Signos de un amor enfermo

Laura Cardona
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12 de junio de 2010  

Los daños materiales

Por Matilde Sánchez

Alfaguara

316 páginas

$ 55

¿Por qué someterse y sostenerse en una relación enferma que corroe, denigra y destruye? ¿Cómo se comienza, se insiste, cómo se sale finalmente y se sobrevive, a la espera de que por fin llegue el desapego y la sanación?

Los daños materiales, la última y magnífica novela de Matilde Sánchez, narra este proceso de una manera "cruenta, injuriosa y sexual". Bajo la forma de una carta escrita por la protagonista a su ex amante Víctor Dayan (y "por elevación, a toda la humanidad") para denunciarlo y difamarlo públicamente, es, al mismo tiempo, una "novela negra, un thriller psicológico, un documental dirigido por un psiquiatra greco-argentino para ser presentado en una cátedra de psiquiatría". Además de este linchamiento amoroso y público, la narradora planea una venganza privada para resarcirse de los daños materiales y morales de esa aberración amorosa.

La historia comienza como cualquier otra: se conocen por casualidad, él la llama un mes más tarde y se encuentran en un bar. Ella tiene hijas mellizas adolescentes, está separada y quiere divertirse. Adivina de inmediato que él está casado y aburrido. En efecto, su mujer parece no oponer resistencias a las innumerables aventuras de su infiel marido, un miserable que sabe ser divertido y encantador, culto o muy vulgar. Desde un principio, la narradora detecta que todo en Víctor responde a un estereotipo, que su seducción está destinada no a ella sino al mundo. De la observación inicial de su rostro bifronte, con perfiles notoriamente diferentes, fariseo ("aquel que tiene muchas caras"), toda una fisonomía que descifra su carácter, se olvida. No atiende a su intuición y se lanza a una relación de la que cree estar siempre distanciada; sin embargo, se abisma y se destina a los daños materiales.

El primer encuentro, patrón de los siguientes, menos un acto sexual que un hecho de violencia, contiene escenas exageradas y circenses; la mujer es derribada, tumbada no exactamente contra su voluntad aunque sin su colaboración ni entusiasmo. La historia profundizará la pasividad y el sometimiento de la narradora y la creciente manipulación psicótica de Víctor, cuya verdadera pasión es anular al otro. Víctor no selecciona, elige a cualquier mujer pues todo está centrado en él, un depredador sexual cuyo miembro debe ser "la sortija más manoseada de las calesitas argentinas", según su hermana -exceso que confirma que la lengua erótica se elabora no sólo en el lenguaje articulado sino en el de las imágenes-. "La desgracia es un fenómeno sencillo y uno mismo se lo trabaja", afirma la narradora, víctima ideal porque "a ella los hombres siempre la pudieron". Víctor le creció como un quiste malo, la avasalló y ella se obsesionó, soportó placeres paradójicos, oprobiosos; sin estar enamorada, se volvió adicta a su constancia a lo largo de dos años y medio. Nunca dejaban de ser un trío: la esposa, la amante y una legión de alternadoras. Ella era una impar, el lado más corto del triángulo. Ella era la peor de las enfermas: impar por arrogancia.

La construcción de la historia y de los caracteres se nutre también de las intervenciones del doctor Stephanides, especialista en el tema de los amantes psicóticos, los triángulos amorosos y los impares, y coordinador de los grupos terapéuticos de rehabilitación en los que participa la narradora.

Especie de amour fou que sobrepasa todos los límites, con dosis de masoquismo y sadismo, con abundancia de maltrato físico (al que alude el título) y acoso psicológico, con pasos de comedia, desplegado en un interior (el departamento palermitano de la narradora) y en una geografía urbana recortada, con una pormenorizada y precisa construcción de los perfiles y patologías de los personajes, Los daños materiales interviene con inteligencia y eficacia la narrativa de los amores enfermos. Fue Daniel Link quien afirmó: "Nadie (en nuestra generación) escribe tan bien como Matilde". La prosa imperiosa de su última novela, el modo en que se narra la historia, corroboran con plenitud esa aseveración.

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