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Un viaje en el tiempo

En el selvático oriente boliviano se encuentran las misiones de Chiquitos, pueblos vivos protegidos por la Unesco que reafirman su identidad y tradición a través de la música
Fabiana Scherer
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20 de junio de 2010  

SANTA CRUZ DE LA SIERRA, Bolivia.- "Una puerta a la vida." Eso dice Francisco Paz Rocha, el muchacho de 19 años que reconoce haber encontrado en la música un refugio, un espacio donde le es posible mirar hacia el futuro. Francisco es el menor de ocho hermanos y nació en Santa Ana, uno de los pueblos que forma parte de la Chiquitania boliviana, una región que está más cerca del Amazonas brasileño que del Altiplano de Evo Morales. Tierras que fueron testigos del primer choque entre el conquistador español y el indígena de estos suelos teñidos de un profundo carmesí, que enmarcados por un sinfín de verdes resumen 76 años de evangelización (1691-1767), huellas de aquel experimento sociocultural impulsado por la Compañía de Jesús y que hoy sigue latente como hace más de 300 años, con sus iglesias, sus tradiciones y su fe inquebrantable. Pueblos vivos protegidos por la Unesco desde 1990 como Patrimonio de la Humanidad (ver recuadro). Un patrimonio que revalorizó su identidad cultural tras el hallazgo de más de 5000 partituras de música compuesta por sacerdotes europeos y por indígenas de la zona. Un cruce cultural que se mantiene intacto y que florece con cada edición del Festival de Música Renacentista y Barroca Americana Misiones de Chiquitos. Fue en uno de estos conciertos organizados por la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC) que Francisco dijo: "Quiero hacer música".

Quienes recuerdan La misión , aquella película de Roland Joffé de 1986, de la cual buena parte se filmó en las cataratas del Iguazú, no dudan en citarla cada vez que pisan y son testigos de los encuentros musicales que se realizan en las iglesias levantadas por los jesuitas y que, hoy restauradas, mantienen intacto su espíritu misionero (ver aparte). "No hay duda de que esta música ha sido y puede ser el instrumento de evangelización -asegura el sacerdote del Verbo Divino, musicólogo e investigador polaco Piotr Nawrot, responsable de la transcripción de la mayor parte del Archivo Musical de Chiquitos-. La religión junto con el arte puede ofrecer una excelente calidad de vida porque se trata de una experiencia de unidad, de paz, de contacto, de comunicación con el otro, capaz de elevar el pensamiento humano."

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La imagen de Jeremy Irons como el padre Gabriel en La misión no es tan lejana. Allí está en plena evangelización, en medio de la selva, con una flauta, dispuesto a relacionarse con esos hombres salvajes. La música se convierte en el nexo, en el punto de encuentro para estas dos culturas. "Un maestro me dijo que el arte te convierte en mejor persona", reflexiona Matías Vivot, joven músico argentino que está a cargo de la dirección de la Orquesta Municipal de San José de Chiquitos. "La música ayudó a estos chicos a relacionarse con mayor sensibilidad y profundidad con el mundo que los rodea, además de asumir un compromiso con ellos mismos y con los otros", añadió.

Francisco se siente privilegiado y también orgulloso al poder tocar diversas partituras en el histórico órgano sobreviviente del período de las misiones. Sus pies se deslizan sobre los pedales y sus dedos golpean cada una de las 45 teclas hechas de madera para que la música se apodere por completo del lugar y uno tenga la sensación de que el tiempo parece haberse detenido.

"Cuando terminé el secundario estaba decidido a estudiar música, pero lamentablemente no se enseña esta carrera en la universidad estatal de Santa Cruz, la pujante capital económica del país, y en las privadas ya no se otorgan becas, así que me metí en Turismo."

-¿Por qué turismo?

-Para tener una salida laboral que me permita volver a mi pueblo y así enseñar la riqueza de Chiquitos. Con la ayuda de APAC estoy estudiando piano. Quiero volver y seguir tocando el órgano de la iglesia.

