El Cosquín de los abrazos

El encuentro entre Guarany y Cortez dio la nota en la tercera luna del festival.
Gabriel Plaza
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27 de enero de 1999  

COSQUIN.- Este puede llegar a ser recordado como el Cosquín de los abrazos simbólicos. ¿Será el nuevo efecto fin de siglo? Sólo así se pudo comprender la unión sobre el escenario de Alberto Cortez y Horacio Guarany. El cantante de Rancul llegó especialmente de Madrid para brindarle un homenaje al autor de "Si se calla el cantor". El agua y el aceite sobre un mismo escenario o la globalización del canto popular en su máxima expresión.

Más tarde, la peña oficial generaría otro encuentro -sólo de espacio físico- con Mercedes Sosa. Guarany llegó al bastión de la Sosa, donde actúan Claudio, Coqui, María Eugenia Díaz (la nuera de la Negra) y se generaron muchas expectativas. Todos esperaban el encuentro casual, los fotógrafos se colocaban en posiciones estratégicas cerca de la mesa que Mercedes tiene delante del escenario. Ambos se mostraban de buen humor. La tucumana salió varias veces a bailar y muchos comenzaron a fantasear con un posible abrazo reconciliatorio. De hecho, Guarany pasó por delante de la mesa de Mercedes, para presentar a un milonguero, pero no atinó a ningún gesto de acercamiento y todo se diluyó. Aunque para mucha gente en realidad fue un alivio.

La única reunión posible se dio en el escenario Atahualpa Yupanqui. El recital de Guarany, quien recibió el premio Camín de Oro (reconocimiento a la trayectoria que se multiplica cada noche), se interrumpió con la entrada de Alberto Cortez."Gracias por lo que nos enseñaste a los que venimos detrás tuyo. Gracias, hermano del alma", le dijo a Guarany mirando hacia abajo, donde éste estaba parado. Acto seguido, le dedicó tres temas:el clásico "Distancia", un tema inédito que escribió especialmente para el folklorista y "A mis amigos".

Considerando las efusiones vocales de Guarany, la diferencia fue notoria cuando Cortez elevó su voz acompañado de un sutil trío de guitarristas, en el que estaban los reconocidos Juanjo Domínguez y Roberto Calvo. Guarany, atribulado, se quedó parado durante la incursión de su amigo, que al final le terminó regalando un caballo de pura sangre que logró sorprender al músico. Para eso, la gente ya se había puesto de pie y ovacionado a Cortez por varios minutos, hasta que Guarany le dio salida y terminó por rematar su faena acompañado del Chaqueño Palavecino y Alberto Oviedo.

El Potro, que dejó extasiada a su audiencia, renovó la vigencia y el embrujo que mantiene sobre el público. En cada presentación, este viejo lobo de escenarios, "duende cabezón", como lo definió bromeando el propio Cortez, mantiene un extraño misticismo. Sigue enfervorizando al público con sus bromas de subido tono, cautivando a las mujeres maduras con los bailoteos de su vientre y arengando a la masa tradicionalista, que en definitiva mantiene todo el aparato folklórico en funcionamiento.

Fenómeno contradictorio

Para los más jóvenes, el contradictorio Guarany, que pide por los pobres desde sus letras más emblemáticas y es un férreo defensor de la política de Carlos Saúl Menem, se ha transformado en un icono bizarro, caricaturesco, pero atractivo al fin para algunos. En la loca carrera de sus guitarristas y en el crispado vozarrón que eleva hasta el paroxismo, se deja ver como una suerte de cantante punk-telúrico, tan visceral que se salta todas las reglas permitidas de la música.

La jornada que giró en torno de la reunión homenaje contó con otros nombres establecidos, como el dúo de guitarreros formado por Argentino Luna y Carlos Di Fulvio. La diferencia entre uno y otro también fue notable; el segundo cautiva con su fraseo inspirado en la voz y un clima sereno para cada canción.

También apareció Hugo Giménez Agüero, un prócer para la gente del otro lado del río Colorado. El cantante patagónico mostró el sonido del Sur con canciones que no se salieron del cauce tradicional.

