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Rutas salvajes

Ignacio de Lucca y Nushi Muntaabski rescatan la naturaleza
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24 de abril de 2010  

Era un Peugeot 504 azul. Manejaba la tía Virginia, un as al volante. El auto no tenía aire acondicionado y entraba viento caliente por el camino del Impenetrable, espesa selva chaqueña. El auto se detuvo y Virginia pidió silencio. Al costado de la ruta de tierra, un túnel de árboles que bloqueaba el cielo, se asomó un aguará guazú. Se quedó mirándonos, como si nunca hubiera cruzado un ser humano, y no entendíamos qué era ese zorro rojo, orejudo, con el hocico como un puñal, de patas flacas y altas. El "zorro grande", tal la traducción del nombre guaraní, se metió en la selva. Cuarenta años después, la imagen persiste en mi memoria. La reactivó una obra de Ignacio de Lucca, que expone sus pinturas en Palatina; muestra un torrente de plantas que baja como un río y abriga a un zorro grande en primer plano, dos más a la derecha y otro a la izquierda. Cuatro de estos animales parecen un exceso si pensamos en su progresiva desaparición. De Lucca nació en 1960 en Misiones, estudió arquitectura en Buenos Aires, fue becario de la Fundación Antorchas y residió en Nueva York entre 2003 y 2006. Su obra describe el paisaje salvaje de su provincia, no el que capta la cámara fotográfica sino el que se está disolviendo en las estadísticas de extinción de especies en peligro: el mono carayá, el coatí, el tucán, el lagarto overo. Se podría hablar del fin de los grandes relatos, según Jean-François Lyotard, del dominio de la naturaleza o de la tensión entre paisajistas modernos y tradicionales de Misiones, pero quien se haya estremecido ante la presencia de un animal salvaje podrá entender las pinturas de Ignacio de Lucca.

En el otro extremo se sitúan las obras de Nushi Muntaabski, con sus objetos de venecita, en Vasari. Es una colección de trofeos de caza; algunos del sur argentino, como un cervatillo, o africanos, como una cebra. También hay escenas minúsculas -un zorro que persigue a un gallo negro, un león que monta a la hembra- y dioramas: una garza que saca su cuello del agua y un conejito entre malezas. Los trofeos de venecita se sitúan entre los recuerdos de infancia de Nushi, acompañante de su padre en excursiones de caza, y su actual labor en una fundación que lucha contra la extinción de especies autóctonas. Hay cierta coincidencia entre los trofeosde caza y los coleccionistas de arte contemporáneo, apunta Nushi, artista multimediática, conocida por sus murales, sus performances y su trabajo como editora de la revista Canecalón, además su columna radial. La muestra se llama Taxidermia, como la novela que está escribiendo. En este contexto, cómo no recordar "Mimoso" (1959), el cuento de Silvina Ocampo que narra la historia del perro embalsamado y la obsesión de su dueña por conservar el afecto más allá de la muerte. Las venecitas les dan a los animales un halo de preciosismo artificial que parece superar la belleza efímera del ser vivo; no hay golpes bajos, ni reprimendas conservacionistas en estas obras. Hay un alerta sobre la extinción causada por la caza ilegal y por el desmonte indiscriminado.

FICHA. Ignacio de Lucca en Palatina (Arroyo 821) hasta el 8 de mayo. Taxidermia , de Nushi Muntaabski , en Vasari (Esmeralda 1357) hasta el 7 de mayo

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