Por Tania, el tango quedó sin palabras

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19 de febrero de 1999  

Anteanoche, mientras dormía, falleció la legendaria Tania.

"Murió a causa de un proceso de envejecimiento. No tuvo ninguna enfermedad en particular, sino que anoche se durmió tranquilamente y se fue", dijo Noemí, apoderada y amiga personal de Tania.

Ya descansa al lado de Discepolín, de quien fuera su esposa, su compañera y su musa inspiradora. En este momento, en que se trata de destacar sus condiciones artísticas, la figura de Tania, nacida Ana Luciano Divis, mantiene esa aureola enigmática que la distinguió en vida.

Es difícil confirmar la edad de Tania, quien, celebración de por medio, declaró 98 años, mientras que otras fuentes afirman que ya había superado largamente el centenario. Este será un secreto que mantendrá Tania, tal como lo hizo en vida.

"Para qué voy a decir mi verdadera edad -solía decir desde hace más de dos décadas-, si igual van a decir que tengo más de cien años, o que vine con Colón."

De cualquier forma, éste es un pequeño detalle. Otro detalle que cabe señalar es su condición de artista. Tania era cantante de profesión y "decidora", como ella se definía, de la música ciudadana porteña. Pero no fue esta actividad la que le otorgó un lugar en el imaginario porteño. No porque no tuviera valores, sino porque su condición de mujer de Enrique Santos Discépolo, y más tarde, de viuda del autor de "Cambalache", la proyectó más allá de sus valores artísticos. Así la veneraba el público porteño, que la consideró una gran figura del tango y una permanente historiadora de la vida y la obra de Discepolín.

Importada de Toledo

Había nacido en Toledo, España, un 13 de octubre, y era hija de un militar. A los 12 años, para emular a su hermana mayor, que era cantante de opereta, decidió aprender canto y baile. Ya a los 18 tenía su compañía de varieté, donde se presentaba como La Lucianito. Su nombre fue cambiando en la medida en que aumentaba su actividad: Tania Visdi, luego Tania Mexican.

A los 24 años arribó al puerto de Buenos Aires junto con la Troupe Ibérica que iba a actuar en el teatro Casino. Nunca más se fue y, al recorrer las calles porteñas, se fue sintiendo simplemente Tania.

Las tonadillas y las canciones eran todo su repertorio, hasta que en una gira por Brasil se animó a cantar "Fumando espero". El éxito que alcanzó la trajo de nuevo a Buenos Aires y supo aplicar su tono de voz, que incluía sones españoles, a las implacables exigencias del dos por cuatro. Una noche, en el Follies Bergére, después de interpretar "Esta noche me emborracho", conoció al autor del tango. Supo más tarde que Discepolín, movido por la curiosidad, tenía interés en escuchar cómo esa "gallega" entonaba sus estrofas.

Más tarde, por iniciativa de José Razzano, fueron presentados y así comenzaron una relación afectiva y artística que los iba a mantener unidos hasta la muerte del poeta del tango, en 1951.

"Me gustó -reconoció Tania- porque era diferente de los ricachones que poblaban las noches de champagne y caviar de los cabarets. Eso no quiere decir que no nos diéramos nuestros gustos. Vivíamos como millonarios, porque nos gastábamos todo lo que ganábamos."

En el cine y el teatro

El matrimonio con Enrique Santos Discépolo benefició su carrera, que se extendió al cine y al teatro.

Llegó a filmar tres películas: "El pobre Pérez", de Luis César Amadori; "Cuatro corazones", y "Caprichosa y millonaria", ambas dirigidas por Enrique Santos Discépolo. En teatro, trabajó en las obras que organizaba su marido: "La Perrichona", "Mis canciones 1932", "Wunder Bar", "Winter Garden" y "Blum".

Después de la muerte de Discepolín, y sintiéndose despreciada por la militancia peronista que compartía con su esposo, comenzó una extensa gira por Europa y América latina que la mantuvo alejada hasta 1959, fecha en la que volvió para inaugurar un local tanguero en la calle Libertad, casi Córdoba, al que denominó Cambalache. Allí alternaba tareas de presentadora y cantante, actividades que sólo dejaba para actuar en La Botica del Angel, de Eduardo Bergara Leumann, y en El Erizo Incandescente, de Luis Diego Pedreira.

