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En kayak, tras los pasos de Fitz Roy y Darwin

Un malvinense afincado en la Patagonia organizó un viaje que recreó parte de la célebre expedición del Beagle, de 1834
Mariela Arias
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26 de abril de 2010  

PUERTO SANTA CRUZ.– En 1834, mientras navegaban los mares del Sur, Robert Fitz Roy y Charles Darwin sufrieron una avería en el Beagle y decidieron varar en una punta que les ofrecía el reparo natural de sus acantilados. Repararon la quilla del barco y, sin saberlo, le dieron nombre a Punta Quilla. Desde allí partió el grupo de kayakistas que recorrió 17 km por el mar, junto a altos acantilados, hasta llegar aquí. A fuerza de pala, hicieron su homenaje a Fitz Roy y a Darwin que tocaron estas costas el 16 de abril de hace 176 años.

La idea de la travesía-homenaje la propuso James Lewis, malvinense de tres generaciones, hoy radicado aquí, desde donde dirige la Secretaría de Turismo, dando a cada sitio de la Patagonia su valor histórico. "Si al paisaje uno le agrega historia, se le suma mucho valor", sostuvo.

Lewis recuerda que el Beagle, capitaneado por Fitz Roy, aprovechó el puerto natural de los acantilados de 130 metros de Punta Quilla, y por la diferencia de aguas de la marea logró crear un puerto seco para reparar la avería del barco. Lo dibujó Conrad Martens, que viajaba a bordo dejando testimonio con su lápiz. "Después de reparar el barco, Fitz Roy, Darwin y un puñado de hombres decidieron remontar el caudaloso río Santa Cruz. El viaje fue agotador, se quedaron sin víveres y decidieron volver", relata Lewis.

Se cree que esa expedición, que fue la primera en remontar el río Santa Cruz, alcanzó las cercanías del paraje Río Bote, sin llegar a ver el Lago Argentino. "A veces, pienso cómo habría cambiado la historia de la Patagonia si en ese viaje hubieran descubierto los lagos, los glaciares y las montañas, y no se hubieran ido con la sensación de que todo era un desierto", se ilusiona James.

Para recordar estos acontecimientos es que Lewis organizó, con la Dirección de Turismo de Puerto Santa Cruz, la travesía a remo del pasado fin de semana. Participaron remeros locales comandados por Alberto Grillo; jóvenes del Club El Delfín de San Julián, con Eddie Walker a la cabeza; Pablo Rosso, intendente del Parque Nacional Monte León, e integrantes de la Fundación Conociendo Nuestra Casa, de Puerto Deseado, con un equipo que incluía a tres mujeres. Antes de la partida, los instructores de Conociendo Nuestra Casa dieron una clínica de eskimo roll , maniobra de autorrescate inventada por los esquimales que permite, con un movimiento coordinado, enderezar un kayak volcado sin abandonarlo.

Con asistencia de la Prefectura, los navegantes, en veinte embarcaciones, partieron a las 10, de Punta Quilla. Durante el trayecto, de poco más de tres horas, los acompañó el buen tiempo y pudieron avistar chorlitos, patos crestones, ostreros y toninas overas.

James también dio una charla sobre la historia local, que se entreteje con la de sus propios abuelos, que poblaron Santa Cruz a finales de 1880. "En 1884, el entonces gobernador del territorio, Carlos Moyano, viajó a Malvinas para buscar colonos; allí se enamoró de una malvinense y cuando cumplió 18 años, le envió el barco Espora a buscarla y se casaron aquí", relata Lewis. En esa época, su abuelo Frank Ushuaia Lewis –primer hombre blanco bautizado en el territorio– llegó desde Malvinas. "En otro viaje se asociaría con un malvinense y comprarían ovejas en Punta Arenas, que arriarían por más de 600 kilómetros hasta llegar a la tierra que les habían asignado", relató Lewis.

Las vicisitudes de la Segunda Guerra Mundial llevarían a su padre, Francisco, a Malvinas, donde conocería a una enfermera inglesa que buscaba olvidar la guerra. Tres años después, nació James Lewis en Puerto Stanley. A sus tres años, él y sus padres regresaron para instalarse definitivamente en el campo de los abuelos. Lewis anticipa a La Nacion que su próximo desafío será unir a pie los 140 km que separan puerto Santa Cruz y puerto San Julián por la costa. Quiere recrear el camino que realizaron los hombres del capitán Serrano, cuando naufragó la Nao Victoria, en mayo de 1520, y volvieron a San Julián a pedir ayuda a Hernando de Magallanes

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