminación, Magali Acha. Diseño sonoro, Sergio Falcón. Coreografía de apertura, Vanesa García Millán. Preparador Vocal, Marcelo Abramonte. Dirección de los cuentos: Christian Corteza (El pescador y su mujer), Noralih Gago (La niña que quería aprender a tener miedo), Diego Bros (Rapunzel), Mecha Fernández (El rey rana). En el Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, los sábados y domingos a las 16.45. Entradas: $ 25

Nuestra opinión: muy buena

Una voz en off presenta a dos hermanos, Los Fabulosos Grimm, quienes se dedican a difundir los cuentos de sus antepasados, los famosos recopiladores de historias. Como ejemplo, el público verá cuatro cuentos, presentados por separado, con diferentes técnicas narrativas. Estos hermanos narradores (él y ella), interpretados con vigorosa genialidad por Gustavo Monje y Giselle Pessaq, tienen una dinámica realmente notable y su acción sin parar en el escenario relata, con gestos, diálogos breves y mucho humor volcado en lo gestual, las historias conocidas del repertorio de los Grimm, en versiones parodiadas con ingenio.

El espectáculo es regocijante de muchas maneras. Para empezar, las risas de los niños. Frecuentes, espontáneas, acompañadas a veces de "buenos consejos" para los personajes.

Gratifica también el excelente trabajo actoral, impecable en los gestos, sugestivo en la intención, claro, preciso y vertiginoso en las coreografías.

El ritmo, pautado con ajustada celeridad, se resuelve en una síntesis muy exacta de las historias, con el guiño constante a sus diversas intenciones, festejadas también por el público adulto.

La voz de Enrique Pinti parodia narraciones cinematográficas, y le aporta al público exactamente lo necesario para ubicarse en la historia y disfrutar con mayor libertad de las escenas.

La estética de los episodios remite a los años 20, en vestuario y objetos. Esto es especialmente evidente en el uso de la radiofonía para contar el cuento La niña que quería aprender a tener miedo . En este caso la puesta coloca a los actores en el estudio junto al micrófono, acompañados de una muy formal técnica de sonidos con sus pertrechos, que se ubica detrás, discretamente dispuesta a ilustrar con ruidos apropiados la transmisión, cosa que hace con gran entusiasmo del público. Muy acertado el recurso, teniendo en cuenta que la historia narrada supone querer provocar miedo. También se parodia el cine mudo y el vaudeville.

Los cuentos elegidos están abordados esencialmente como relatos, suficientes para esbozar las características de los protagonistas, sin ahondar en contenidos. Parece que aquí se trata especialmente del placer de narrar, del juego, de la parodia, de los guiños del humor, de las ganas de contar y de bailar y reír contando, aprovechando al máximo la magia del teatro. Para saborearla de principio a fin.

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