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Marionetas para abrazar y adorar

Pablo Gorlero
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17 de abril de 2010  

Marionetas Orsini . Idea, interpretación, dirección y realización de marionetas: Rubén Orsini. En el IFT, Boulogne-sur-Mer 547. Hoy, a las 21. $ 20.

Nuestra opinión: muy buena

Rubén Orsini es un marionetista y mimo, tal vez más conocido mundialmente por su paso por festivales internacionales que en Buenos Aires. Claro que, en su Rosario natal, lo conocen muy bien. Su arte tiene el preciosismo del gran esteta y el sabor callejero del artista trashumante, una mixtura que le da a su espectáculo un especial halo de belleza.

Aunque algunos de sus personajes son marionetas hechas y derechas, otros permiten que sus formas se fusionen con el cuerpo de quien las manipula. Esa técnica expresionista les da alma y las vuelve tan vivas, tan sensibles como el tipo que las manipula.

Tal vez el espacio escénico del IFT no ayude demasiado, ya que este tipo de espectáculo requiere, aunque sea, un pequeño escenario o tarima. Pero Orsini está ducho en esto de trabajar en cualquier sitio. El mismo es quien manipula, quien acomoda, quien pone o saca la música o mueve y transporta la utilería.

No hay un argumento que unifique a cada uno de sus cuadros, sino una textura que los enlaza. Todos sus personajes están construidos a partir de desperdicios y, tal como él describe, "alguna vez han oído la voz humana". Y es cierto: cada uno de ellos -de lata, de madera, de plástico, etcétera- tiene su propia vida. Orsini encuentra la textura de su espectáculo al encontrarle la pureza a lo oscuro, a lo adverso, a lo terrible.

El comienzo con un monito que saca de una caja y que toca el piano con cada uno de sus deditos tiene una sensibilidad que deja al público emocionado y al borde de la lágrima; su niño-regadera es generador de impulsos; el pequeñín temeroso que puede, pero teme volar es tremendamente hermoso; al igual que el muñeco de hojalata enamorado de su flor; o ese viejo mañoso, tan imbuido de poética en el momento de su ascensión. Uno siente el tremendo impulso de querer correr a abrazar y contener a cada una de esas criaturas.

Ojalá Orsini pueda volver pronto para que muchos más porteños puedan disfrutar de su sensibilidad. Sólo queda la función de hoy.

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