Tres muertes que dividen a Bariloche

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
Los disturbios pusieron al descubierto las dos caras de la ciudad; cerrarán la comisaría 28a., donde comenzaron los incidentes
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20 de junio de 2010  

SAN CARLOS DE BARILOCHE.– Las dos caras de una ciudad emblema del turismo quedaron muy expuestas ayer. Un día después de la explosión de violencia en el centro cívico, la comercial calle Mitre recuperó su postal tranquila.

Ayer, además, se abrieron las pistas de esquí. A pocos minutos de allí, cuesta arriba en el terreno, el espejo social devolvió el reverso de la imagen. Dos tumbas se abrieron al mediodía para adolescentes de 15 y 17 años.

La noche se iluminó de nuevo con fogatas de protesta por las tres muertes en choques con la policía. Y el obispo local, Fernando Maletti, sintetizó esa dicotomía de sensaciones: "Bariloche es una ciudad muy esquizofrénica".

En una entrevista con La Nacion, el obispo Maletti aseguró que esta ruptura de la paz social se debe a las desproporcionadas desigualdades que se viven aquí.

"Hay una clara zona de tres, cuatro o cinco estrellas a la que llegan todos los servicios y las inversiones; pero a pocas cuadras se ve la miseria y el frío en barrios que crecieron en forma inorgánica. Hay un sistema perverso en el que se privilegian las inversiones inmobiliarias por sobre los problemas sociales", aseguró.

Y agregó: "Siento mucha vergüenza, esto tiene que servir como escarmiento para todos".

En conversaciones naturales con vecinos del centro y de lo que se denomina "el alto" surge la desconfianza con que se observa uno y otro sector social.

Los incidentes pusieron en acción latentes mecanismos mentales de autodefensa. Mientras una parte de la sociedad clama por la presencia de la Gendarmería para restablecer el orden, otra grita por la salida de toda representación uniformada del Estado por considerarla represiva. Por ahora se llegó a un punto intermedio entre posiciones extremas.

Peticiones y negociaciones

La secretaria de Derechos Humanos de Río Negro, Gladys Cofré, tuvo que imponer su presencia para conseguir peticiones concretas y realizables durante una asamblea de organizaciones sociales y políticas que corría riesgo de empantanarse en teóricas discusiones sobre las funciones del Estado provincial y Nación.

Esas organizaciones exigían la renuncia del gobernador de Río Negro, el radical Miguel Saiz, que, a modo de respuesta, llamó a no politizar el conflicto.

Dos pedidos, en cambio, fueron claros y las autoridades accedieron: fueron liberados los once detenidos en los enfrentamientos del viernes y se cerrará la comisaría 28a., centro de los disturbios centrales.

Esa sede policial está a pocos metros de la casa de Diego Bonafoi, el joven de 15 años cuya muerte detonó el jueves un estallido de furia colectiva. Barrio humilde, de construcciones de cemento y monoblocks de pocos pisos, al que los vecinos de la zona comercial rotulan como peligroso. No llega a los niveles precarios de los asentamientos en la región metropolitana, pero es evidente la distancia socioeconómica con relación a barrios cercanos.

Bonafoi murió en una confusa situación durante un procedimiento policial. Fue enterrado ayer en el cementerio situado a sólo 300 metros de la comisaría 28a. Entre las lápidas estaban aún esparcidas las postas de balas de goma usadas durante las refriegas posteriores a esa muerte.

Difícil solución

Un policía está detenido por ese crimen y será indagado en los próximos días por el juez Martín Lozada. Ese arresto inmediato, la apertura de una investigación por las otras dos muertes, la liberación de los detenidos, el pase a disponibilidad de varios policías y el retiro de las fuerzas antitumultos, descomprimieron algo la situación. El problema de fondo será más complejo de solucionar.

"Hay que darle a los jóvenes el lugar que se merecen. Mejorar la educación, construir gimnasios que sirvan para la contención de los chicos. Bariloche y el turismo no necesitan esconder a los pobres", comentó el obispo Maletti.

Mientras las fuerzas sociales de la ciudad y las autoridades políticas multiplicaban ayer sus reuniones para salir de la sorpresa, la voz del obispo disparó el aviso: "Tres muertos cambian totalmente el escenario. Hay un antes y un después. La marca va a quedar por mucho tiempo".

Un estallido social con tantas muertes tiene pocos antecedentes. Por cuestiones diferentes, pero con similar resultado, se dio un suceso así en 2001 en el pueblo salteño de General Mosconi. Paradojas del destino, también ocurrió en los momentos previos al Día del Padre. Tres familias no lo festejarán aquí.

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