Inolvidable Lavandera

Gran concierto del pianista para la apertura de Festivales Musicales
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5 de mayo de 2010  

Recital de Horacio Lavandera . Programa en homenaje a Frédéric Chopin (1810-1849). Apertura del ciclo Festivales Musicales de Buenos Aires 2010. Teatro Coliseo.

Nuestra opinión: Excelente

El recital ofrecido por Horacio Lavandera fue superlativo. A partir de una maravillosa selección de páginas del ilustre creador polaco que conformó el programa original, hasta los generosos agregados del mismo Chopin que se sumaron ante el aplauso del público, provocaron la sensación de haber asistido a una experiencia de jerarquía artística. Sucede que el Nocturno O p. 9 Nº 2 inicial provocó en contados instantes un sobresalto, una sorpresa insospechada. Del noble piano surgió un sonido de refinada delicadeza como hacía tiempo no se escuchaba. Por eso se pensó que acaso era producto del primer contacto con el público.

Pero no. A renglón seguido, los dos grandes valses brillantes, el Op. 18 y el Op. 34 Nº 1 se valoraron por la misma exquisitez; es más, con una emoción espiritual difícil de explicar en palabras. Al placer de percibir una digitación sin mácula, se sumó el recuerdo de los escasos registros grabados del rumano inmortal Dinu Lipatti. La célebre Polonesa Nº 6 Heroica O p. 53 permitió a Lavandera lucir toda su capacidad de músico y de ser humano que ama al piano. Es que su versión fue rigurosa en el mantenimiento del ritmo interno y en las variables expresivas, pero eso sí, descartando por completo las sonoridades ampulosas tan en boga en los últimos años y con ello hubo ausencia de efectismos, de notas golpeadas, de un piano que sufre.

Polonia natal

La primera parte del programa concluyó con una estupenda versión de la Balada Nº 1 en Sol menor, O p. 23, una composición significativa que conlleva con sus originales sonoridades de claros y oscuros el probable deseo de intentar un lejano homenaje al pueblo de su Polonia natal. Lavandera, con aplomo y sabiduría, ofreció una versión sobria, contenida y, al mismo tiempo, rica en el logro de una expresión de la nostalgia y vacío espiritual que pudo haber padecido el compositor.

Luego de la pausa se escuchó el Scherzo Nº 2 , partitura que dejó evaluar a un artista plenamente consustanciado con el clima exuberante y rebelde que anida en esos pentagramas, traducidos por el pianista de un modo sencillamente riguroso en cuanto a la expresión. Aquí el intérprete con mayor rigor evitó caer en tan común manera de encarar las expansiones sonoras y los detalles de un romanticismo exagerado en la línea expresiva, básicamente, en las páginas conclusivas de la composición. En esos acordes ascendentes y cataratas de sonidos, su lectura se mantuvo contenida y nada aparatosa, lo que provocó un renovado placer.

Por último, llegó la Sonata Nº 2 O p. 35, aquella que en el movimiento lento desarrolla su famosa Marcha fúnebre, que, según parece, Chopin había esbozado con anterioridad a su encuentro con George Sand, cuando ya estaba sumido en profunda tristeza. La versión resultó estupenda por la intensidad contenida de la expresión, pero también por la claridad conceptual de Lavandera en mantenerse firme en su óptica de no buscar el golpe de efecto sonoro. En este sentido, y de alguna manera reafirmando las virtudes que se escucharon en cuanto al sonido del pianista, queda la realidad de que el piano no requirió en la pausa la intervención del técnico-afinador que lo atiende. Es que no hubo necesidad. El interprete esta vez y dentro de la mejor tradición acarició el teclado.

Como el público con su habitual solvencia y buen olfato apreció perfectamente esa hoy en día poco habitual virtud, estalló un caluroso aplauso y con ello, el agregado generoso de varias obras fuera de programa, entre ellas el hermoso Nocturno en Do menor , el famoso estudio Revolucionario y la deslumbrante Fantasía Impromptu .

En definitiva, un recital con varios triunfadores: Chopin y la vigencia inmortal de su música; Lavandera por su exquisita musicalidad y criterio interpretativo; el afinador por su idoneidad profesional; el piano por su nobleza, y la entidad organizadora por su brillante apertura de temporada.

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