"El arte es para la gente de la Chiquitania una vía de inclusión social -reconoce Cecilia Kenning de Mansilla, presidenta de APAC-, y por eso la música se convierte en una opción de vida. El que logra vislumbrar este camino se aferra con esfuerzo y suma dedicación."

Caminos rojos y serpenteantes, un paisaje que se repite en los pueblos que hoy intentan convivir con sus tradiciones y la vida moderna impuesta por el hombre blanco.

"Todavía queda mucho camino por recorrer -asegura Christian Roth, hijo del emblemático arquitecto suizo Hans Roth, que se encargó de dirigir las restauraciones de los templos-. Aún hoy, los indígenas siguen siendo explotados y tratados despectivamente por el hombre blanco, además de ser víctimas de la pobreza (la esperanza de vida oscila entre los 45 y 50 años); por eso es tan importante que se involucren con sus tradiciones y las revaloricen. En los últimos años se incluyó en algunas escuelas y en iglesias la lengua chiquitana, que está en peligro de perderse." En esa búsqueda por encontrar y defender su identidad, cada pueblo recuperó el uso de su tradicional camisa, la misma que describió en 1744 el padre Martin Schmid (constructor, arquitecto y músico suizo, que fue uno de los protagonistas del proceso de evangelización) en una carta a su hermano Franz: "La ropa de los indígenas es de algodón, y es solamente una camisa sin cuello, sin dobleces y estrecha como una bolsa de granos". En este proceso de revalorización cultural la camisa se transformó en todo un símbolo y cada pueblo diseñó en ellas las filigranas jesuíticas de los templos.

"Nací en Santa Ana y voy a morir en Santa Ana", es lo primero que dice Januario Sorioco, como si se tratase de un apostolado. Emociona ver su rostro, que, curtido por el paso del tiempo y el castigo del sol, se desliza hacia el violín que sostiene como si fuera una joya. "Tengo 77 años. Nací el 17 de octubre de 1932 y a los cuarenta empecé a tocar. Toco de oído. Para mí, la música lo es todo. ¿Qué más puedo pedir? Yo tengo paz.

Recuperar valor e identidad

"Después de que expulsaron a los misioneros (1768) todos estos pueblos quedaron a la merced de los españoles. Fueron devastados, saqueados y olvidados -analiza Milton Villavicencio, uno de los hombres que acompañó al arquitecto Hans Roth en el trabajo de restauración-. Cuando a mediados de los 70 se iniciaron los trabajos, el pueblo se despertó. Sabían que no iban a desaparecer como tantas otras iglesias y aldeas."

El trabajo se realizó con la misma gente del pueblo. "La habilidad por la pintura y el tallado en madera es innata en los lugareños, como una herencia escrita en el cuerpo. Lo mismo pasa con la música -reconoce Villavicencio- la capacidad está, sólo hay que saber sacarla; por eso lamento el poco interés puesto por el gobierno nacional en esta región. Evo Morales gobierna más para el Altiplano, para los sindicatos, para los cocacoleros y tristemente el Oriente está siendo marginado."

En la actualidad los talleres en los que se trabajó mientras se hizo la restauración funcionan como escuelas de formación. Allí los jóvenes tienen la posibilidad de aprender el tallado de madera, pintura y artesanías varias.

En concomitancia con la restauración de los templos, el arquitecto Hans Roth y el Obispo Antonio Eduardo Boesl fomentaron la clasificación y restauración del archivo musical, que encontraron en algunos cabildos indígenas, más concretamente en Santa Ana y San Rafael. Entre los autores, además de compositores jesuitas e indígenas anónimos, se hallaron obras de Doménico Zipoli, Martín Schmid, Julían Knogler, Franz Brentner, Julián Vargas, Bartolomé Massa, Arcangelo Corelli y Nicola Calandro. Se trata de misas, salmos, motetes, cantos religiosos, óperas en español y chiquitano, música instrumental de cámara y para teclado. Los textos están escritos en latín, chiquitano, guaraní, español e italiano.

