Suscriptor digital

Bangalore, toda una lección

Eitel H. LaurIa Para LA NACION
(0)
9 de abril de 2010  

El mundo moderno es testigo de la emergencia de centros de excelencia científica y tecnológica de notable nivel y extraordinaria capacidad productiva en ciudades o en pequeñas zonas geográficas inmersas en regiones o países de muy bajo nivel económico y con notorias carencias en diversas áreas del quehacer colectivo. Uno de los ejemplos sobresalientes de tal situación lo brinda el caso de la ciudad de Bangalore, situada en el sur de la India.

Dicha ciudad, integrante del Estado de Karnataka, se ha convertido en el mayor centro de tecnología informática del mundo, particularmente de la tecnología del software. Bangalore es una ciudad con una población cercana a los seis millones de habitantes, que en la actualidad es sede de algunas de las escuelas y centros de investigación de mayor prestigio de la India. Además, están radicadas en Bangalore importantes industrias de ingeniería aeroespacial, telecomunicaciones y tecnología militar. Por su posición como líder nacional de la tecnología informática se la menciona como el Silicon Valley de la India.

En síntesis, Bangalore es un polo tecnológico e industrial que se ha convertido en la metrópolis india de crecimiento más rápido. Algunas cifras avalan dicha afirmación: según datos del año 2007, existen en Bangalore 1850 compañías tecnológicas, que emplean alrededor de medio millón de ingenieros. Sus ingresos eran, en esa misma época, de 23.000 millones de dólares. De continuar el ritmo de crecimiento actual, es posible que esos ingresos se multipliquen varias veces en los años venideros, gracias, en buena medida, a la radicación de filiales de importantes firmas multinacionales, tales cono Infosis y Hewlett Packard, que emplean a muchos miles de profesionales indios.

¿Cuál es la razón que explica la posibilidad de realizar tan importante reclutamiento profesional? El motivo es sencillo, aunque en muchos lugares del mundo no se lo perciba con igual claridad. Dirigentes visionarios del estado de Karnataka advirtieron, desde principios del siglo XX, que el motor del progreso no radicaba en la venta masiva de materias primas, sino en un fuerte impulso a la educación con miras a la formación de una numerosa clase científica y profesional. Los resultados están a la vista: de las universidades indias, muchas de ellas de excelente nivel, egresan por año una multitud de profesionales, entre ellos más de 300.000 ingenieros, que se dedican en su mayoría a la producción, a bajo costo, de programas de computación.

El impacto que ha tenido en la economía de la India el desarrollo de esa importantísima industria del software ha sido extraordinario y ha permitido sacar a más de cien millones de personas de la pobreza. Asimismo, algunas zonas de la India perdieron su anterior condición de zonas degradadas y paupérrimas para convertirse en pueblos y ciudades modernas con un nivel de vida muy superior al que ostentaban con anterioridad. Una prueba que viene al caso esta dada por el hecho de que Bangalore fue la primera ciudad de la India en contar con un servicio público de electricidad. Además, debido a que la ciudad se orientó al desarrollo de la industria y la educación, los pobladores del resto del Estado de Karnataka encontraron oportunidades de trabajo trasladándose a la ciudad de Bangalore, ciudad que experimentó un muy rápido crecimiento durante las últimas décadas. Este crecimiento va usualmente acompañado por el desarrollo de actividades culturales y deportivas antes no pensadas. De ahí, por ejemplo, la difusión y popularidad alcanzadas por la práctica del criquet.

El caso de Bangalore merece ser analizado desde el punto de vista de las posibilidades de desarrollo de la Argentina. A semejanza de la India, la Argentina no es un país de alto nivel en todas las áreas científicas, tecnológicas e industriales, aunque ha sido capaz de alcanzar ese alto nivel en algunas áreas específicas. Tal es el caso del notable desarrollo y la creatividad puestos de manifiesto durante los últimos cincuenta años en materia de energía atómica y nuclear. En virtud de ello, la Argentina se ha ubicado entre los países que acreditan excelencia en el tema, como lo demuestra la trayectoria de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), cuya función principal es la realización de investigaciones y desarrollos en todos los aspectos vinculados con la utilización pacífica de la energía nuclear, con mira s a la obtención de una mejor calidad de la sociedad. Para concretar ese objetivo, la CNEA cuenta con diversos centros de investigación, laboratorios y talleres distribuidos en tres importantes centros atómicos: el Centro Atómico Bariloche, el Centro Atómico Constituyentes y el Centro Atómico Ezeiza. Entre los diversos institutos, laboratorios, bibliotecas y plantas piloto que integran esos centros merece una mención especial el Instituto Balseiro, pionero en la formación de recursos humanos, que ha alcanzado un alto prestigio internacional

En síntesis: la Argentina posee una muy buena capacidad potencial, particularmente en materia de recursos humanos, para concretar resultados de excelencia en áreas científicas y técnicas específicas. Sin embargo, es preciso señalar que la dirigencia argentina no siempre ha captado con suficiente claridad la existencia de esa potencialidad y, en consecuencia, no ha otorgado al tema la prioridad y el apoyo continuo necesarios y suficientes.

© LA NACION

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?