Su presencia se fue haciendo casi infaltable en todo evento tanguero e incluso llegó a participar en "Mi Buenos Aires de entonces", que se realizó durante varios años en el Teatro de la Ribera.

En 1973, decidió registrar sus memorias en un libro que escribió Jorge Miguel Couselo, y siguió apareciendo en los espectáculos teatrales y televisivos donde el tango era el protagonista. Era una figura obligada y nunca negó su voz para "decir" los tangos de Discepolín, especialmente "Cambalache", que siempre le pareció que reflejaba la realidad actual. Recibió reconocimientos y condecoraciones, y ella siguió adelante, sin detenerse.

El año último, cuando dijo celebrar los 98, Tania recibió la visita de muchos de sus amigos. "Mi hobby siempre fue el mismo: recibir visitas. Me encantan las charlas hasta tarde, el whiskicito y la picada. Esa es la vida", reconoció en una entrevista.

"No estemos tristes"

Su restos fueron inhumados ayer en el panteón de Sadaic de la Chacarita. En esa oportunidad, Bergara Leumann dijo: "No estemos tristes; se fue como quería, en un sueño".

Tania no pudo ver el 1º de enero del 2000, oportunidad en la que había prometido "tirar el almanaque por la ventana". Se fue con el siglo XX, Cambalache.

En el recuerdo

  • Osvaldo Miranda (actor): "Para mí, su muerte no fue inesperada, ¿sabe cuántos años tenía? 105. Hace ya un tiempo no quería que la viera. La última vez que nos encontramos fue cuando vino al ensayo de "Hoy ensayo hoy" para anunciar que no podía estar en la obra porque se iba a París a recibir un premio. Tania era un milagro, comía con whisky todos los días revuelto de huevos con panceta. No se cuidaba y nunca le dolía nada. El recuerdo más lindo que tengo de ella está relacionado con el día de la muerte de Discépolo. Ese día me llamó su secretario para avisarme que estaba mal. Lo fui a ver y murió, no en mis brazos como la gente dice, sino que sólo pudo apretar mi mano en silencio hasta que se murió. Tuve que darle la noticia a Tania, me abrazó y me dijo gracias. Muchos se preguntan si Tania fue realmente la musa inspiradora de Discepolín y yo le puedo contestar que lo de ellos empezó como una gran pasión y terminó como un gran amor".
  • Eduardo Bergara Leumann (creador de La Botica del Angel y realizador de La Botica del Tango): "La sigo viendo, hoy como ayer, colocándose las pestañas postizas y el chal para actuar. En esos momentos me decía: "Nunca quieras mal, porque la vida es muy corta. Pensá cosas lindas. Yo nunca he querido ni odiado mucho; he tenido equilibrio y he disfrutado mucho de la vida". Así la voy a recordar. En los últimos tiempos, cada vez que conversábamos me decía: "¿Cuándo vas a abrir la Botica del Angel, que yo quiero cantar?""
  • Mariano Mores (compositor de tangos con Discépolo, como "Uno", "Cafetín de Buenos Aires"): "Hoy, para Discépolo, es una felicidad tenerla a Tania al lado nuevamente".
  • Carmen Barbieri (actriz): "Vivió muy bien y por tanto la recuerdo con alegría y sin llantos. Discépolo la amaba tanto que para él era la mujer más bella del mundo y cuando pensaba en un espectáculo, pensaba en Tania".
  • Dorys del Valle (actriz): "Supo ser feliz Y disfrutar de las cosas que la vida le dio. Y le dio mucho. La recuerdo con una sonrisa y cantando, porque ella era un canto a la vida".
  • Enrique Cadícamo (autor de tangos): "Fue una gran luchadora. Su gran mérito fue que, aun siendo extranjera, se dedicó al tango y encontró allí una magia similar a la que vivió en su Toledo natal. La conocí cuando ella bailaba en el boliche Folies Bergére, de la calle Cerrito. Desde esa época nos hicimos amigos. Fue una gran admiradora y difusora de la obra de Discépolo".
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