Por suerte, el festival amasa algún nuevo heredero rebelde que no coincide con la actitud paternalista de Cosquín, que se suele imponer. Lo dijo el propio Chango Farías Gómez en estas páginas:"Hay muchos chicos nuevos que en realidad sólo hacen lo que les dicen los grandes". No faltaron exponentes de un "folklore joven" teledirigido que resbala en los vicios del género, como en el caso de Amboé, que profesionalmente no exhibe fisuras con su chamamé alegre y exagerado. O chicos tentados a mostrarse como solistas capaces de entretener con baladas, chacareras o sayas, y levantar a la gente de sus butacas, a fuerza de palmitas y otras sugerencias.

Hubo sutiles diferencias entre Lionel Pacheco, con garganta y tradición familiar de folkloristas en sus venas, pero con un repertorio desparejo, y Luciano Pereyra, joven promesa de su sello discográfico, que lo ve como una nueva gallina de los huevos de oro en el futuro, con todo lo que incide tal estrategia en las canciones elegidas para mostrarse. Por ahora, le sobra para ganarse al público y acreditarse títulos, como el de Consagración de Jesús María.

Lejos de la rutina

Por suerte, los dos ganadores del Pre-Cosquín se animaron a hacer lo menos aconsejable y romper con la lógica coscoína. Sin grandes anuncios, el grupo instrumental Cosecha de Agosto y María Soledad Gamboa se revelaron como alentadoras propuestas y dejaron con ganas de más.

El primero mostró su inventiva en arreglos sutiles para la chacarera "Del 55", y la ganadora del premio Mujeres del 2000 salió a quebrar el clima chispeante y "divertido" con la profunda vidala "Te´i vuelto a ver", acompañada de su bombo. A los dos no les hizo falta más para mostrar cómo se pueden oxigenar los ritmos populares, perdiéndole el respeto al monstruo del escenario mayor y sin preocuparse por el qué dirán.

Apostillas

El sábado se realizará un homenaje a Atahualpa Yupanqui en el escenario que lleva su nombre en la plaza Próspero Molina. Del tributo participarán el grupo vocal Santaires, Laura Albarracín y el dúo Coplanacu. Con la dirección del guitarrista Roberto Calvo, se interpretarán fragmentos entrelazados de "La pobrecita", "La olvidada", "Los ejes de mi carreta", "Tú que puedes, vuélvete", "Cachilo dormido", "Luna tucumana" y "Chacarera de las piedras". Los músicos elegidos por la Fundación Atahualpa Yupanqui, que dirige su hijo Roberto Chavero, fueron convocados por su trabajo y desarrollo de la obra yupanquina.

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En plena efervescencia festivalera se hizo un alto para recordar a José Luis Cabezas, asesinado hace dos años en Pinamar. Se realizaron dos actos, cortos y sencillos, impulsados por el círculo sindical de la prensa de Córdoba. El primero fue por la tarde, donde participaron Gerardo Romano, César Isella (estaba anunciada Mercedes Sosa, pero finalmente no pudo asistir) y un nutrido grupo de personas, que se reunieron para el homenaje en la calle más céntrica de la ciudad. Allí se leyó el documento "Dos años, sin respuestas", en el cual se reclama el total esclarecimiento del hecho. Por la noche, en medio del festival, Julio Mahárbiz pidió un minuto de silencio en memoria de Cabezas.

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Cosquín quiere ser patrimonio cultural de la humanidad. El lunes último se firmó un acuerdo entre la Universidad Nacional de Córdoba, que integra la asociación Forum Unesco, y el intendente de Cosquín, Walter Constanzo. Los estudiantes de la entidad cordobesa se encuentran documentando el patrimonio cultural de la ciudad y buscando las sesenta mil firmas necesarias para apoyar este proyecto popular.

Motivos

No fue casual que Alberto Cortez haya aceptado viajar hasta Cosquín para acompañar a Horacio Guarany apenas en un tema. El hombre de Rancul no quiso faltar al tributo que en el festival se le ofreció al creador de "Puerto de Santa Cruz", en virtud de la amistad que los une desde los tiempos en que Guarany se instaló en Madrid, durante su exilio.

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