El esperado regreso de la Sinfónica

Nuevamente en el Auditorio de Belgrano, el director de la orquesta habla de la programación del Bicentenario
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5 de abril de 2010  

La noticia referente al ciclo de conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional que se llevará a cabo íntegramente en el Auditorio de Belgrano resulta un hecho destacado de la vida musical de Buenos Aires. Más allá de las bondades de los escenarios para las últimas actuaciones del organismo sinfónico, la Bolsa de Comercio y la Facultad de Derecho, y que ambos recintos, el primero sin duda excelente y acogedor, y el segundo, espacioso e imponente, no alcanzan plenamente a satisfacer las exigencias de una condición acústica equilibrada.

Como el próximo viernes 16, a las 20, tendrá lugar el primer concierto en el Auditorio de Belgrano, para dar comienzo a un ciclo de 21 conciertos, con la sumatoria de cuatro giras regionales por ciudades del interior del país, se entrevistó al titular del organismo, Pedro Ignacio Calderón, a los efectos de hacer un breve análisis de la selección de obras programadas.

–¿Cómo se encuentra frente al desafío de una nueva temporada de la Nacional?

–Nosotros, por fortuna, ahora vivimos un respiro porque tenemos a José Luis Castiñeira de Dios al frente de la Dirección Nacional de Artes, de donde dependemos. ¡Y es un músico! –la expresión de Calderón es de satisfacción–. Por tal razón, comprende nuestra problemática y por eso está haciendo todo lo posible para recuperar las condiciones requeridas para un organismo de esta naturaleza. Por lo pronto, ya se logró tomar nuevamente el Auditorio de Belgrano, sala que después del Colón es, para mí, la mejor que tenemos en Buenos Aires para conciertos.

–¿Cómo evalúa al Auditorio en relación con otras salas especialmente concebidas para la música?

–Sin duda, no es como el Auditorio de San Juan, que acabo de visitar y que es una maravilla. Fíjese que he dirigido en muchas salas de conciertos por el mundo. Muchas bellas, modernas, tradicionales, pero, en verdad, ninguna es como la sanjuanina. Sin duda, es la mejor. Sin embargo, el Auditorio de Belgrano también es muy bueno, básicamente porque ya nos hemos acostumbrado y sabemos cómo hacerla rendir. Estoy muy feliz de retornar a ella.

–¿Se ha pensado en giras al interior?

–Espero, este año, poder llevar a cabo con la Sinfónica un programa de giras, que es una de las obligaciones inherentes a su creación. Por eso, además de sus actuaciones en Buenos Aires, que es su sede natural, llevaremos a cabo un programa de salidas al interior, que serán cuatro en total y abarcarán ciudades donde no hay orquestas así, como otras donde sí las hay.

–¿Por qué ir donde ya hay orquestas?

–La razón es muy sencilla. Muchas de ellas no tienen la cantidad de planta necesaria para abordar ciertos repertorios. Por eso, nosotros podemos ir a tocar un poema sinfónico de los grandes, de Richard Strauss, que con su orquesta no lo pueden hacer, porque no cuentan, por ejemplo, con ocho cornos o con una cuerda abundante. Pero vamos a los lugares donde no hay orquesta, con el fundamento de poder llevar música de todos los estilos y épocas. Por eso hay cuatro proyectos de giras que creo firmemente que podremos cumplir y que será un aporte sumamente importante de actividades de difusión cultural, justamente en el año del Bicentenario.

–En relación con la programación general, se advierte eclecticismo en los estilos y novedades. ¿Es así?

–Precisamente, he querido apuntar a recrear las grandes obras del repertorio sinfónico, ofreciendo algunas obras nuevas o quizá olvidadas. En la programación anunciada incluyo una de las más importantes obras sinfónicas corales, el Salmo 100, de Max Reger, composición maravillosa, de muy difícil ejecución.

–¿Es muy compleja para los coreutas?

–Sí, pero nosotros tenemos al magnífico Coro Polifónico Nacional, y por eso estamos esperanzados en una buena versión de las partes vocales. Claro está que tendrán que estudiar mucho, porque estaremos frente a una obra, según dicen diferentes estudios musicológicos, que se trata de una escritura contrapuntística al modo de Bach, pero con exigencias straussianas y, como si todo eso fuera poco, incluye órgano, como no podía ser de otro modo con Reger, que fue organista [Calderón no puede evitar una risa pícara].

–Llama la atención el agregado de un Réquiem...

–Sí, es una programación mucho mas comprometida. Se trata de una obra muy poco frecuente, nada menos que de Luigi Cherubini y en tonalidad do menor, obra hermosa y realmente sorprendente, porque permite apreciar en la mitad del siglo XVIII ya presente todo el lirismo italiano posterior. Es decir, es una composición religiosa, pero con el aire italiano del bel canto... ¿Sabe una cosa? Me siento feliz con la idea de poder hacerla y porque nuestros melómanos la merecen

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