Científicos argentinos hallan en Egipto restos del siglo VIIa.C.

Península del Sinaí: una misión de arqueólogos encontró dos grandes edificios industriales mediante métodos geofísicos.
Jorge Rouillon
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31 de enero de 1999  

Una misión arqueológica argentina descubrió en la península del Sinaí dos grandes edificios industriales de siete siglos antes de Cristo.

La novedad de esta misión fue el uso de métodos geofísicos que permiten tomar una especie de "tomografía" de lo que hay bajo la superficie.

Se trata de un gradiómetro de Flux, que mide el campo magnético en la superficie, y de un resistivímetro, que mide la resistividad del suelo por medio de electrodos.

Así, unos cimientos de piedra, una pared de adobe o un piso de fogones pueden ser detectados antes de comenzar la excavación del terreno.

Estas técnicas habían sido usadas en Egipto desde 1996 por polacos, ingleses y alemanes, pero en 1998 las empleó por primera vez la misión argentina, en su cuarta campaña anual a Tell-El-Ghaba, una zona arenosa distante unos 15 kilómetros del canal de Suez y otro tanto del mar Mediterráneo.

La misión trabajó allí de septiembre a diciembre de 1998 y fue encabezada por la doctora Perla Fuscaldo, egiptóloga, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La delegación estuvo compuesta por 17 especialistas argentinos, a quienes acompañaron tres fotógrafos que dejan constancia de cada una de las piezas encontradas.

¿Quién financia el proyecto? Tres organismos oficiales: la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y Ubacyt (un programa de la UBA). Pero se recurrió también a patrocinadores privados.

El gradiómetro de Flux-gate, diseñado en Inglaterra, fue donado por la doctora Elsa Rosenvasser Feher, en memoria de su padre, Abraham Rosenvasser, el fundador de los estudios de egiptología en la Argentina.

Un mapa magnético

El sitio excavado se encuentra al borde del Delta oriental del Nilo, sobre el antiguo Camino de Horus, que unía Egipto con Israel y las ciudades arameas de Siria.

Como es una zona políticamente conflictiva -estuvo ocupada previamente por Israel-, los arqueólogos no pueden sacar allí fotografías aéreas.

Y a simple vista no hay indicios de dónde se hallan los restos de casas o fortificaciones antiguas. Sólo se ve arena con una vegetación escasa.

Por eso cobra importancia el uso de los nuevos métodos para definir el lugar de una excavación.

Los viejos muros de adobe con una composición de conchilla tienen una susceptibilidad magnética diferente del suelo que los circunda y así, con el gradiómetro es posible trazar un mapa del subsuelo antes de comenzar el trabajo.

La expedición argentina encontró dos edificios de entre fines del siglo VII y comienzos del VI antes de Cristo. Por la cercanía de la napa de agua, esas construcciones no tenían pilotes como cimientos sino estructuras macizas horizontales -llamadas casamatas- que contienen espacios vacíos rellenados con arena. Uno de esos edificios mide 22 metros por 20, con un muro exterior de dos metros de ancho. El uso industrial se deduce del hallazgo de hornos para fabricar cerámica y de escoria de metal.

La doctora Fuscaldo comentó a La Nación que se encontró más de un centenar de piezas de cerámica hecha localmente y también otra importada, lo que da idea de los contactos comerciales que el antiguo Egipto tenía con Chipre y con toda la cuenca del Mediterráneo oriental.

Estas investigaciones fueron iniciadas en 1995 y se están haciendo con celeridad porque la zona puede verse afectada en el futuro por la construcción del Canal de la Paz, que llevará agua para irrigación desde el Nilo hasta la frontera con el territorio palestino.

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