Realismo nórdico

Silvia Hopenhayn Para LA NACION
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28 de abril de 2010  

Vamos a cambiar de cielo. Es una forma de ingresar en la literatura nórdica, la de aquellos países del norte de Europa en los que lo blanco se impone. Nieve y nubes. Páginas para escribir.

Jorge Luis Borges fue asiduo visitante de esas geografías. Y se trajo de ellas unos cuantos personajes para sus cuentos. Recordemos al noruego de "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", llamado Gunnar Erfjord (una combinación de los apellidos de los padres de Norah Lange: Gunnar Lange y Berta Erfjord), al sueco Nils Runeberg, de "Tres versiones de Judas", y al marinero danés que busca Emma Zunz para ejecutar su venganza, deambulando entre los vahos del puerto.

También es conocida la pasión de Borges por las sagas islandesas y por el teósofo y filósofo Emmanuel Swedenborg, un verdadero teórico del cielo, que figura en Historia de la eternidad .

La pasión es mutua. Y viaja a través de la literatura. También los nórdicos -tan lejos, tan cerca- encuentran en nuestro continente (en los paisajes, en las letras) lazos y reminiscencias.

En estos días, acaba de llegar a la Argentina Paraíso en la tierra , del noruego Kjartan Floegstad, publicado por Lengua de Trapo, sello español que desembarca en nuestro país con un atractivo fondo editorial. El libro es un verdadero punto de encuentro, entre el realismo mágico y el realismo del mar Artico, entre la melancolía porteña y la melancolía de los países nórdicos, que siempre está más vinculada con el silencio.

La novela de Floegstad surge de la experiencia del autor en Chile, cuando se encontraba sensibilizado por las esquirlas de la dictadura militar, y el hallazgo de los rastros de un ingeniero noruego en el desierto chileno. En el libro se nos cuenta el viaje de José Andersen, hijo ilegítimo de este ingeniero con una nativa de Calama, a Noruega, patria del padre que nunca conoció, un supuesto paraíso en la tierra. Hay desgarro, exilio y descubrimiento.

La realidad se infiltra en la ficción para darle forma de verdad. Y quizás esto se deba a la poesía, que, según Floegstad, es la Fórmula Uno de la literatura.

Por eso, el realismo mágico, para el autor noruego (ganador de dos premios de la crítica de su país y con alrededor de cuarenta libros publicados), no se relaciona con mujeres que vuelan ni con el archiconocido exotismo latinoamericano. Aquí, la magia está en la lengua. Floegstad se sirve de bellas metáforas palpables: "La boca es una herida que se cura", por ejemplo. O "vi la sonrisa volar como un pájaro por su rostro", o también "luz gris como lana en los ojos".

Es interesante la patria de la literatura. No tiene tiempo ni coordenadas espaciales. Es una nebulosa de palabras que salpica de sentido al mundo. Quizá, por eso, en medio de esta novela, aparece una frase existencial de Evaristo Carriego, inimaginable en un relato de otros mares: "De vez en cuando, sospecho que toda vida humana, no importa lo complicada y entrelazada que haya estado con otros destinos, en realidad gira en torno a un solo instante: el momento en el que el ser humano sabe por fin quién es".

Y eso dura lo que una palabra.

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