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Ismael Serrano: entre la memoria y el éxito

En Madrid, La Nación comprobó el raro fenómeno que tiene al joven cantautor como protagonista:con un repertorio testimonial, es seguido por sus fans como si fuera una estrella del pop
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16 de febrero de 1999  

MADRID.- "En España, definirse como cantautor es para algunos un desprestigio. Pero si Víctor Jara, Serrat o Joaquín Sabina son cantautores, a mí no me puede molestar ese término", asegura Ismael Serrano, la demostración práctica de que este género sigue gozando de buena salud.

No es una frase que el cantante de 24 años, nacido en el barrio de Vallecas, en las cercanías de Madrid, haya dicho por primera vez. Pero ahora lo sostiene con el respaldo de los cien mil ejemplares vendidos, sólo en España, de su segundo disco, "La memoria de los peces", y las dos funciones a lleno total que realizó en el Palacio de los Congresos, de esta ciudad, para presentarlo en vivo.

Con un cóctel de canciones de amor, crónicas urbanas y una iconografía progresista que invoca nombres como los del Subcomandante Marcos , las Madres de Plaza de mayo, Violeta Parra y Julio Cortázar, Serrano retoma el sendero de los cantantes y poetas españoles y latinoamericanos.

La Nación asistió a la primera de las dos funciones de presentación del disco con fanáticos que corearon cada uno de los temas y que confirman que esta temática, aparentemente demodée, sigue siendo convocante.

Un público heterogéneo (treintañeros, veinteañeros y hasta adolescentes de no más de 13 años) conformó la audiencia del cantautor, que le dio al encuentro un clima que por momentos correspondía más al de un recital de un cantante pop que al de un músico con las inquietudes de Serrano.

También en la Argentina

Esta es una situación paradójica que también se reprodujo en la Argentina con su primer disco, "Atrapados en azul". Vendió más de diez mil ejemplares con su tema de difusión ("Papá, cuéntame otra vez"), en el que habla del Mayo Francés y del Che Guevara, pero conquistando también a la audiencia femenina propia de los cantantes melódicos.

Serrano, vestido con la camisa negra y el jean con el que subirá a escena por segunda noche consecutiva al Palacio de los Congresos, se planta contra la visión reduccionista que -afirma- se hace de su generación: "En este país se subestima demasiado a la juventud. Hay gente que está mucho más sorprendida que yo de lo bien que van las cosas. Muchos analizan a la juventud y piensan que sólo quiere divertirse. Y no es así. Lo que define a mi generación es que es muy heterogénea y que está muy informada, también. Al igual que existe esa juventud pasatista a la que no le interesa nada, hay gente con inquietudes a la que le gustan los cantautores y otras cosas que van más allá. Esos augurios de sociólogos eminentes sobre una juventud perdida e idiotizada la verdad es que me cabrean bastante".

De todas formas, Serrano también se apura en aclarar que la temática social no es lo único que le interesa: "No es algo que me obsesione, yo no canto desde la nostalgia ni desde el rencor -se ataja-; pero sí me preocupa el hecho de que se tergiverse la historia".

Y ofrece como ejemplo la detención del ex dictador chileno Augusto Pinochet. "Aquí, un fiscal general llegó a cuestionar si realmente aquello fue un genocidio -comenta con sincera indigna-ción-. Muchas veces se eleva a la categoría de artífices de la libertad a gente que realmente no lo fue."

Contra la amnesia

Serrano tituló su disco "La memoria de los peces" porque, según cuenta, "una vez alguien me dijo que los peces no tienen memoria, que en apenas unos segundos olvidan lo que han vivido momentos antes. A veces la memoria de los hombres me recuerda a la de los peces".

Por esta razón considera necesario "mirar para atrás, para ver qué es lo que ha sucedido y, sobre todo, para no cometer los mismos errores, no caer. Lo dice la canción del bando vencido: ¿"Cómo quieres ganar la batalla que ellos perdieron si no les escuchas?"".

Serrano atribuye el origen de esta especie de amnesia a "un fallo generacional con mis padres, en el sentido de que desconocemos nuestra historia reciente. Hice esta canción cuando se murieron mis dos abuelos y me di cuenta de que no conocía nada de sus vidas. Qué les había pasado. Y la guerra para ellos tuvo que ser terrible. Debió de zarandear sus vidas muchísimo. Sin embargo, no sabía qué les había pasado ni cómo vivieron aquello. Me di cuenta de que por parte de mi generación esto ocurre bastante. Incluso hay gente más joven que yo que no sabe quién fue Franco. Y no por una cuestión de rencor, simplemente por no saber que esto es consecuencia de todo aquello".

El Palacio de los Congresos estalla en una ovación cuando Serrano, guitarra en mano, sale con su grupo de piano, guitarra, bajo, batería y percusión al escenario para iniciar el espectáculo con "El último trago", de la mexicana Chavela Vargas. Después repasará cada uno de los temas de su CD con un perfecto coro de 2500 personas que sabe cada una de las estrofas de sus canciones.

Canción con todos

"Creo que, aun a riesgo de sonar cursi, lo más bonito que le puede pasar a un cantautor es que las canciones dejen de ser suyas", reconoce Serrano. "El hecho de que el resto de las personas cante una canción tuya es emocionante. Es compartir un mismo sentimiento. Creo que uno canta, entre otras cosas, para sentirse menos solo. Y ver que hay gente que canta contigo quiere decir que comparte tus mismas inquietudes, quiere decir que uno no está solo."

Cantar es una terapia que le permite mantenerse "cuerdo", dice Serrano. Esta terapia incluye cantar sobre todas aquellas cosas que lo emocionan: "Las sentimentales, pero también las tragedias y luchas ajenas".

Esto incluye a las Madres de Plaza de Mayo, para quienes escribió la canción "Ya quisiera yo". "Hay que asumir las tragedias y las luchas ajenas, porque también te pueden afectar a ti, como decía el Bertolt Brecht", recuerda.

Siempre con su tono grave y cordial, Serrano quiere evitar los encasillamientos:"Lo que sucede -arriesga- es que no me pedirían tantas explicaciones sobre el contenido de las canciones si no hiciera poesía de contenido social. Pero los cantautores siempre tuvieron esas inquietudes, parecía que se pierden un poco y yo simplemente las rescato... o simplemente me surgen".

Debate cantado

MADRID (De un enviado especial).- El día que Ismael Serrano presentaba aquí "La memoria de los peces", el suplemento Tentaciones del diario español El País dedicó un extenso artículo a otro de los nuevos compositores populares de este país, Pedro Guerra, y publicó una nota que polemiza sobre los nuevos cantautores. Allí, Jordi Turtós, autor del libro "Cantautores en España", arriesga que Guerra, Rosana y colegas más jóvenes, como Serrano, Tonxu y Ella Baila Sola, no son cantautores. "Desaparecieron hace 20 años, disueltos por la transición y bombardeados por la OTAN. Ahora son simplemente artistas pop, más o menos dignos, brillantes y ocurrentes, pero nada más", afirma.

Turtós, en verdad, dispara sobre el sostenido apoyo de las compañías discográficas a estos artistas y al impensado éxito de ventas que lograron en cuatro años.

Mientras la controversia continúa, cantautores de pura cepa como Víctor Manuel o Serrat bendijeron la aparición de la nueva camada que está tomando la posta.

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