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Vicios e hipocresías

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3 de abril de 2010  

El cojo y el loco

Por Jaime Bayly

Alfaguara

198 Páginas

$ 49

Como un estridente y violento dueto de payasos malos, Boby el cojo y Pancho el loco, los dos personajes que protagonizan esta última novela del peruano Jaime Bayly (Lima, 1965), son dos parias cuyos destinos se reflejan y parodian uno al otro. Ambos son desperdicios sociales, "basura blanca" de la burguesía limeña; ambos han padecido, en carne propia, desde la infancia, todo tipo de humillaciones y vejámenes, y ambos se han rehecho a sí mismos, transformándose en dos implacables -aunque anodinos- criminales.

Así, estos dos sementales deformes, caricaturas del súper macho latinoamericano, van por la vida impulsados por una lujuria incontrolable, cometiendo toda clase de desmanes sexuales, tratando de redimirse del desprecio y la violencia social mediante la justicia por mano, o mejor dicho, por miembro propio. No obstante, en el fondo, son buenos muchachos, llenos de traumas y prejuicios, absolutamente convencionales y estúpidos.

Vale la pena recalcar que la historia de El cojo y el loco es vaga, difusa o demasiado general; tiene eficacia leída sólo en función del argumento o la intención moral. Más allá de eso, lo que se impone es la voz del narrador, muy versado en "el arte de injuriar", que funciona como un espejo deformante e implacable de los vicios y las hipocresías del mundo representado por los dos personajes. No obstante, debajo de la aparente pobreza de recursos narrativos y verbales, Bayly logra darles nuevo brillo, por dar un ejemplo, a las palabras "loco", "jodido" y "cojo" que se repiten infinitamente, con distintas declinaciones, a lo largo de todo el texto.

Al igual que en sus libros anteriores, la escritura de Bayly se muestra, en El cojo y el loco , muy afilada para la sátira, la ironía y la provocación. Después de haberse ridiculizado a sí mismo y a su entorno más cercano en El canalla sentimental , este autor inclasificable (¿una vedette televisiva con el ingenio cáustico de Ambrose Bierce?) apunta sus cañones contra aquello que -en los vagos y fríos términos de un estudio estadístico- podríamos llamar "la violencia social en las sociedades subdesarrolladas". Porque, de hecho, el cojo y el loco, más que personajes de novela, actúan como reflejos de un imaginario colectivo en donde el ascenso estrepitoso y la no menos estrepitosa caída social son cosa de todos los días.

Quizá porque se ha fogueado en el obtuso cinismo de los medios de comunicación, y porque, además de tener un diestro y lúcido manejo de la lengua, conoce las nimias veleidades y suspicacias del mundillo literario, Jaime Bayly está mejor equipado que nadie para afrontar el desafío que implica escribir desde una posición irreverente o transgresora, en un mundo que hoy ha superado, con creces, cualquier invectiva satírica.

© LA NACION

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