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Pescetti, un conocedor de los codigos actuales

En Mamá, quiero bis, el showman despliega su habitual humor y su inteligente comunicación con la platea
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5 de junio de 2010  

Mamá, quiero bis , por Luis Pescetti, con Sebastián Monk, teclados; Martín Telechanski, guitarra, y Diego Pojomovski, bajo. En el Metropolitan, Corrientes 1343. Los sábados y domingos, a las 17. Entrada: 30 pesos.

Nuestra opinión : Muy buena

Luis Pescetti es un showman por excelencia. Arma el espectáculo sobre la base de sus canciones, pero constantemente las interrumpe. Intercala comentarios y chistes, retoma el tema, vuelve a cortar la música, le habla a alguien en particular del público, sigue con la canción, propone que los espectadores se paren y le revuelvan el pelo a su vecino, llega al acorde final.

El recital se convierte así en una suerte de hipertexto, en el que los vínculos entre fragmentos diversos se establecen aparentemente en un orden aleatorio, que responde sin embargo a una singular lucidez conceptual. Pescetti maneja los códigos comunicacionales de la cultura contemporánea para establecer una relación de complicidad estrecha con su público. Pero lo hace con una percepción aguda de lo que ocurre en la platea, lo que le permite, por ejemplo, detener todo el fervor para dedicarle una canción a una niña en la segunda fila, a ella en exclusiva. Y no es una formalidad, sino que genera un momento intimista en el show que la niña seguramente guardará por largo tiempo en su memoria.

Y vuelta a las canciones compartidas con todos, sus clásicos como "Vampiro negro" y también temas nuevos, con sus letras políticamente incorrectas. "Tengo mal comportamiento, no lo puedo evitar...", canta en son de blues, pero también polemiza desde el escenario con el eminente crítico literario Harold Bloom, quien denostó la serie Harry Potter : "Yo leí Harry Potter y me gustó... qué suerte que Harold Bloom no hace el plan de lectura". Los chicos -y los no tan chicos- celebran el desparpajo, cantan a coro la marcha del vampiro nacido en incubadora, juegan con el miedo -se sabe, es la mejor forma de conjurarlo-, se ríen de y con sus padres, se ríen de sí mismos.

Trovador de guitarra en mano, Pescetti se rodeó en Mamá, quiero bis de una banda que le brinda un eficaz acompañamiento musical. También le ofrece al show un soporte escénico, de muda gestualidad, particularmente jugada en el caso del tecladista Sebastián Monk, un músico que también supo componer temas para niños con una poética sorprendente. Martín Telechanski lleva con su guitarra la batuta musical del grupo, y Diego Pojomovski aporta no sólo el bajo eléctrico, sino también el contrabajo para enriquecer la base instrumental sobre la que se desarrollan las canciones.

Viajero

Pero volvamos a Pescetti, dueño absoluto del escenario por un fin de semana más, antes de viajar invitado a un castillo medieval alemán, sede de la Biblioteca Internacional para Niños, en Munich, una entidad que incluyó ya tres de los libros del cantautor (y escritor) en la prestigiosa lista anual White Ravens de los recomendados de la literatura infantil mundial. A la vuelta, ya en agosto y en septiembre, llevará su show a Rosario y a Mar del Plata, para salir luego a Bogotá y a México, donde tiene un público ganado por largos años de residencia.

En todos estos escenarios apelará a partir del denominador común del humor -como en toda su producción multimedial- a una infancia que no requiere ser tratada con algodones edulcorados para sentirse interpelada en sus cuerdas más auténticas, algo que desencadena una alegría francamente compartida.

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