"Buena parte de los grupos de música antigua, tanto europeos como americanos, han incluido en su repertorio piezas del archivo de Chiquitos, gracias al intenso trabajo del padre Piotr Nawrot, que consiguió transcribir buena parte de estas obras -asegura Marcelo Araúz Lavandenz, director del festival-. Pero sin duda lo que más nos llena de orgullo es que el mismo pueblo chiquitano está dispuesto a recuperar su identidad."

Un lugar en el mundo

A 240 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, se encuentra la zona de Chiquitania, cuyo nombre se debe a la forma de las viviendas, semisubterráneas, a las que se accedía por aberturas bajas y angostas que obligaban a agacharse para entrar y salir. Región boscosa y de serranías limitadas por tres ríos: el Pilcomayo, al Sur; el Paraguay, al Este, y El Grande, al Oeste. Lugar de tierra roja en donde se alzan las iglesias de las misiones jesuíticas de Chiquitos construidas entre los siglos XVI y XVII. Los templos que fueron erigidos en el estilo barroco mestizo se encuentran dispersos en un área de 300 kilómetros.

San Xavier. Es la más antigua de las misiones y la puerta de entrada a Chiquitos. Fue la primera reducción fundada por los jesuitas en 1691 y sede de una escuela de música y de un taller para la fabricación de instrumentos. La iglesia fue construida entre 1749 y 1752 por el padre Martin Schmid y restaurada íntegramente en 1987 por el arquitecto suizo Hans Roth.

Concepción. Esta misión se fundó en 1708 y está a 58 kilómetros de San Xavier. El conjunto misional construido por el padre Martin Schmid, entre 1753 y 1756, debe su aspecto actual a la reconstrucción dirigida por Roth en 1975. En este pueblo se encuentra el archivo musical y el museo de Chiquitania.

San Ignacio de Velasco. El padre Miguel Streiger fundó en 1748 la nueva San Ignacio. Su iglesia, catedral del Obispado de San Ignacio, fue destruida y sustituida por un templo del que sólo se conservan obras originales que adornan el interior, como el púlpito y los confesionarios.

San Miguel. Este pueblo nació como una colonia de San Rafael, donde se había acumulado demasiada población. La reducción jesuítica, fundada en 1721, reunía a varias tribus indígenas y fue una de las más prósperas. Su iglesia debió ser completamente restaurada. En la zona se hallan varios talleres artesanales que trabajan en su mayoría en el tallado de madera.

Santa Ana de Velasco. Fue una de las últimas misiones chiquitanas, al ser fundada en 1755, sólo doce años antes de la expulsión de los jesuitas por el misionero padre Julián Nogler. La iglesia fue construida luego de la expulsión de los jesuitas en 1767 por los indígenas que utilizaron los materiales ya fabricados. La población no supera los 300 habitantes.

San Rafael. Fue establecida en 1696. Este pueblo se considera célebre por la valentía con que combatió las incursiones de los mamelucos paulistas, que se acercaban a las reducciones para esclavizar a sus habitantes. Este templo fue el primero que construyó el padre Schmid y su interior resplandece por la mica que multiplica los reflejos sobre las paredes laterales.

San José de Chiquitos. Su iglesia es la única en la región que fue construida en piedra por la ausencia de los altos árboles utilizados en los otros templos misionales para las grandes columnas de la fachada. La presencia de depósitos de piedra laja y cal motivó, en gran parte, la decisión de los misioneros. Hoy San José es un pueblo comercial, sobre la línea férrea que une Santa Cruz de la Sierra con Puerto Suárez, en la frontera con Brasil.

En la Argentina

San Ignacio de Loyola es la iglesia más antigua de Buenos Aires. Fue construida hace 300 años por los jesuitas. Este año, en noviembre, se realizará el V Festival de Música Antigua y Barroco Iberoamericano.

Más información:

www.sanignaciodeloyola.org.ar

http://festivalsanignacio.weebly.com

Más datos

www.festivalesapac.com

http://chiquitos.santacruz.gov.bo

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