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A un siglo del Abrazo del Estrecho

Rosendo Fraga
Rosendo Fraga PARA LA NACION
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16 de febrero de 1999  

Un siglo atrás se encontraban por primera vez los presidentes de Chile y la Argentina.

Julio Argentino Roca asume por segunda vez la presidencia el 12 de octubre de 1898, en un clima de tensión con Chile y el riesgo de un conflicto bélico por los territorios de la Puna de Atacama. En los días siguientes, una intensa gestión diplomática logra que delegados de los dos países se reúnan en Buenos Aires para encontrar una solución. Pero, además, Roca percibe la necesidad de producir un gesto político que vaya más allá del acuerdo. En noviembre de 1898, dispone realizar un viaje a los territorios patagónicos. En una de las frecuentes visitas que hace al encargado de negocios Matías Errázuriz (primo del presidente chileno), propone la posibilidad de entrevistarse con el presidente Federico Errázuriz Echaurren en la ciudad de Punta Arenas.

Rumbo al Sur El mandatario chileno encarga transmitir la respuesta positiva a Ernesto de Putrón, designado nuevo ministro en Buenos Aires. Acordado el encuentro, el 20 de enero Roca toma el tren en Buenos Aires para dirigirse a Bahía Blanca, donde se embarca en el acorazado Belgrano rumbo al Sur. Lo acompaña el ministro de Marina, comodoro Martín Rivadavia, al mando del buque insignia, y los diputados Bartolomé de Vedia, Julián Martínez, Eleazar Garzón y Benito Carrasco, además de sus secretarios, edecanes y ayudantes. En el crucero liviano Patria embarcan los corresponsales de los diarios.

Después de visitar las construcciones del Puerto Militar (actual Puerto Belgrano), los buques levan anclas y en la noche del 23 de enero se encuentran en Puerto Madryn. Roca desembarca y visita varias localidades y colonias. Es el primer viaje a la Patagonia que realiza un presidente en ejercicio.

La pequeña escuadra sigue navegando hacia el Sur y a la salida del golfo Nuevo se le unen la fragata Sarmiento, buque-escuela argentino que hacía su viaje inaugural, y el transporte Chaco, que traía al ministro de Relaciones Exteriores, Amancio Alcorta. En los días siguientes y hasta el 30 de enero, Roca y su comitiva visitan Puerto Santa Cruz y Río Gallegos. La escuadra entra luego en el canal de Beagle, para ir a dar fondo frente a Ushuaia. Luego de una navegación con tiempo achubascado, fondean en Punta Arenas a las 2 de la tarde del 15 de febrero.

Encuentro Roca-Errázuriz

En ese puerto espera una escuadra chilena compuesta por el crucero acorazado O´Higgins, que lleva la insignia presidencial, a bordo del cual se encuentra Federico Errázuriz, y los cruceros livianos Zenteno y Errázuriz y el transporte Angamos. Integran la comitiva chilena los ministros de Relaciones Exteriores, Ventura Blanco Viel; de Guerra y Marina, Carlos Concha Subercasseaux; de Justicia e Instrucción Pública, Carlos Palacios Zapata, además del director de la Armada, vicealmirante Jorge Montt, ex presidente de la República.

Cuando los buques chilenos ven llegar a los argentinos, dan las salvas, tras lo cual el presidente chileno envía una delegación a saludar a su colega argentino y a ofrecerle su visita. Pero Roca decide ir él primero y se embarca en la falúa de gala, acompañado de los ministros Rivadavia y Alcorta. Cuando sube la escala del O´Higgins, la banda está tocando el Himno Nacional argentino y, sobre cubierta, aguarda Errázuriz.

Concluida la ejecución de los himnos, los presidentes presentan a los integrantes de sus respectivas comitivas y pasan a la cámara del almirante, donde tienen su primer diálogo a solas. Después Errázuriz devuelve la visita en el Belgrano.

La paz como medio y fin

La reunión más importante tiene lugar en la noche del 16 de febrero, a bordo del O´Higgins. Ambas comitivas participan a pleno de un gran banquete. En el brindis, Errázuriz dice: "La paz, siempre benéfica, es fecunda entre naciones vecinas y hermanas, armoniza sus intereses materiales y políticos, estimula su progreso, da vigor a sus esfuerzos, hace más íntimos sus vínculos sociales y contribuye a la solución amistosa de sus dificultades y conflictos. La paz es un don de la Divina Providencia".

Roca contesta: "La paz, como medio y como fin de civilización y engrandecimiento es, en verdad, un don de la Divina Providencia, pero es también un supremo deber moral y práctico para las naciones que tenemos el deber de gobernar. Pienso, pues, como el señor presidente de Chile y confundo mis sentimientos y mis deseos con los suyos, como se confunden en estos momentos las notas de nuestros himnos, las salvas de nuestros cañones y las aspiraciones de nuestras almas".

El sábado 18, por la mañana, las dos comitivas se separan. El encuentro ha creado un clima que permitirá en los días sucesivos la solución del conflicto de la Puna de Atacama. Cristián Zegers y Ariztía, en el libro Argentina-Chile. 100 años de encuentros presidenciales, afirma: "El nuevo escenario impactó favorablemente a las naciones europeas -el cambio subió instantáneamente en Londres- y el Papa, notificado por el arzobispo de Santiago de que « se han alejado de nosotros los peligros [...] con mutuas amenazas de guerra», manifestó su alegría, a través del cardenal Rampolla, por haberse asegurado la paz".

El último conflicto

Este mismo clima de distensión y cooperación servirá en 1901 y 1902 (ya Errázuriz ha sido sucedido por Germán Riesco) para encontrar soluciones pacíficas cuando los dos países volvieron a encontrarse al borde de la guerra. Roca había demostrado que su vocación de paz era genuina y los sectores chilenos que buscaban la paz pasaron a tener un argumento consistente en la actitud asumida por el presidente argentino.

A un siglo de aquel primer encuentro, la reunión de los presidentes Frei y Menem, que lo conmemora en momentos en que las dos naciones cierran su último conflicto limítrofe, permite augurar una nueva y promisoria etapa en la histórica relación entre Chile y la Argentina.

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